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Testimonio desde la frontera colombo venezolana: "Tenemos derecho a la paz"

La analista venezolana Judith Pacheco Muñoz vive en una ciudad de la frontera entre Colombia y Venezuela. Habló en exclusiva con MDZ sobre las consecuencias que ya tiene en la población la ruptura de relaciones. "Vivimos una cotidianeidad binacional y queremos la paz".


Judith Pacheco Muñoz es una abogada venezolana que trabaja, específicamente, en “sistemas de protección de derechos”. Vive cerca de la frontera colombo venezolana, en San Cristóbal, estado Táchira. Por ello su visión sobre el conflicto es doblemente importante: su mirada sobre las consecuencias de la ruptura de relaciones entre ambos países, por un lado, y su percepción como habitante de la frontera, por el otro.

Hace unos días, Pacheco Muñoz fue convocada por Amnistía Internacional en Caracas. En una conferencia –con el anuncio de quiebre de las relaciones binacionales aun en “caliente”- se prestó al diálogo y al análisis frente a un auditorio preocupado por la situación.

Vive en el punto de encuentro que de cumplirse las amenazas de Chávez- podría transformarse el de un sangriento desencuentro.

Y sostiene que los problemas en común que sufre la gente de ambos lados de la frontera no son atendidos por las capitales de sus países. Y que ése y no otro, es el verdadero asunto a tratar.

“La situación actual de Venezuela y Colombia, visto desde una perspectiva real de las personas que vivimos en frontera, está referida a una verdadera crisis”, nos dijo, de arranque, la analista venezolana.

Prefirió dividir la situación en varios puntos diferentes para su abordaje. Así, señaló que “culturalmente hablando, nosotros somos una realidad histórica que se ha formado desde el mismo origen de ambos países, por ende compartimos muchas cosas en común, pues formamos parte y convivimos en una de las fronteras  más vivas de Latinoamérica”.

Al intentar localizarnos en el punto exacto desde donde mira la realidad, Pacheco Muñoz explica que “los ciudadanos, tanto del  Estado Táchira (Venezuela), como del Norte de Santander (Colombia), no estamos acostumbrados a ser restringidos en la forma de relacionarnos entre si, ya que somos una verdadera hermandad y  dependemos el uno del otro en muchos aspectos, sobre todo en el aspecto social y económico”.

Es por eso que, dice, “tanto los colombianos, como los venezolanos convivimos  dentro de una cotidianidad binacional (en la raya fronteriza colombo-venezolana), donde se produce un enorme intercambio sociocultural y comercial”.

La abogada venezolana relata que “además, son varios los ciudadanos que tienen su residencia de un lado y su trabajo en el otro, por ejemplo, tienen sus hogares en la ciudad de Cúcuta, del Departamento del Norte de Santander, Colombia, (lo que comúnmente llamamos ciudad dormitorio) y a su vez, tienen sus negocios en Ureña, San Antonio, Municipio Bolívar o en San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela y viceversa. De tal manera, que nuestra realidad es muy compleja, y quizá, a nuestro modo de ver, las decisiones que se toman desde el poder central, es decir,  las políticas gubernamentales producidas desde Caracas y Bogotá, con respecto a nuestras provincias,  son sobre la base de un conocimiento erróneo de nuestra realidad”.

“Nos hemos sentido muchas veces discriminados –agrega, dando cuenta de una situación que las provincias del interior argentino sabemos entender-  a la hora hacerse distribución de los recursos en el presupuesto anual correspondiente a cada uno de los Estados, ya que en la mayoría de las veces, no se corresponde con las necesidades de la población, y es por ello que el propio pueblo binacional fronterizo ha establecido las formas y las reglas para su propio progreso”.

Es en ese contexto que Pacheco Muñoz destaca que “igualmente muchas veces nos hemos sentido extranjeros en nuestra propia tierra, porque para Caracas y la Región central venezolana, los tachirenses somos más colombianos que venezolanos y para Bogotá los cucuteños son más venezolanos que colombianos, en fin somos muy parecidos en muchos aspectos, incluso a nivel educativo… “.

Agrega: “Personalmente he tenido el gusto de compartir académicamente con compañeros colombianos en universidades venezolanas y colombianas, pues es una de las ventajas, que tenemos y gozamos los que vivimos en frontera, produciéndose un intercambio cultural e intelectual muy enriquecedor”. 

Una realidad compartida que no tiene nada que ver con la guerra

Desde el lugar en donde, hipotéticamente, dos pueblos podrían llegar a enfrentarse con las armas, una venezolana nos está contando cómo se vive y se siente la ruptura de relaciones entre su país y Colombia, dándonos la idea de que –de acuerdo con los fuegos artificiales que la política internacional trasluce- allí no hay acuerdo ni con Chávez ni con Uribe para llegar hasta esos límites.

Desde la frontera, la analista Pacheco Muñoz sostiene que “debido a esa realidad sui géneris, convivimos y compartimos en la actualidad, las consecuencias de las políticas llevadas a cabo por el poder central dirigido desde  Caracas y Bogotá, además, de compartir la falta de garantías por parte de ambos Estados para los protección de sus connacionales”.

