Publican una entrevista inédita al narco Pablo Escobar
"Hablé con Escobar un día de agosto en una de sus fincas en La Dorada (Caldas). Era el capo de capos, responsable de centenares de muertes y de haber enviado toneladas de cocaína a Estados Unidos. Un hombre poderoso, tenía en jaque al país, pero era perseguido sin tregua. No podía dormir dos días en el mismo lugar. Llegué a él por casualidad, como ocurre cuando los periodistas estamos a la caza de noticias. Fue por medio de uno de sus abogados —asesinado meses después por los Pepes—, quien se había convertido en fuente sobre asuntos claves de narcotráfico".
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Así relata Yolanda Ruiz, directora de RCN Radio el momento, hace 25 años, en que reporteó al jefe narco más espeluznante que haya dado la Tierra: Pablo Escobar Gaviria.
El relato de la periodista es tan interesante como la entrevista. Dice:
No sabía qué preguntarle porque no había pensado que pudiera entrevistarlo. Por fortuna estaba de afán o sospechó que yo era primípara, y cortó la conversación con una propuesta: “Vamos a hacer esto: me manda por escrito lo que me va a preguntar y cuadramos”. Agregué un tímido “gracias” en medio de punzadas en el estómago. De nuevo la voz del abogado: “¿Se asustó?”, me preguntó con tono de risita burlona. Aunque le respondí con un “no” contundente, estaba en pánico.
Colgué el teléfono. Las manos, heladas, me temblaban. Respiré profundo para recuperar el aliento y la compostura. De regreso a Bogotá hablé con el director, le conté la historia que sonaba inverosímil, hicimos un listado de temas obvios y planteé que el director y yo hiciéramos la entrevista. No era tarea para una aprendiza. Le formulé la propuesta al abogado-contacto de Escobar y la respuesta del capo fue que me daba la entrevista sólo a mí. No había alternativa. Pasaron dos o tres semanas. Un día me llamaron y me indicaron el sitio y hora en que me contactarían en Medellín.
Cumplí la cita. Debí esperar unas horas que me parecieron días. Sonó el teléfono; era la llamada esperada. Un taxi me recogería en el lugar indicado a la hora definida. Ahí estuve y empezó un recorrido cuyo destino desconocía. Había estado un par de veces en Medellín, era una extraña en la ciudad y todas las calles me parecían iguales. Luego de una hora de idas y venidas, de cruces a izquierda y a derecha, el abogado de Escobar, que iba conmigo y notó mi inquietud, dijo: “Es por seguridad, tranquila”.
De pronto, el carro se detuvo frente a una plazoleta. Alcancé a pensar que el capo tenía el descaro de pasearse por Medellín, pero era una parada estratégica. Minutos después llegó otro taxi. El conductor me sugirió mirar unas revistas que había en el asiento. Inútil tratar de concentrarme, asaltada como estaba por mil dudas. De pronto, la voz del abogado: “Usted fresca si hay un retén”. Entonces noté que el conductor acomodaba algo bajo un trapo rojo. Era un arma. La deslizó bajo el asiento y, ante mi sorpresa, el abogado intentó calmarme: “Fresca, fresca —me dijo—. Esto ya es territorio de Pablo”.
Por primera y única vez sentí miedo. Nadie —ni yo misma— sabía el sitio exacto de la entrevista y no eran tiempos de celulares. El carro avanzaba por una zona de clima caliente, el aire que entraba por la ventana no refrescaba. Mis ojos no querían mirar hacia afuera. Hasta que llegamos a una fonda. Nos bajamos del taxi y el conductor dio media vuelta y se fue por donde había venido. De nuevo, el abogado intentaba tranquilizarme. “Son medidas de precaución —repetía—. Aquí empieza el anillo de seguridad. Hasta el lugar de llegada es de Pablo. Debe garantizar que no nos siguen”.
Veinte o treinta minutos de espera y por fin nos recogieron. Era un lugar agradable, una casa cómoda, pero sin ostentación. Sala abierta hacia el paisaje, muebles forrados con telas de grandes flores, una piscina pequeña. Un café, varios minutos más de espera y, entonces, ruido de motores: dos camperos. De nuevo el vuelco en el estómago, el corazón a mil, el sabor del miedo en la boca y ganas de salir corriendo. Escobar entró solo. Su escolta —entre ocho y diez muchachos armados hasta los dientes— se quedó afuera haciendo guardia.
La entrevista
Algunas de las preguntas y respuestas de aquella nota difundida hoy son: Empecemos a hablando por uno de los temas más recientes en los cuales se ha visto involucrado y es en concreto el problema de las masacres, es tal vez una de las últimas indicaciones en las cuales aparece su nombre, ¿qué tiene usted para decir sobre esto?
