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Desde Mendoza, Vargas Llosa y las elecciones de Venezuela

El Premio Nobel de Literatura y reconocido adversario político del bloque chavista, estuvo en permanente contacto con Caracas.

De minivacaciones en Mendoza, tras su paso por Rosario, Buenos Aires y Córdoba en donde tuvo actividad formal, pero sin desconectarse del mundo. Mario Vargas Llosa, su mujer Patricia, su hijo Álvaro y su nuera Susana pasaron por la provincia con la finalidad de descansar y encontrarse con amigos.

El sábado recorrieron bodegas en Luján de Cuyo y el domingo disfrutaron del sol en Tupungato. En Gualtallary, en plena zona cordillerana, en donde los viñedos le han ganado la partida al desierto hace muy poco tiempo, el Premio Nobel de Literatura no se despegó del celular por el que recibía información en forma permanete desde Venezuela.

"Hay que ver qué pasa", repitió discreto, una y mil veces.

Temprano, cuando comenzó su recorrido por la Ciudad de Mendoza, pidió frenar en la avenida San Martín. ¿El motivo? Comprar los diarios. Con ellos en la mano, no despegó sus ojos de La Nación, hasta que traspasó los Portones del Parque.

- ¿Cómo se llama?

- San Martín.

- ¡Claro! Como casi todo en nuestros países. Muy bien. Muy bonito.

El largo viaje hasta el sitio del almuerzo, en donde lo esperaba un puñado de "amigos mendocinos" lo hizo con la vista puesta en el artículo de Joaquín Morales Solá en La Nación: "Golpe de Estado al Poder Judicial".

"Está todo bien. Todo marcha sin problemas", le avisó su hijo Álvaro, el también periodista y escritor, afincado en Washington al seguir la información que le iba llegando desde Caracas.

Ya en el lugar, tras visitar la parrilla, nuevamente el tema fue Venezuela. Su preocupación, lo difícil de las circunstancias.

"¿Así que a tí también te interrogaron en Caracas?", preguntó. Tras conocer la historia, contó que a él y a Álvaro también le había pasado algo similar. "Es increíble", fue el único calificativo del peruano español.

Álvaro prefirió abundar: "Yo debo haber ido unas seis veces desde que asumió Chávez. Pero una de esas veces, en el aeropuerto, me quitaron todo. Pero fueron tan idiotas que se olvidaron de quitarme el celular. Entonces e fracción de segundos pude avisar a mis anfitriones en Caracas, que todavía estaban en el aeropuerto, lo que me pasaba. Rápidamente salí al aire por televisión en Estados Unidos y al minuto me estaban quitando el teléfono... pero también dejándome en libertad. De no haber sucedido eso, tal vez me hubieran dejado todo el día".

No cabe dudas que en Mendoza, con buen Malbec, con un tremedo asado en la parrilla y unas empanadas de entrada, el tema no es ese: es Venezuela, el asunto del día; el asunto de la época.

La jornada transcurrió entre tertulias y buen diálogo con los presentes. Que "lo bien que está Perú", que "lo mal que van países como Venezuela, Nicaragua o Ecuador...".

A la hora del brindis estaba dispuesto a decir unas palabras cuando una llamada telefónica lo interrumpió. La comunicación se la pasa su esposa, Patricia, sentada frente a él. Era Corina Machado, la inflexible diputada venezolana antichavista que hace dos días, no más, sufrió un escrache junto a Vargas Llosa en el centro de Buenos Aires en donde se reunía el pleno de la Fundación Libertad, fundada y presidida por el escritor. Se los acusaba de conservadores; se defendían como "liberales".

La conversación fue breve. De nuevo: "Está todo bien. El tema es a quién afecta la abstención".

Y vino el brindis. Corto, agradecido, fue "por la libertad".

......

Vuelta a la Ciudad de Mendoza. Siesta y twitter: qué se dice, cuáles son las novedades. Mensajes de texto y llamadas. Al bajar del transporte, en el microcentro mendocino que ignoraba posiblemente de quién se trataba ese hombre que hablaba por teléfono en el medio de la calle, como lo haría cualquier mendocino, Vargas Llosa cortó y dijo: "Bueno, Maduro va con cuatro puntos de ventaja". Y una vez más, discreto, se internó en su habitación con un "vamos a ver qué pasa".