“Es evidente –analiza- que tanto Venezuela, como Colombia están sufriendo las consecuencias del auge delictual que se originan en ambos países, produciéndose una importación de los modus operandi de la delincuencia tanto común, como organizada. De allí que, de acuerdo a la realidad de  los venezolanos que vivimos en frontera, en muchos aspectos,  sentimos que no hay protección del Estado al producirse un alto índice de muertes por sicariato, secuestros, extorsión, (entre la que destaca la llamada comúnmente, ´vacuna´ que se le paga, tanto grupos irregulares colombianos, como a grupos de delincuencia común), donde la autoridad del Estado se encuentra desbordada y pudiera pensarse desde el punto de vista de la seguridad, que la delincuencia en muchos sentidos sobrepasa al Estado, viéndose el ciudadano común obligado en algunos casos, a pedir la protección de estos grupos, en fin, es por ello que manifiesto y reitero  que nuestra realidad, es muy compleja”.

La Venezuela polarizada políticamente y la falta de recursos

Pacheco Muñoz da cuenta que en la frontera venezolana, “específicamente el Estado Táchira, no escapa de la polarización que vive nuestro país, lo cual a traído como consecuencia la falta de recursos, falta de ejecución de obras en los servicios públicos, necesario para el goce y ejercicio de los Derechos Humanos, escasez de productos alimenticios, algunos de la cesta básica, disminución del empleo formal y aumento del empleo informal (llamado buhonería), aumento de la pobreza”.

De igual manera, resalta dentro de este contexto, la problemática que existe en cuanto al  combustible, ya que en la actualidad “hay un fuerte control en el acceso a este servicio público, pues  no se pueden echar más de 3 bolívares, en la mayoría de los casos hay hacer cola, en algunos momentos es fluida y rápida para llegar a los surtidores, pero a veces muy lenta, sobre todo los fines de semana, además de ello, se obligó al ciudadano tachirense a inscribirse en un censo, donde se debe dar claramente la identificación vehicular y de los titulares, con indicación expresa de su residencia, entre otros trámites necesarios para tener acceso al combustible, ya que las estaciones de servicio están militarizadas”.

Todo esto –según la especialista- bajo la justificación de evitar el contrabando, sin embargo, esa realidad no ha cambiado, porque el contrabando aunque sigue siendo un delito, no ha mermado con estas medidas restrictivas”. 

Más consecuencias de la ruptura

¿Y para qué sirve la ruptura?, es la pregunta lógica que le formulamos a Judith Pacheco.

Atento a su mirada, hasta ahora, no hay nada de bueno en el capricho bélico de dos presidentes. Por lo menos, para la gente.

Por eso, la entrevistada es que considera necesario “instar y llamar a la cordura, a la mesura y al ejercicio de una diplomacia de alto nivel de nuestros gobernantes”.

Sostiene que esto es necesario “para que cesen esas actitudes y no perjudique al pueblo fronterizo, y en general a todos los ciudadanos que vivimos en ambos países”.

“La  pregunta que nos hacemos los que vivimos en frontera, acerca de quién no tiene un familiar colombiano o que familia colombiana que vive en frontera no tiene un familiar venezolano, de tal manera, que ni los venezolanos, ni los colombianos tenemos una cultura xenofóbica, y no podemos permitir que se siembre una cultura de odio que no tenemos, porque al final, todos somos seres humanos”, dice.

Más arbitrariedades

Textual, de Judith Pacheco: “Después del anuncio del Presidente Chávez de romper relaciones con Colombia,  con motivo de  la presentación de las presunta pruebas  de la presencia de la guerrilla colombiana en Venezuela, dentro de campamentos ubicados en sitios específicos según el gobierno colombiano y bajo la presunta protección del gobierno venezolano, las relaciones entre los ciudadanos de ambos países en frontera sigue normal, dentro de lo posible, pero con una fuerte tensión, ante la posibilidad de restricciones de ambos lados, incluso se han incrementado ciertas arbitrariedades y atropellos en contra de las personas que viven en ambos extremos fronterizos, llevados a cabo por los cuerpos de seguridad de ambos países. De igual manera, la actividad comercial de la ciudad de Cúcuta y de San Antonio y Ureña ha mermado en gran medida, produciéndose grandes pérdidas económicas para ambos países, temiéndose incluso, que puedan llegar en su mayoría a la quiebra, lo cual traería un gran problema social, pues se perderían muchos empleos tanto de un lado como del otro”.

“En ese sentido –continúa la especialista venezolana- cabe destacar, que el presidente colombiano Álvaro Uribe, recientemente declaró lo siguiente: ´El gobierno colombiano tomará un conjunto de medidas para reactivar la economía en el departamento (provincia) colombiano de Norte de Santander y otras regiones fronterizas afectadas por la crisis con Venezuela… Se efectuará  una macrorueda de negocios que se llevará a cabo el 5 y 6 de agosto del presente año en Cúcuta (noreste), la capital de Norte de Santander, a la que convoco a todos los colombianos para que compren en esa ciudad y ayuden a salvar el empleo de nuestros compatriotas de la frontera´".

El alerta de quienes sufren la ruptura en la frontera, se completa, según Pacheco, con la “situación de emergencia económica, por decirlo de alguna manera, se encuentran los comerciantes venezolanos lo cual habría que ver, en los próximos días, que tipo de medidas tomará el gobierno central y regional en cuanto a esta crisis binacional, esperando la ciudadanía que se ponga de acuerdo tanto el gobierno central liderado por el presidente Hugo Chávez Frías y el Gobierno regional liderado por el gobernador Cesar Pérez Vivas, opositor al gobierno central y en fin, que cese el conflicto diplomático que se ha producido entre ambos países”.

Un deseo final: “Creo que debemos insistir como ciudadanos, que tenemos un derecho humano a la paz y a la convivencia pacífica de los pueblos y que por tanto, debe cesar esta crisis, pues no se puede seguir instando al conflicto, ello sería muy peligros para ambos Estados y sus ciudadanos, lo cual seriamos, en últimas, los más perjudicados”.