Vacilaciones por todas partes antes de atacar Siria
El análisis de los vaivenes que sufre Occidente antes de intervenir en Siria, por Gerd Roth, Johannes Schmitt-Tegge y Michael Donhauser.
Por Gerd Roth, Johannes Schmitt-Tegge y Michael Donhauser (dpa)
Quien observaba a comienzos de semana al primer ministro británico David Cameron y su ministro de Relaciones Exteriores William Hague notaba que irradiaban una gran seguridad. El Reino Unido fue el primer país en culpar abiertamente al régimen de Bashar al Assad por un ataque con armas químicas en las cercanías de Damasco.
Los británicos también fueron los primeros que consideraron innecesaria una decisión unánime del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para un ataque militar a Siria. Con su optimismo sobre una intervención armada, el conservador Cameron parecía poder superar los titubeos del presidente socialista François Hollande en París y del mandatario estadounidense Barack Obama en Washington.
Pero unos pocos días después, ya no se percibe demasiado de esa resolución inicial. La oposición británica, en realidad considerada débil en su propio país, lo sometió sin embargo a grandes apuros. "En la época moderna no tiene precedentes que un primer ministro británico entregue las riendas de su política exterior, y no hablemos de las decisiones sobre guerra o paz", comentó el jefe de política de la BBC Nick Robinson.
Y también en Estados Unidos aumentan las críticas a un rápido ataque en Siria. A muchos políticos estadounidenses no les convence en absoluto conferir el mando para un ataque de manera apresurada y sin pruebas firmes sobre el presunto ataque con armas químicas del régimen de Al Assad.
La situación evoca malos recuerdos de febrero de 2003. Aquella vez, el por entonces secretario de Estado Colin Powell realizó una recordada presentación ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para justificar un ataque contra Saddam Hussein. Mediante tomas aéreas intentó mostrar que habían sido halladas armas de destrucción masiva en Irak, lo que luego demostró ser falso.
Entretanto crecen las exigencias hacia Obama para que él también obtenga luz verde del Congreso. Sobre todo los republicanos reclaman que un ataque a Siria cuente con legitimación parlamentaria. Un total de 116 parlamentarios, entre ellos 18 demócratas, firmaron una carta con esta demanda dirigida al presidente. El Congreso, que se encuentra en un receso veraniego de cinco semanas, podría volver a sesionar en cualquier momento para deliberar sobre Siria, indica la misiva.
Curiosamente en Estados Unidos son ahora los republicanos y en el Reino Unido los laboristas los que pisan el freno respecto de una intervención armada. Estos dos partidos son los que aún deben lidiar con la mancha de una justificación insuficiente para la guerra en Irak.
Aún hoy el ex premier británico Tony Blair es llamado "perrito faldero de Bush", porque en aquella oportunidad siguió ciegamente al presidente estadounidense George W. Bush. Al igual que en Francia, también en el Reino Unido dos tercios de la población rechazan una acción militar.
Y debido a la repentina vacilación británica, podría quedar ajustado el cronograma para un ataque militar. Antes del sábado a la mañana regresarán los inspectores de armas de las Naciones Unidas desde Siria. Pero hasta comienzos de la semana próxima no se espera una decisión parlamentaria en Londres en base a los hallazgos de estos expertos.
Este martes está prevista la partida del presidente estadounidense vía Estocolmo hacia la cumbre del G20 en San Petersburgo, en Rusia. Y parece algo altamente improbable que Obama anuncie desde territorio ruso un ataque contra Siria.
Y en caso de que Obama no quiera estar solo en materia de un ataque militar, que en realidad no desea él mismo ni la oposición, entonces una solución diplomática vuelve a mostrarse como algo en el terreno de lo posible. El secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon ya lo ha manifestado: "Give Peace a Chance!" En este contexto, diplomáticos franceses vuelven a subrayar una y otra vez que una "reacción de vigor" incluye pasos diplomáticos.
