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Bajo el fuego menos pensado

Un Estado caracterizado por ser líder en tareas de rescates y salvatajes, se vio desbordado por un desastre natural que ya dejó 40 muertos. Y cuando el incendio forestal en la zona del Monte Carmel se tornaba incontrolable, apareció la ayuda que no estaba en los planes previos.

Israel está paralizado. Nadie encuentra respuesta y nadie logra dar una explicación lógica. Un incendio forestal ya dejó un saldo de 41 muertos y cerca de 12 mil evacuados de las inmediaciones de la ciudad de Haifa, una de las más importantes del norte del país por el valor comercial de su puerto.

Israel es, casi por excelencia, el país más preparado para diferentes tipos de catástrofes. Aquí son frecuentes los simulacros para saber cómo reaccionar frente a un ataque convencional de alguno de sus tantos enemigos en los países árabes. También se realizan ensayos para tener todo el mecanismo de emergencia listo por si Irán alguna vez cumple con su promesa y lleva a cabo un ataque químico o nuclear.

Sin embargo, las autoridades se vieron desbordadas cuando el enemigo, lejos de estar vinculado con la política y las relaciones exteriores, fue la naturaleza; tal vez, con algún condimento intencional humano, cosa que se está investigando por estas horas.

Inmediatamente, el primer ministro Benjamin Netanyahu apeló a la comunidad internacional para pedir ayuda concreta. Ya no se trató de relaciones diplomáticas para dejar bien parado a Israel en tal o cual negociación en los diferentes procesos de paz llevados adelante en diferentes momentos de la historias.

Esta vez, Israel, el mismo país que aparece primero en la lista cada vez que alguna nación necesita asistencia en casos de emergencias que revisten operaciones de rescate, mostró su lado flaco. El incendio resultó mucho más grande y más dramático que lo pensado y la situación se fue de las manos en cuestión de horas.

Si era un fenómeno esperado, es posible. El invierno israelí ha sido poco complaciente con las lluvias. Las precipitaciones se hacen esperar más de lo pensado y la sequía se nota por doquier. La falta de agua es un tema recurrente entre los israelíes, acostumbrados a convertir en vergel tierras no siempre fértiles para los cultivos. El territorio es tan chico que si no llueve se siente en el norte, en el centro y en el sur.

Los responsables del operativo fueron contundentes al promediar la tarde: el incendio se había descontrolado y no había manera de garantizar la seguridad de la gente que vive en la zona. Y casi sin medir palabras, un país como Turquía, que había enfriado sus relaciones con Israel tras el polémico caso de la “Flotilla de la Libertad”, comenzó a mandar su ayuda. Si bien no puede tomarse como un gesto para reencausar los vinculos complejos que existen -como todos en esta zona del planeta-, es algo.

En el peor momento de Israel, cuando la nación que es potencia y ejemplo en Medio Oriente mostró su costado débil, la comunidad internacional reaccionó para mostrar la cara oculta de la solidaridad.

Atrás quedaron las diferencias ideológicas, políticas y económicas. Y en medio de los festejos de Hannuká (la fiesta de las luminarias), del mismo modo en que sucedió hace miles de años, el fuego y la tragedia pueden significar un nuevo punto de partida para un país que lucha por conseguir definitivamente su identidad y por consolidar el espacio que tiene ganado en la región.