Se aviva el fuego en Egipto por acusación de espionaje contra Mursi
Espiar al servicio de una potencia extranjera es un delito grave en Egipto y puede estar penado con cadena perpetua. La fiscalía del país investiga desde el pasado fin de semana si el derrocado presidente Mohamed Mursi y otros dirigentes islamistas de la Hermandad Musulmana han cometido ese delito. Por ahora no se ha presentado ninguna acusación. Desde que fue derrocado, Mursi se encuentra bajo custodia de los militares en un lugar desconocido.
Pero ¿a quién podrían haber revelado secretos de Estado los islamistas que estuvieron un año en el poder? Las acusaciones que investiga la fiscalía se remiten a un caso que no apunta directamente a una revelación de un secreto, pero si podría ser materia de sanción.
Tuvo lugar en los días de la revolución que el 11 de febrero de 2011 derrocó Husni Mubarak, presidente durante décadas. La policía detuvo en pleno auge de los disturbios a Mursi, entonces un funcionario de los Hermanos Musulmanes y otros dirigentes como Saad al Katatni, en la actualidad líder del partido político de la Hermandad, Libertad y Justicia; así como a Arian al Essam. No participaron en las multitudinarias manifestaciones, sin embargo fueron escondidos en la prisión Wadi al Natrun, al norte de El Cairo.
Unos días después, el 28 de enero, las fuerzas de seguridad se retiraron por razones que aún hoy se desconocen de las calles y de dos tercios de las prisiones. Miles de presos huyeron, entre ellos también los Hermanos Musulmanes en Wadi al Natrun.
Más de dos años después, un tribunal en Ismailia, en el canal de Suez, comenzó a investigar la fuga en la cárcel de Wadi al Natrun. Recogió testimonios de los principales acusados del Ministerio del Interior y de los directores de la cárcel.
De repente, sobre la mesa había otra versión completamente diferente de lo que ocurrió: islamistas armados, apoyados por combatientes infiltrados de la guerrilla palestina de Hamas y de la milicia libanesa de Hizbollah asaltaron la prisión y liberaron a la fuerza a los destacados dirigentes de la Hermandad Musulmana.
Esta exposición de los hechos hay que analizarla con cautela, pues los que en el pasado apoyaron el Estado policial de Mubarak tienen el máximo interés en ocultar los manejos de entonces y de pasar a la responsabilidad a otros.
Ya antes del golpe de Estado militar, a fines de junio, el tribunal en Ismailia remitió su información a la fiscalía en El Cairo. Y ésta repentinamente "recuerda" ese acta y comienza a investigarla junto con otras acusaciones más actuales, como la de la violencia contra los manifestantes anti Mursi ante el cuartel de la Hermandad Musulmana en El Cairo, ahora incendiado.
El baño de sangre ante el club de oficiales de la Guardia Republicana con más de 50 muertos hace una semana también podría ser imputado a funcionarios islamistas. Y eso que las víctimas fueron seguidores de Mursi -a excepción de un policía- contra quienes las fuerzas de seguridad abrieron fuego.
Gehad al-Haddad, el portavoz de la Hermandad Musulmana calificó las acusaciones de "absurdas" y de "fabricadas". En caso de que la fiscalía presente cargos contra Mursi sobre esta base y el presidente derrocado comparezca ante los tribunales, el proceso podría convertirse en un juicio político.
La indignación de los millones de seguidorees de los islamistas podría aumentar. Además, las imágenes de televión de Mursi en una jaula, donde encierran a los acusados durante el juicio, no haría más que avivar el fuego.
Además, es más que cuestionable que tenga sentido actuar procesalmente, pues la Hermandad Musulmana tiene ya una larga trayectoria como formación perseguida. Fundada en 1928, sus dirigentes siempre fueron ejecutados y encarcelados. Su ideología concede un alto valor a cada miembro. La represión estatal y el trabajo en clandestinidad no hacen más que reforzar su cohesión. Con Mubarak al final estaban tolerados, aunque oficialmente la organización era clandestina.
Jairat al Shater, el poderoso jefe de finanzas de la organización, estaba entonces en la cárcel. Conocedor de la corrupción en las instituciones del país, siguió movimiendo los hilos del imperio económico de los Hermanos desde prisión. Tras ser derrocado Mursi fue encarcelado de nuevo. Para él ninguna novedad.