El pulso del rock hecho imagen: Jimena Savelli y el arte de detener el tiempo
Jimena Savelli inaugurará su muestra Live Music en el ECA y habló con MDZ sobre cómo capturar la energía de la música en imágenes.
Jimena Savelli logró capturar instantes únicos de figuras como los Rolling Stones.
Jimena Savelli.Hay instantes donde el estruendo de una guitarra eléctrica y el sudor de una multitud se condensan en un solo punto de luz. Ese segundo exacto, donde la escena se desnuda ante el lente de Jimena Savelli es capturado para siempre en una imagen que quedará para la historia.
De origen mendocino, pero con una mirada que ha recorrido los escenarios más importantes del mundo, Savelli se convirtió en la cronista visual preferida por leyendas de la talla de los Rolling Stones, Iggy Pop y Aerosmith.
Este viernes 17 de abril, a las 20 h, esa energía se traslada a las paredes del Espacio Contemporáneo de Arte Eliana Molinelli (ECA). Bajo el nombre Live Music – captura la pasión, la artista presenta una experiencia inmersiva que redefine el vínculo entre la fotografía y el espectador. La muestra propone un recorrido visceral a través de retratos en blanco y negro y gigantografías que envuelven la arquitectura del lugar, transformando el museo en una caja de resonancia visual. Con entrada gratuita, la exposición permanecerá abierta hasta el 4 de julio.
En la previa de la inauguración, Jimena Savelli dialogó con MDZ Show sobre la filosofía detrás de su lente.
- En Live Music hay una decisión muy clara por el blanco y negro y el alto contraste. ¿Qué te permite ese lenguaje que no encontrás en el color?
- La elección del blanco y negro fue una decisión tomada para resaltar la figura del artista, lo cual lo coloca o lo expone en su estado más puro; es decir, lo destaca y, a través de los contrastes sobre fondos profundos y oscuros, logro aislarlo en la escena, destacando su presencia, su identidad, sus expresiones y su carácter. De esta manera, la imagen se concentra en el blanco y negro y la luz define volúmenes, haciendo emerger la figura con potencia sobre la oscuridad, transformando cada toma en una pieza visual contundente. Cada imagen detiene un instante preciso y lo transforma en una pieza visual única, donde la luz define volúmenes y la figura emerge con potencia sobre la oscuridad. La muestra configura un recorrido visual en el que la fotografía se convierte en un lenguaje capaz de traducir el pulso del vivo en imágenes icónicas, acercando al espectador a la experiencia íntima y visceral del escenario. El blanco y negro reduce la información cromática y deja al artista expuesto en su estado más puro. El contraste me permite trabajar la luz como si fuera materia, modelar el cuerpo, el gesto y la presencia, donde el artista se vuelve protagonista. No documento un show: busco traducir su intensidad.
- ¿Qué análisis haces antes del disparo perfecto que va a capturar un momento efímero, pero que quedará para la posteridad?
- Antes del disparo hay una lectura constante de la escena. Observo el ritmo del artista, su desplazamiento en el espacio, la dirección de la luz y la energía que se construye en el escenario. Trabajo desde la anticipación: intuyo cuándo ese instante va a suceder. Busco lo que Henri Cartier-Bresson definía como el "instante decisivo": ese punto exacto donde forma, luz y gesto se alinean. No es un momento azaroso, es una construcción que sucede en fracciones de segundo. Analizo el encuadre, la composición y la relación entre figura y fondo. Elijo el momento en que el cuerpo, la expresión y la luz alcanzan su máxima tensión visual. El disparo no es sólo técnico, es intuitivo. Es el resultado de una conexión directa con lo que está ocurriendo. Ese instante es efímero, pero cuando se captura, se transforma en una imagen que permanece.
- Si tenés que elegir entre la foto analógica y la digital, ¿con cuál te quedás?
- Trabajo con fotografía en digital, debido a la velocidad que exige el vivo, pero mi mirada es analógica. Pienso cada imagen como si fuera única, como si no hubiera otra oportunidad. Lo digital me otorga disponibilidad de oportunidades, ya que encierra cúmulos de momentos que no podría capturar con la fotografía analógica. Sin embargo, sostengo una lógica de trabajo más cercana a lo analógico: precisión, síntesis y decisión en el instante. La herramienta puede ser digital, pero la mirada, el criterio y la construcción de la imagen responden a una forma más clásica y consciente de fotografiar.
- ¿Existe una estética universal del rock o cada escena tiene su propio lenguaje visual?
- El rock marca su propia estética debido a su lenguaje, su contraste y su energía. La música en vivo, y en especial el rock, tiene una energía universal, pero cada escena la expresa de un modo distinto. Mi trabajo se basa en la búsqueda de ese punto en común: la intensidad, la presencia; es decir, la verdad escénica. En ese cruce es donde construyó la imagen, tratando de capturar aquello que trasciende estilos, épocas y contextos, y que define al rock como una experiencia visual y emocional única.
- Hay una fuerte idea de cercanía en tus imágenes. ¿Es una forma de democratizar el acceso a figuras que suelen ser inalcanzables?
