El complicado banquete de Estado para el "soltero" Hollande
Los vericuetos alrededor de la visita de Francoise Hollande a Estados Unidos, sin su ahora ex esposa. Cómo agasajarlo, a quién sentarle a su lado...
No es, de lejos, el primer banquete de Estado que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, organiza para un mandatario de visita en la Casa Blanca. Pero el ágape que este martes ofrece a su colega francés, François Hollande, tiene una complicación añadida a un evento de por sí ya protocolarmente complejo: la reciente soltería del presidente galo.
Desde su llegada a Washington en la tarde del lunes, tanto Obama como Hollande han tratado de ignorar la cuestión que ha copado titulares desde que pocas semanas antes de la esperada visita a Washington se conociera la ruptura de Hollande con su pareja, la periodista Valérie Trierweiler, a causa de un presunto "affaire" del presidente con la actriz Julie Gayet.
"Très français", "muy francés", bromean algunos medios locales, que recordaban estos días que Hollande no es el primer presidente galo que rompe su relación antes de visitar Washington: ya pasó con su predecesor, Nicolas Sarkozy, quien en 2007 anunció su divorcio de su entonces esposa Cecilia tres semanas antes de ser recibido por George W. Bush y su esposa Laura, aunque en esa ocasión no era una visita de Estado de tanto rigor protocolario como la de ahora.
Pero por mucho que no se hable del tema -y hasta ahora han conseguido que nadie mencione siquiera a la ex pareja de Hollande, ni siquiera en la rueda de prensa conjunta que dieron tras su reunión del martes- éste se hará patente más que nunca cuando la pareja presidencial estadounidense reciba, engalanada hasta más no poder, a su invitado de honor a las puertas de la Casa Blanca.
Como dicta el estricto protocolo de una cena de Estado, el máximo honor en Estados Unidos para un gobernante visitante, los Obama recibirán a Hollande en el "pórtico norte", la entrada principal de la Casa Blanca, ante cientos de cámaras y flashes que dejarán en evidencia el número impar de los congregados.
Algo que volverá a ser inmortalizado cuando juntos vuelvan a posar para la "foto oficial", antes de dirigirse a la carpa montada en los jardines de la residencia presidencial para dar suficiente espacio a los más de 300 invitados al evento, incluido el actor Bradley Cooper.
Allí, buena parte de las miradas se dirigirán a la silla junto a Hollande habitualmente reservada para la primera dama visitante. ¿Quién la ocupará ahora? Esa es una de las preguntas más formuladas, en voz alta o en murmullos, durante los últimos días en Washington.
Y es una respuesta que ha dado más de un quebradero de cabeza a una Casa Blanca ya de por sí estresada con la primera cena de Estado que ofrece en casi dos años.
Según reportaba "The New York Times" el fin de semana, la Casa Blanca ha tenido que ponderar desde a quién sienta junto al soltero presidente galo hasta revisar si el entretenimiento previsto para la velada -a cargo de la cantante de R&B Mary J. Blige- era el más apropiado. Es más, la Casa Blanca tuvo que mandar a imprimir de nuevo las cuidadosamente -y lujosamente, cabría decir- invitaciones al banquete para eliminar de ellas el nombre de la primera dama francesa que ahora será la gran protagonista, aunque ausente, del evento.
Todo ello, para colmo, en honor de un presidente francés, cuyo país es el símbolo mundial de la "alta cocina".
Consciente de ello, en su rueda de prensa conjunta, Obama bromeó hoy al respecto al recordar que durante la Cumbre de la OTAN que se celebró en su ciudad, Chicago, en 2012, ya trató de convencerlo para que probara uno de los típicos perritos calientes. E hizo referencia al primer viaje de Hollande a Estados Unidos, como estudiante hace cuatro décadas.
"Entiendo que recorrió nuestro país estudiando la industria de la comida rápida (...) ahora regresa como presidente de Francia. Y Michelle y yo ansiamos invitarlo a una cena de Estado con un tipo de comida estadounidense diferente", agregó.
Y diferente sí que será: el menú adelantado por la Casa Blanca prevé una selección de "exquisiteces de todo Estados Unidos", desde caviar oriundo de Illinois a "12 variedades de patatas de granjas de Nueva York, Idaho y California".
No faltarán un buen filete de res de Colorado y verduras de la huerta que la primera dama ha cultivado en los jardines de la Casa Blanca, toda una tradición ya de estas cenas oficiales, así como un postre a base de chocolate amargo de Hawaii, donde nació Obama. Quien se quede con hambre, podrá continuar tras la cena degustando galletas de lavanda o algodón de azúcar con aroma de naranja.
Un menú con el que Obama podrá añadir otra expresión a su -como él reconoce- escaso repertorio francés: "Bon appetit", aunque sea para un solo comensal.
Algo que volverá a ser inmortalizado cuando juntos vuelvan a posar para la "foto oficial", antes de dirigirse a la carpa montada en los jardines de la residencia presidencial para dar suficiente espacio a los más de 300 invitados al evento, incluido el actor Bradley Cooper.
Allí, buena parte de las miradas se dirigirán a la silla junto a Hollande habitualmente reservada para la primera dama visitante. ¿Quién la ocupará ahora? Esa es una de las preguntas más formuladas, en voz alta o en murmullos, durante los últimos días en Washington.
Y es una respuesta que ha dado más de un quebradero de cabeza a una Casa Blanca ya de por sí estresada con la primera cena de Estado que ofrece en casi dos años.
Según reportaba "The New York Times" el fin de semana, la Casa Blanca ha tenido que ponderar desde a quién sienta junto al soltero presidente galo hasta revisar si el entretenimiento previsto para la velada -a cargo de la cantante de R&B Mary J. Blige- era el más apropiado. Es más, la Casa Blanca tuvo que mandar a imprimir de nuevo las cuidadosamente -y lujosamente, cabría decir- invitaciones al banquete para eliminar de ellas el nombre de la primera dama francesa que ahora será la gran protagonista, aunque ausente, del evento.
Todo ello, para colmo, en honor de un presidente francés, cuyo país es el símbolo mundial de la "alta cocina".
Consciente de ello, en su rueda de prensa conjunta, Obama bromeó hoy al respecto al recordar que durante la Cumbre de la OTAN que se celebró en su ciudad, Chicago, en 2012, ya trató de convencerlo para que probara uno de los típicos perritos calientes. E hizo referencia al primer viaje de Hollande a Estados Unidos, como estudiante hace cuatro décadas.
"Entiendo que recorrió nuestro país estudiando la industria de la comida rápida (...) ahora regresa como presidente de Francia. Y Michelle y yo ansiamos invitarlo a una cena de Estado con un tipo de comida estadounidense diferente", agregó.
Y diferente sí que será: el menú adelantado por la Casa Blanca prevé una selección de "exquisiteces de todo Estados Unidos", desde caviar oriundo de Illinois a "12 variedades de patatas de granjas de Nueva York, Idaho y California".
No faltarán un buen filete de res de Colorado y verduras de la huerta que la primera dama ha cultivado en los jardines de la Casa Blanca, toda una tradición ya de estas cenas oficiales, así como un postre a base de chocolate amargo de Hawaii, donde nació Obama. Quien se quede con hambre, podrá continuar tras la cena degustando galletas de lavanda o algodón de azúcar con aroma de naranja.
Un menú con el que Obama podrá añadir otra expresión a su -como él reconoce- escaso repertorio francés: "Bon appetit", aunque sea para un solo comensal.

