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Lauren y Phillip, las contracaras de Brittany Maynard

Ella tiene 18 años y es deportista. Y él, 30 y es seminarista. Ambos padecen enfermedades terminales en el cerebro como la mujer de 29 años que hace unos días puso fin a su vida. Quizás no disfruten otra navidad. Pero decidieron seguir hasta el final.
Foto: m
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Lauren Hill ama el básquetbol y probablemente no disfrute otra Navidad. Uno de sus sueños era jugar al basquetball en la liga universitaria de Estados Unidos (NCAA) para la , Universidad Mount St. Joseph de Cincinatti.

Hace seis años, Phillip Johnson era oficial de la marina estadounidense en el Golfo Pérsico. Luego sintió el llamado a la vocación sacerdotal e ingresó al seminario, donde en pocos meses espera ordenarse como diácono y como sacerdote católico en 2016.

Sin embargo, enterarse que padece un cáncer terminal no amilana a Lauren Hill, una joven deportista de 18 años que cumplió su sueño de jugar un partido de básquetbol en la liga universitaria y que sigue dedicando lo que le quede de vida a recaudar fondos para hallar una cura y ayudar a otras personas que sufren la misma enfermedad.

Lauren, de 18 años, fue diagnosticada con glioma pontino intrínseco difuso (DIPG por sus siglas en inglés), un cáncer cerebral difícil de detectar y que es incurable cuando aparece en la niñez. Los médicos no le dieron esperanzas. Y hace unos meses a seminarista de 30 años le diagnosticaron cáncer cerebral de grado III, conocido como astrocitoma anaplásico.

En septiembre de 2012, Brittany Maynard contraía matrimonio. Cuatro meses después le diagnosticaron un grave tumor en el cerebro, conocido como Astrocitoma difuso (grado II). Se sometió a una craneotomía parcial y una resección parcial en el lóbulo temporal para detener el avance del tumor, pero en abril se confirmó que todo había sido en vano. "Nuestras vidas pasaron de soñar con formar una familia a estar día tras día en una consulta médica. "No hay nada en mí de suicida, pero sé que mi enfermedad no tiene cura y que degenerará de tal forma que perderé muchísima calidad de vida, así que esta decisión creo que es la menos dramática para morir de forma digna", confesó Brittany, quien en el primer día de este mes puso fin a su vida. En cambio, Phil y Lauren son conscientes de que son una flor que se está marchitando y eligieron que esa flor se marchite, antes que arrancarla de raíz.

"Recuerdo el momento en que vi las imágenes computarizadas de los escaneos cerebrales. Fui a la capilla de la Diócesis de Raleigh (EE UU) y caí al piso llorando. Le pregunté a Dios '¿por qué yo?'", admitió Phil.

"Mi familia y amigos me aman por quien soy, no solo por los rasgos de personalidad que lentamente se irán si este tumor avanza y toma mi vida. Gradualmente perderé control de mis funciones corporales en una edad joven, desde parálisis a incontinencia, y es muy probable que mis facultades mentales también desaparecerán y me llevarán a confusión y alucinaciones antes de mi muerte". siguió Phil.

Y consultado sobre la británica que decidió suicidarse para evitar el sufrimiento del cáncer terminal admitió que si ella hubiera seguido hasta el último día "hubiera sido una inspiración para mí mientras continúo la lucha contra mi propio cáncer".

En su preparación para el sacerdocio, Johnson ha sido capaz de servir a otras personas con enfermedades terminales, y aprendió que "el sufrimiento y el dolor de corazón que es parte de la condición humana no tiene que ser desperdiciado e interrumpido por miedo o buscando control en una situación aparentemente incontrolable".

"Quizás este es el milagro más importante para mí", reconoció.

Testigo de la vida

“Ella sabe que el final de su vida está llegando, pero no sabe cuándo. En el tiempo que tiene, ella vivirá más plenamente que muchos de nosotros. Lauren Hill está realmente muriendo con dignidad”, afirmó John Stegeman, quien dirige una publicación de la arquidiócesis de Cicinnati. En tanto que para el canal deportivo ESPN, la joven de 18 años con un cáncer cerebral irreversible admitió que cada día “es una batalla más. A veces gano, a veces voy perdiendo. Pero es una lucha permanente”.


“Es increíble que mi historia haya involucrado emotivamente a tantas personas. Antes que mi caso se hiciera conocido, no muchos sabían qué cosa era la DIPG. Ahora que lo saben, podemos buscar una cura. Yo no puedo beneficiarme, pero sí podrían ayudar a tantas otras personas enfermas como yo. Por eso su ayuda no debe finalizar con el término de este partido”, afirmó Lauren, quien promueve la recaudación de fondos para investigar este mal a través de un sitio web y su cuenta de Facebook. / Fuente: Aci Prensa