- Eso es lo único que me hace enfrentarme nuevamente a los micrófonos, para manifestarle al pueblo de Colombia que me conoce y que me apoya, que soy ajeno a todas esas acusaciones que son tejidas por ciertos intereses que se han formado contra mi persona, pero todas las personas en el departamento de Antioquia saben que yo no tengo intereses de ninguna naturaleza en las regiones donde se han sucedido esas masacres, o sea no tengo intereses en Uraba, no tengo intereses económicos en Córdoba y tampoco tengo intereses económicos en Puerto Boyacá, soy ajeno a esa situación, soy inocente de esas acusaciones y repudio todo lo que se trate de masacres y asesinatos colectivos.
Pero de dónde considera entonces usted que vienen ese tipo de sindicaciones, es decir tiene que haber un origen, tiene que haber alguna razón para que termine su nombre involucrado en esto.
- Si, como le digo hay personas interesadas en hacerme daño y hay personas interesadas en enfrentarme con la izquierda, hay personas que cuando les conviene decir que yo estoy vinculado con la izquierda no tienen ningún límite en sus palabras para expresarlo así. También a veces me sindican de estar aliado con la derecha, de manera que no hay ninguna consistencia en estas acusaciones, unas veces soy de la izquierda y otras veces soy de la derecha y unas veces actúo contra la izquierda y otras veces actúo contra la derecha, o sea que eso no tiene ningún sentido, no tienen ningún valor jurídico.
Y cuál es la realidad, es decir, usted me toca un tema que yo venía pensando para más adelante, se ha hablado de relaciones incluso se acuñó un término que es de vieja data en el país la “Narco guerrilla”, pero por otro lado se dice también que hay apoyo a grupos paramilitares etcétera a sectores de derecha, o es que se está con el que más convenga o cual es la realidad frente a ese tipo de relaciones.
- P.E. No, la realidad es que yo soy una persona muy respetuosa de las ideas ajenas, o sea yo respeto las ideas de los demás, si yo veo que la gente de la izquierda tiene ideas que le convienen al país no tengo ningún problema en apoyarlas y respaldarlas y si veo que la gente de la derecha también tiene ideas que le convienen al país no tengo ningún problema en apoyarlas y respaldarlas, pero de todas maneras yo no tengo porque matricularme en ninguna corriente yo simplemente soy una persona que respeta las ideas de las demás personas.
Ya que tocamos el tema de la guerrilla y de todo esto, hay un tema muy de moda en el país y es todo lo que tiene que ver con el diálogo, se ha propuesto diálogo con la guerrilla, de hecho se han realizado ya algunos avances y dentro de todas estas reuniones alguien propuso que ustedes también pedían entrar en ese diálogo porque son parte del conflicto social y político y de orden público que se vive en el país. Cuál es la posición que tienen en este momento o que tiene usted personalmente frente al diálogo, frente a la negociación, la última vez que se habló de diálogo fue en la reunión de Panamá con el expresidente López y con el Procurador, de allí hasta ahora qué ha pasado.
- Nosotros siempre hemos estado dispuestos a dialogar, históricamente lo hemos demostrado desde el año de 1984 cuando se le propuso al Gobierno Nacional un diálogo que habría evitado sinceramente mucho derramamiento de sangre en el país, es decir todos estos conflictos de la extradición se habrían podido evitar si hubiera habido un diálogo que se propuso desde hace cuatro años, nosotros siempre hemos estado dispuestos a dialogar y yo considero personalmente que la falta de diálogo es la causa principal de la violencia en el país.
Bueno y diálogo en qué condiciones, que es la divergencia, parece que todo el mundo está de acuerdo en que hay que dialogar, en que hay que negociar, pero en qué condiciones, es decir, un diálogo implica que cada quien cede una parte de lo que tiene.
- Si por eso se llama diálogo, precisamente el diálogo no puede tener condiciones, el diálogo debe ser amplio e ilimitado.
Qué están proponiendo ustedes, esa vez que hablaban en Panamá habían ofrecido de pronto ofrecer algún dinero, en fin, la repatriación de capitales et, etc, tienen alguna propuesta en concreto que hacer ahora.
- No, nosotros nunca hemos ofrecido dinero, el problema nuestro es un problema de dignidad, a nuestras familias las han atropellado, ha habido represión, allanamientos, saqueos a nuestros hogares, el problema nuestro no es un problema de dinero, es un problema de dignidad.
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