- Sí, absolutamente. Mi mirada nace desde un lugar independiente, desde el público. Durante mucho tiempo trabajé sin credenciales, y eso me llevó a construir un enfoque distinto: acercarme al artista desde un punto de vista más real y directo. Ese lugar me permitió generar imágenes únicas, tomadas desde el corazón mismo de la masa de fans, un territorio poco explorado donde el artista y el público se encuentran, se cruzan y se potencian. No se trata solo de acercar al músico al espectador, sino de integrar ambos en una misma escena, donde la energía es compartida y la emoción es real. Ahí es donde aparece algo muy potente: la identidad del público también forma parte de la imagen. En el caso argentino, esa intensidad y pasión son únicas, y esa fusión entre artista y audiencia construye una narrativa visual propia, donde la cercanía no es solo física, sino que es también emocional. A partir de esa búsqueda, consolidé una identidad visual que rompió, con esa distancia entre el público y el músico. Me interesa capturar esos gestos, esas expresiones y esa pasión que muchas veces se pierden en la escala del show, pero que definen la verdad escénica. Con el tiempo, esa mirada llamó la atención de los propios músicos, productores, medios y me permitió acceder a festivales y bandas internacionales y nacionales. Pero lo esencial no cambió: sigo trabajando desde esa cercanía, construyendo imágenes que no separan, sino que unen al artista con su público en un mismo instante.
- ¿Hay algún artista que te haya marcado especialmente desde lo humano o lo escénico?
- Puedo decir que sí. Trabajar con artistas de la talla de The Rolling Stones, Iggy Pop y Aerosmith me marcó profundamente. Son figuras con una presencia escénica que trasciende la música; hay algo interno, visceral, que sucede en el escenario y que es imposible de ignorar. Haber trabajado con ellos significó, sin duda, un antes y un después en mi recorrido profesional. Desde lo humano, esa experiencia transformó mi mirada y consolidó una visión auténtica. También, siendo fotógrafa mendocina y mujer, me permitió forjar una identidad propia y auténtica , que me llevó a alcanzar mis objetivos y proyectarme más allá de lo imaginado. Mi conexión con los músicos nace, fundamentalmente, de mi pasión por la música y la fotografía. Esa intensidad genera un vínculo genuino que se percibe en las imágenes, pero también en el momento mismo de fotografiar. Desde lo humano y lo escénico, he logrado establecer una conexión visual con los artistas que va más allá de la imagen. No solo por las fotografías que capturó, sino por la pasión con la que trabajo, que ha llamado su atención y ha generado que se acerquen, que posen y que confíen en mi mirada. Ese vínculo, poco habitual, es difícil de explicar en términos racionales. Es una conexión que sucede en el instante, donde la energía, la presencia y la emoción se alinean y hacen posible la imagen.
- ¿Qué va a descubrir el público en esta propuesta?
- Live Music no es solo una exposición, sino que es una experiencia visual inmersiva. La propuesta incluye una puesta espacial que recrea la intensidad de un recital dentro del museo, llevando al espectador a vivir la música desde una dimensión sensorial. La idea es que el espectador no solo observa, sino que viva y sienta la escena del recital. La muestra configura un recorrido y una experiencia visual inmersiva, propone una puesta que combina fotografía, el diseño que interviene las imágenes en gigantografías, y sonido para recrear la atmósfera eléctrica de un show en vivo dentro del museo. La fotografía se convierte en un lenguaje capaz de traducir, el pulso del vivo en imágenes: retratos del Rock en su estado más puro, que acercan al espectador a una experiencia más íntima del escenario. En ese cruce, Live Music se transforma en una propuesta donde el espectador no solo observa, sino que se sumerge en el universo del rock. Live Music no solo se observa: se vive y se siente.
- Si Live Music fuera una canción, ¿qué energía tendría?
Tendría la energía de un instante al borde de la explosión. Esa tensión donde todo está por suceder: el cuerpo, la luz y el sonido; un pulso profundo, crudo y directo. Como una guitarra eléctrica que se expresa en cada cuerda, generando contrastes que atraviesan los extremos de los sentidos. Como el rock en vivo: intenso, eléctrico e irrepetible.
- Después de haber llegado a escenarios internacionales, ¿qué te sigue movilizando a la hora de agarrar la cámara?
- Me moviliza la pasión por la fotografía y la música, junto con la necesidad de expresarme y la curiosidad constante por documentar momentos y contar historias a través de imágenes. Desde una mirada cercana al fotoperiodismo, me interesa registrar lo que sucede en el instante y construir un testimonio visual que permanezca en el tiempo. La energía de la música en vivo es un motor constante: cada show es distinto, cada instante es único e irrepetible. Ahí está el verdadero desafío, en capturar esa intensidad que desaparece en segundos. Esa adrenalina de estar en el momento justo, frente a lo que sucede en escena, es lo que me impulsa a seguir. Mi búsqueda es permanente, es lo que me impulsa: encontrar esa imagen que todavía no hice. Traducir la música en imagen, capturar esa energía del vivo que no vuelve a pasar igual y congelar instantes que se transforman en memoria. El desafío no es solo documentar, sino lograr que la imagen conserve la fuerza de ese momento. Esa exploración constante es lo que me permite construir un registro personal, una huella que trascienda el instante y forme parte de la memoria y la historia de la música en vivo.






