Costa Rica rompe su tradición antimilitar y sube la tensión
Durante seis meses, unos 7 mil marines (13 mil según otras fuentes) estadounidenses participarán de maniobras militares en Costa Rica. Así lo resolvió en silencio el parlamento de un país que había decidido no tener fuerzas armadas y cuyo ex presidente Oscar Arias hasta fue condecorado con el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, desde la asunción de Laura Chinchilla a la presidencia, la larga tradición costarricense de honrar la civilidad está quedando de lado.
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En declaraciones al diario La Nación de San José que reprodujo La Jornada de México, el ministro de Seguridad, José María Tijerino, expresó que las fuerzas militares estadunidenses apoyarán a la Guardia Costera costarricense y operarán bajo su mando. Este
es necesario, porque la lucha antidrogas la siguen perdiendo
Pero la tensión reinante entre Venezuela y Colombia es un marco poco propicio para que Cista Rica decida, por sí, "hacerle el aguante" a Estados Unidos para su probable intervención en la lucha contra la narcocriminalidad mexicana".
Para Borón, "esta iniciativa norteamericana se sitúa en el contexto de la creciente militarización de la política exterior de los Estados Unidos, cuyas expresiones más importantes en el marco latinoamericano han sido la reactivación de la Cuarta Flota, la firma del tratado Obama-Uribe, la de facto ocupación militar de Haití, la construcción del muro de la vergüenza entre México y Estados Unidos, el golpe de Estado en Honduras y la posterior legitimación del fraude, la concesión de nuevas bases militares por el gobierno reaccionario de Panamá, a todo lo cual se le agrega ahora el desembarco de los marines en Costa Rica".
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Y le da pie a las aventuras bélicas o los negocios que de esto surgen, de parte de Chávez quien, al fin de cuentas, además de un líder fuerte es un militar. Unos y otros se provocan, pero indudablemente que mayor responsabilidad tienen aquellos que alteraron su tradición de neutralidad, como sucede con Costa Rica.
Así planteadas las cosas, no parece tan descabellado el planteo de Venezuela ante la ONU, en torno a que Uribe -y lo bien que hacen en no generalizar señalando a Colombia- tiene un plan militar contra ese país.
Lo cierto es que hasta ahora, el debate sobre la relación de Colombia con Estados Unidos, o la de Panamá, que también está abierta a las prácticas militares estadounidenses, no pegó tan fuerte como la actitud de Costa Rica, inesperada, sopresiva y -según los presuntos afectados- artera.