El propio Hollande se refirió este jueves, más allá de posibles reacciones, a la necesidad de una "solución política". Para ello, el jefe de Estado apuesta a la Coalición Nacional Siria, reconocida tempranamente y respaldada desde hace tiempo por Francia como representación legítima del pueblo sirio. Su líder, Ahmed Assi al Yarba, pudo llevarse de Hollande en el Palacio Elíseo una alusión a "ayuda material". De momento no hubo nada más concreto de parte del mandatario galo.
Tras la ofensiva militar en Mali a comienzos de año, el gobierno en París se mostró en comparación más bien reticente en materia de un ataque en Siria. Varios comentarios de los medios de comunicación suenan más bien a advertencia. Las imágenes del antecesor de Hollande Nicolas Sarkozy celebrando la victoria sobre el régimen de Gaddafi codo a codo con Cameron en la ciudad libia de Bengasi aún están muy frescas. Libia, entretanto, se convirtió nuevamente en un caso problemático.
La situación evoca malos recuerdos de febrero de 2003. Aquella vez, el por entonces secretario de Estado Colin Powell realizó una recordada presentación ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para justificar un ataque contra Saddam Hussein. Mediante tomas aéreas intentó mostrar que habían sido halladas armas de destrucción masiva en Irak, lo que luego demostró ser falso.
Entretanto crecen las exigencias hacia Obama para que él también obtenga luz verde del Congreso. Sobre todo los republicanos reclaman que un ataque a Siria cuente con legitimación parlamentaria. Un total de 116 parlamentarios, entre ellos 18 demócratas, firmaron una carta con esta demanda dirigida al presidente. El Congreso, que se encuentra en un receso veraniego de cinco semanas, podría volver a sesionar en cualquier momento para deliberar sobre Siria, indica la misiva.
Curiosamente en Estados Unidos son ahora los republicanos y en el Reino Unido los laboristas los que pisan el freno respecto de una intervención armada. Estos dos partidos son los que aún deben lidiar con la mancha de una justificación insuficiente para la guerra en Irak.
Aún hoy el ex premier británico Tony Blair es llamado "perrito faldero de Bush", porque en aquella oportunidad siguió ciegamente al presidente estadounidense George W. Bush. Al igual que en Francia, también en el Reino Unido dos tercios de la población rechazan una acción militar.
Y debido a la repentina vacilación británica, podría quedar ajustado el cronograma para un ataque militar. Antes del sábado a la mañana regresarán los inspectores de armas de las Naciones Unidas desde Siria. Pero hasta comienzos de la semana próxima no se espera una decisión parlamentaria en Londres en base a los hallazgos de estos expertos.
Este martes está prevista la partida del presidente estadounidense vía Estocolmo hacia la cumbre del G20 en San Petersburgo, en Rusia. Y parece algo altamente improbable que Obama anuncie desde territorio ruso un ataque contra Siria.
Y en caso de que Obama no quiera estar solo en materia de un ataque militar, que en realidad no desea él mismo ni la oposición, entonces una solución diplomática vuelve a mostrarse como algo en el terreno de lo posible. El secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon ya lo ha manifestado: "Give Peace a Chance!" En este contexto, diplomáticos franceses vuelven a subrayar una y otra vez que una "reacción de vigor" incluye pasos diplomáticos.
El propio Hollande se refirió este jueves, más allá de posibles reacciones, a la necesidad de una "solución política". Para ello, el jefe de Estado apuesta a la Coalición Nacional Siria, reconocida tempranamente y respaldada desde hace tiempo por Francia como representación legítima del pueblo sirio. Su líder, Ahmed Assi al Yarba, pudo llevarse de Hollande en el Palacio Elíseo una alusión a "ayuda material". De momento no hubo nada más concreto de parte del mandatario galo.
Tras la ofensiva militar en Mali a comienzos de año, el gobierno en París se mostró en comparación más bien reticente en materia de un ataque en Siria. Varios comentarios de los medios de comunicación suenan más bien a advertencia. Las imágenes del antecesor de Hollande Nicolas Sarkozy celebrando la victoria sobre el régimen de Gaddafi codo a codo con Cameron en la ciudad libia de Bengasi aún están muy frescas. Libia, entretanto, se convirtió nuevamente en un caso problemático.