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La vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre

Así funciona en Irán, país que poco a poco se posiciona como eje de las relaciones internacionales de la Argentina. Conocé un poco más justo hoy.
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La vida de una mujer en Irán vale legalmente la mitad que la de un hombre. No pueden decidir un divorcio.

Sólo pueden mantener la custodia de los hijos hasta los siete años de edad.

En cuanto a la comparecencia ante un juzgado, una mujer sola no puede testificar y deben hacerlo dos a la vez para que su palabra tenga valor jurídico.

Son algunos ejemplos de la situación legal de la mujer en el país islámico, destacado por el Centro iraní de Defensa de los Derechos Humanos, que dirige la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi, en un informe difundido por EvaRed.

Por el llamado derecho de la sangre ("diyeh"), en Irán quien mata a una persona, además de cumplir la pena impuesta, tiene que pagar una cantidad de dinero a los familiares de la víctima.

Pero "matar a una mujer, al igual que a un extranjero, cuesta la mitad de lo que vale matar a un hombre", explica una fuente del centro de Ebadi.

Según la ley, en Irán un hombre puede divorciarse cuando le de la gana, pero para que lo pueda hacer una mujer debe cumplirse alguna de una serie de siete condiciones, entre ellas, que el marido la haya abandonado completamente, sea adicto a las drogas o sufra de impotencia sexual.

Si el esposo encuentra a su mujer con otro hombre manteniendo relaciones sexuales tiene derecho legal a matarlos a ambos y, en cualquier caso, si se demuestra el adulterio la mujer puede ser lapidada hasta la muerte.

La pena consiste en enterrar a la mujer hasta el torso mientras los habitantes de la localidad la apedrean. Si consigue liberarse queda en libertad.

Según Shirin Ebadi, premio Nobel de la Paz, es muy difícil que se pueda producir un cambio en Irán "porque la gente tiene miedo y prefieren mantener lo que tienen que poner en riesgo su vida y la de sus familias".

 

Un caso: la mujer quemada con ácido presenta un libro

Lleva 19 operaciones, tres de piel y 16 de ojos. Hace ocho años un hombre, que está en la calle, roció la cara de la iraní Ameneh Bahramí con ácido por no querer casarse con él, una experiencia que ha plasmado en un libro.

‘Ojo por ojo’ es el título del libro publicado por Planeta y en el que Ameneh Bahramí (Teherán, 1978), hoy ciega y con la cara llena de cicatrices, narra su cruda vida, una historia que ha podido rescatar grabando su relato en 127 cintas, de 90 minutos cada día.

Bahramí tras las múltiples operaciones quirúrgicas realizadas en Barcelona, en el Instituto de Microcirugía Ocular para intentar recuperar la vista, sin éxito, regresó en 2012 a Teherán para asistir al juicio contra su agresor y aplicarle la Ley del Talión, vigente en Irán.

Pero en el último momento, y cuando todo estaba listo para ejecutar la sentencia y que le echaran ácido en la cara a sus agresor, ésta decidió perdonarle.

Bahramí recuerda que ella le perdonó, pero a cambio le pidió dinero para las intervenciones quirúrgicas y que el gobierno de Irán le dijo que iba a pagar, lo que luego no hizo por falta de dinero, según explica ella misma.

"Yo sabía que él no podía pagar y que nunca lo iba a hacer -argumenta Bahramí-; pero por eso quería que siguiera en la cárcel. Sin embargo, cuando volví el pasado septiembre a Teherán, leí en los periódicos que había salido de prisión, lo comprobé y es verdad".

Mujer, palabra prohibida

La más célebre activista a favor de los derechos humanos iraní, la premio Nobel Shirin Ebadi, ha denunciado que 36 universidades de Irán han prohibido el acceso a las mujeres a más de 70 especialidades universitarias. Una medida que Ebadi justifica por la pretensión del gobierno de aquel país de derrotar la lucha a favor de la igualdad de derechos de las mujeres.

Shirin Ebadi dio a conocer que las universidades de Irán han anunciado que las nuevas titulaciones disponibles para el próximo curso académico están reservadas en exclusiva a los hombres, aún cuando las mujeres han superado en proporción al número de estudiantes masculinos que han superado las pruebas de acceso a carreras universitarias.

En su opinión, la medida de restringir el acceso a estudios universitarios se debe a la preocupación que tienen los altos clérigos del régimen teocrático dominante en Irán ante los "efectos secundarios" que podría tener en la sociedad el aumento del nivel educativo entre las mujeres.

Bajo las nuevas directrices políticas existentes en Irán, Ebadi denuncia que las mujeres están siendo excluidas de una amplia gama de estudios, así como de las principales instituciones del país "incluyendo la literatura, idiomas, arqueología, física nuclear o informática, y diversas ingenierías".

Como ejemplo, la Universidad de industria de aceite, que tiene varios campus en todo el país, dice que ya no aceptará alumnas, alegando una falta de demanda del empleador. Universidad de Isfahan aporta los mismos argumentos para excluir a las mujeres de sus titulaciones de minería e ingeniería, alegando que el 98% de las licenciadas que finalizaron la carrera están desempleadas.

Esta situación ha sido trasladada al Secretario general de la ONU, Ban Ki Moon y al la Comisión para los derechos humanos de este organismo. Shirin Ebadi, abogada de derechos humanos y exiliada en el Reino Unido, ha afirmado que el objetivo real de las universidades y del gobierno de Irán es el de reducir la proporción de alumnas por debajo del 50%, cuando en la actualidad su número supera el 65%, para así "debilitar el movimiento feminista iraní en su campaña contra las leyes discriminatorias de islámicas".

La nueva política educativa también ha sido criticada por algunos parlamentarios iraníes, que han convocado al Ministro de ciencia y educación para explicar estas medidas. Sin embargo, el responsable de este ministerio, Kamran Daneshjoo, ha desmentido la polémica, asegurando que "el 90% de los grados quedan abiertos a ambos sexos y que solo se limita el acceso a algunos cursos para generar equilibrio".