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Venezuela: dialogando, y con el mazo dando

La oposición no renuncia a las protestas y el oficialismo continúa deteniendo a militares y civiles “golpistas”. Militares, el remedio y la enfermedad del poder.

En los prolegómenos de la segunda jornada de diálogo en Venezuela, esta vez con la participación como veedor del canciller de Brasil, en nombre de Unasur, Luis Alberto Figueiredo, una y otra parte involucrada se pusieron condiciones a través de la prensa.

El primer encuentro, como lo evaluamos, fue un rejunte de reproches. Un diálogo entre sordos: hablaron –y mucho, seis horas- pero sin que el interlocutor se diera por notificado de los pedidos, acusaciones o preguntas. Así y todo, gobierno y oposición venezolanos sacaron cada uno su tajada.

Un hecho importante es que aunque ellos no se escucharon, sí lo hizo la sociedad a través de la cadena nacional. La emisión televisiva tuvo un alto rating: un culebrón enredado con 41 muertos en su haber y 650 heridos desde febrero. Al respecto, vale el dato publicado por El Universal: la TV abierta tuvo un encendido de 41 por ciento de los televisores, con un pico de 1.800.000 aparatos encendidos cuando habló el secretario de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) Ramón Aveledo y un poco menos cuando le siguió el canciller Elías Jaua. El resto de los oradores no generaron una expectativa similar.

La mesa, servida otra vez

Este martes, se llega al segundo encuentro con un estudiante secuestrado y asesinado y con la periodista de Globovisión Nairobi Pinto (foto)felizmente en libertad y a salvo, tras una semana de secuestro. Pero además, con el pedido del alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez (uno de los anfitriones de hoy junto al vicepresidente Jorge Arreaza) de que el MUD, previo a reunirse, “excluya a los violentos de sus filas”.

Julio Borges, diputado del mismo partido que el opositor dialoguista Herique Capriles (“Primero Justicia”) anticipó que las protestas no se levantarán “porque complementan al diálogo”.

Los opositores pidieron tres cosas y una ya fue rechazada: la de desactivar y quitarles las armas a “los colectivos”, milicias populares al servicio del chavismo. Este martes exigirán que se trate sí o sí la posibilidad de una amnistía a opositores. Y quedará pendiente el pedido de que Maduro reciba a los estudiantes.

Mientras que el propio Nicolás Maduro, al celebrar un año de su triunfo electoral, detuvo a 30 militares a quienes acusa de complotar contra el estado de derecho, como ya se hizo antes con otros tres altos jefes militares.

La pata militar

Desde diciembre hasta ahora, en MDZ hemos analizado en al menos siete artículos la situación que, en forma subterránea, viven los militares venezolanos.

Hay malestar y se lo negó hasta que en marzo pasado Maduro ordenó la detención de tres altos jefes bajo cargos de “conspiración”. Los generales de la aviación Oswaldo Hernández Sánchez, José Machillanda Díaz (foto, arriba) y Carlos Millán Yaguaracuto fueron imputados por el fiscal militar 3° de Caracas, capitán (Ejército), Elías Placencia Mondragón, la semana pasada, por los delitos de instigación a la rebelión y contra el decoro militar.

Ahora se informó en torno a la detención de otros 30 militares de diverso rango que habrían estado preparando un complot para derrocar a Nicolás Maduro.

Lo que se desconoce es si la presunta intentona militar abrevó intestinamente en la “revolución bolivariana” o boen en alguna de las múltiples opciones existentes en la convulsionada Venezuela, entre ellas, asociados a la oposición.

Hasta ahora, los dardos del chavismo apuntaron al sector más intransigente de la vereda de enfrente: el ex alcalde de El Chacao, Leopoldo López, que sigue en prisión y la diputada María Corina Machado, a quien destituyeron en un trámite express de su banca en la Asamblea Nacional. Ambos se oponen al diálogo al que el MUD sí accedió.

Pero las vertientes militares son muchas en Venezuela desde que se decidió su involucramiento en la política partidaria. Pueden reconocerse diferentes frentes y ya en diciembre dábamos cuenta del testimonio de militares en Caracas a MDZ que indicaban que “hay una sublevación en los cuarteles” que se evidencian con pintadas en los baños y muros escondidos de cada uno de ellos.

El 5 de marzo, 20 días antes de la detención de los tres altos jefes militares, MDZ dio cuenta de una medida que buscaba condicionar, seleccionar y dejar en evidencia a los uniformados: la obligatoriedad de colocar un estandarte e color rojo en cada dependencia militar con la efigie de Hugo Chávez.

Para tomar esa medida, el gobierno de Maduro debió contar con información en torno a escisiones dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, a la que obliga a adherir a la revolución y tomar parte de la vida partidaria del PSUV (el Partido Socialista Unido de Venezuela). La medida es lo suficientemente simbólica, extrema y definitoria como para sondear la lealtad al Gobierno y al partido de cada cuartel militar a lo largo y ancho de Venezuela.

Pero en diciembre informamos de otro tipo de alzamiento: el promovido por el “compadre” de Hugo Chávez, el Gral. Raúl Isaías Baduel desde la cárcel. Ex ministro de Defensa de Chávez y compañero en el germen del “bolivarianismo”, como uno de los juramentados en el Samán de Güere en 1982, con el que se creó el “Movimiento Revolucionario Bolivariano 200”, con Chávez como líder.

Baduel representa a los militares nacionalistas que se oponen al vínculo con Cuba. Apuesta a que el PSUV sustituya a Maduro, genere un gobierno interino y convoque a una actualización constitucional. Allí –según le hizo llegar a MDZ su opinión- pretende presentarse a elecciones como candidato presidencial.

Pero en ese momento (diciembre de 2013 en que publicamos la especie) una fuente de la Asamblea Nacional de Venezuela sostuvo que “a Baduel le conviene sufrir la cárcel y mostrarse como un mártir del ´régimen´. Ese es su capital político. Igual que lo que le pasó a Chávez”.

Hay más. Hay muchos chavistas que no se sienten representados por el “madurismo” en las fuerzas militares y hay ex militares que ejercen e poder en gobernaciones, que llegaron vía chavista y que se sientan hoy en día con la oposición, como Henry Falcón.

El remedio y la enfermedad

Sin Chávez, con poco capital político propio y mucha presión interna del presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, entre otros, Maduro entregó su gobierno a los militares, buscando inocular contra el golpismo a su gestión poniendo a los uniformados en todos los puestos claves.

“Este –nos dijo un referente de la sociedad civil organizada de Caracas- es un gobierno militar típico latinoamericano: autoritario y pretenciosamente autodenominado ´democrático´, solo porque votamos de vez en cuando”.

Es probablemente la inclusión de los uniformados en esos puestos lo que sumió a los militares en una interminable interna. Y lo que es peor: que se sientan cada vez más cerca de conquistar todo el poder junto.