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El argentino que fue "correo" entre Juan Pablo II y Bush por Irak

Le tocó al cardenal Pio Laghi, un hombre muy vinculado a la últma dictadura, ser el mensajero del ahora santo para evitar una guerra que no se evitó.
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La situación de EEUU con Siria es similar, -tal como lo detallan medios de todo el mundo- a la planteada por aquel país, gobernado por George W. Bush con el régimen de Saddam Hussein en Irak.

Laghi con la Junta Militar y con Bush.
La diferencia puede radicar como lo dijo, en una afirmación tremenda, un "sincericidio", pronunciado por un vocero de la Casa Blanca la semana pasada: "En aquel entonces inventamos las pruebas para poder atacar".

Un argentino fue el elegido en 2003 por el entonces papa (ahora santo) Juan Pablo II, el polaco Karol Wojtyla y se trató del cardenal Pío Laghi.

La historia la contó en tiempo real el periodista Julio Algañaraz desde Roma y daba cuenta, entonces, que Laghi había llegado al país en 1974 en misión diplomática, como "nuncio apostólico" o "embajador" del Vaticano. Y permaneció en el cargo hasta 1980, compartiendo la parte más sangrienta de la dictadura argentina.

Según Algañaraz, Laghi cultivó en esa época una "gran amistad" con Bush padre y toda la familia de republicanos, entre ellos George W. y Bárbara. La crónica de la época indica que hasta compartieron partidos de tenis.

Así lo contó el propio Laghi:

Juan Pablo II lo eligió, por eso, como "correo" o mensajero para con George W. Bush cuando éste decidió atacar e invadir Irak. Al fin y al cabo, las hijas del presidente estadounidense, durante una visita a Roma, se habían quedado en la casa del cardenal.

Laghi, que fue "ministro" de Wojtyla hasta que sobrepasó la edad admisible de 80 años, llevó una carta a Washington en la que el pontífice se ofrecía para llevar adelante tareas de "desarme en Medio Oriente".

Así como ahora se habla de "ataque humanitario", la frase preferida de Bush fue la de "guerra preventiva": ambas, absurdas y repudiadas por ambos papas, Juan Pablo y Francisco, el argentino que ahora agota sus esfuerzos por evitar el sangriento bombardeo del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, contra Siria.

Los Bush y Clinton ven pasar el cadàver de Juan Pablo II.