El arrepentimiento oculto de Mario Pergolini que sorprendió a todos: "De esa es la que siempre me..."
En medio de un debate sobre los límites de lo correcto y los errores de juventud, el conductor confesó una desopilante anécdota.
El productor mostró su remordimiento ante el hecho.
Archivo MDZEn una reciente emisión de Otro día perdido, la charla de la mesa derivó hacia aquellos delitos menores que muchos han cometido, ya sea por travesura infantil o por la inercia del grupo. Lo que comenzó como un intercambio sobre hurtos inofensivos en jugueterías y supermercados, rápidamente tomó un giro más oscuro cuando Mario Pergolini recordó un episodio que le genera un profundo remordimiento.
El conductor dejó de lado los robos de la infancia y sorprendió a todos al confesar un delito de otra magnitud. "Un auto estéreo me robé", lanzó sin filtros, descolocando al resto del equipo. Ante la intriga de la mesa, Pergolini detalló que se trataba de uno de esos clásicos estéreos de la época "con bandejas" que se sacaban y se ponían. Aclaró que no hubo necesidad de romper un vidrio ni forzar la cerradura, ya que la puerta del vehículo se encontraba abierta.

Te puede interesar
Damián Betular y Mario Pergolini revelaron la obsesión que los une
El desenlace de la historia
Sin embargo, el peso de la culpa no tardó en llegar. Mario explicó que el hurto fue motivado más por la presión de sus amistades que por una verdadera intención delictiva. "De jodón fue, más que... de grupal, de no frenar con la manada, ¿no?", reflexionó, explicando cómo se fueron potenciando unos a otros. Al alejarse con lo robado y hacer una cuadra, se dieron cuenta de que ninguno tenía auto y no sabían qué hacer con el dispositivo, ni cómo justificar la obtención del objeto ante sus padres. "Y esa es la que siempre me arrepiento", concluyó.
Pero la tensión del relato de Pergolini encontró su contrapeso perfecto y descontracturado en la voz de Evelyn, quien aportó su propia experiencia en el mundo del "crimen", aunque en una escala mucho más tierna y adaptada a la viveza de los ocho años. La joven relató que, ante la imposibilidad de que su madre le comprara figuras de Pokémon en el supermercado, ideó un plan maestro. Su táctica consistía en quedarse mirando los juguetes por mucho tiempo y, con total disimulo, ir rompiendo el cartón del empaque con el dedo hasta que la figura caía en sus manos. "Y así me afané un Pikachu", remató entre risas.
Entre la picardía, levantó la vista y se encontró con un guardia de seguridad parado frente a ella. Presa del pánico, soltó todo y le suplicó al custodio que no le contara a su madre. En un enorme gesto de complicidad que ella define como que le "salvó la vida", el guardia guardó el secreto y la dejó pasar, permitiéndole llevarse a casa aquel Pikachu.
