Nicolás Maiques: “Si la gente fuera a terapia, el mundo sería más sano”
Nicolás Maiques siente que tiene una especie de don. “Es mágico el poder hacer algo para que la gente se ría -explica en diálogo con MDZ-. Siento que me tocaron con una varita para alegrarle un poco la vida a la gente, aunque sea una hora y cuarto. Eso es ser millonario, afortunado”.
Que función tras función el público se divierta, cuenta, es lo más fabuloso que le puede pasar tanto a él como al elenco de Velorio a la carta. La obra era un proyecto que tenía pendiente que, al igual que muchos, quedó truncado en 2020 por la pandemia de covid-19. Dirigido por Diego Reinhold, comparte escena con Julián Weich, Alejandra Majluf, Celeste Campos y Fabián Arenillas. Es una comedia negra que con un humor inteligente y con situaciones que, por momentos, rozan lo bizarro, interpela al espectador sobre qué se ríe y, también, sobre los límites que se está dispuesto a traspasar en búsqueda de la verdad.
En su caso, él pasa cualquier límite si eso no daña a otro. “No tengo ningún problema en hacer lo que haya que hacer para buscar la verdad, siempre y cuando mi búsqueda no lastime. No tiene sentido. Es como el humor, que tiene un límite muy delgado que es la agresión… cuando agrede, no es humor. Hay gente que hace chistes con el otro y no con uno mismo y roza la agresión”, afirma.
Maiques es el primero en reírse de sí mismo. Cuando se cae, comete un furcio o tiene un error de cualquier tipo, se divierte y no se pone mal. Pero esto no siempre fue así. “Hoy me causa gracia. Si alguien se resbala, me voy a reír y creo que es algo que nos pasa un poco a todos. Nos reímos del accidente, del error… pero lo bueno es poder reírse del error propio. Antes no era tan bueno conmigo mismo a la hora de equivocarme, cuando era más chico… a los 18 o 20 años, si me equivocaba era muy cruel conmigo”, indica.
- ¿Qué te llevó a ese cambio de actitud?
- Terapia, mucha terapia. Voy desde los 4 años y ahora tengo 42. Me ayudó la terapia y poner el foco ahí, en que eso no tenía que ser así y en querer tener una vida mejor. Entender que el error es tu mejor amigo porque es tu maestro. Aparte el error, sobre todo en la comedia, es maravilloso para hacer reír aún más a la gente. Si en una comedia vos te ponés tenso, el público también. En cambio, si vos te reís, el público va a estallar de la risa. Fui entendiendo eso y fui entendiendo un montón de cosas… de qué me pasaba a mí, por qué tenía tanto mambo con el error y que era por cosas del pasado.
- ¿De dónde viene ese mambo con el error?
- Todo viene por la discriminación con mi sexualidad. No quería darle un motivo a nadie para que me pudieran decir algo más, entonces pretendía ser perfecto. Ya tenía bastante con lo de la sexualidad que me decían “puto, puto, puto”, para encima también ser imperfecto. Pobre, era mi pensamiento inconsciente. Lo fui entendiendo después. Mi cerebro buscaba la perfección, cosa que es inviable, para no darle a nadie la chance de que dijera más nada. Ya era bastante con eso. Después me fui aflojando y pude liberar mi sexualidad, darle la entidad que se merece, que es simplemente un punto más en la vida. Pero antes, con tanto “puto, puto, puto”, era el 100% de mi existencia. Solo se hablaba de eso. En la escuela era “puto, balín, tragasable…”. Era insoportable. Tanta entidad le dio la sociedad a mi sexualidad, que yo también… pero para un lado negativo. Me hacían mierda. Y sigue pasando. Hoy, alguien dice que es gay y todavía hay un “ay, mirá… sos gay, uuuh”. Todavía es un tema.
- En 2024 sigue siendo un tema tabú. Vos sufriste discriminación de tus compañeros durante las grabaciones de exitosas tiras televisivas. ¿Qué tanto sigue pasando eso hoy?
- Sí, en Rebelde Way y en un montón de programas. Ahora sigue pasando pero cambia la actitud del puto, ya no se deja boludear tanto. Al vos mismo reírte de tus cosas, no solo de tu sexualidad y al verte tan libre… carece de sentido el insulto. El que quiere generar odio o lastimar, cuando ve que no lo logra, se retira y va para otro lado. Cambió la postura del discriminado. No todas las personas pueden empoderarse todavía, aunque no me guste mucho usar esa palabra. Muchos siguen sufriendo la discriminación. Hay que trabajarlo. Tienen que ir a terapia, buscar ayuda como sea, donde sea. El tipo de terapia que les sirva… hoy hay muchas alternativas. A mi me gusta el psicoanálisis. Si la gente fuera a terapia, el mundo sería más sano. Debería ser obligatorio. Sería mucho más vivible y habría menos patológicos. Como te digo, hoy sigue pasando, pero lo que cambia es la postura de la persona discriminada… La gente reprimida te detesta cuando te ve libre, les agarra como una bronca que necesitan subestimarte, denigrarte y vos los podés mirar con compasión cuando ya elaboraste todo eso. Te das cuenta que a esas personas les falta libertad. Me ha pasado, me han agredido varios con cosas que no entendía por qué. Fui a charlar con ellos y me di cuenta que no eran libres y veían en mí la libertad o creían ver libertad, porque nadie es tan libre. Eso es lo que les duele, ver libertad cuando no la tienen.
- ¿Qué importancia le das hoy a lo que otros opinan?
- Menos 10. Me importa un pedo lo que opinen los demás. Claro que nadie quiere ser odiado o denigrado por todo el mundo. Pero si la opinión ajena es el 100% de la humanidad… algo está mal. Siempre va a haber gente que opine cosas feas y… ¡qué me importa! Hay gente que también opina cosas lindas. No creo ni lo lindo, ni lo feo. Viene un fan y te dice “ay te amo, sos hermoso, divino, perfecto”, a los dos segundos miraste para el costado, pensó que eras un asqueroso y te odió. No hay que creer nada, ni lo lindo, ni lo feo de la gente que uno no conoce ni que a uno no lo conoce. Si me va a importar la opinión de mi familia, amigos, de la gente que realmente me conoce. Pero me importa la que es coherente y tiene sentido, porque también hay familiares y amigos que dicen estupideces. Me importa lo que me tiene que importar… y eso llevó mucho tiempo y trabajo. Después de haber leído y escuchado tantas cosas sobre mí, uno se curte.
- ¿Qué fue lo peor y lo mejor de la exposición a tan temprana edad?
- Para mí, no hay algo peor. Todo fue fabuloso, incluso si hubo cosas malas. Es una profesión que elegí desde que nací. Nací con el deseo de actuar, bailar, conducir, componer… vino el combo conmigo. Y lo sigo queriendo hoy. Es muy loco, que alguien tenga el mismo deseo… fue mutando, pero es el mismo deseo. Lo sigo eligiendo porque no le encuentro algo negativo. Es una profesión hermosa. ¿Qué puede pasar? Opinan aunque no seas famoso, aunque seas empleado de un banco. No tiene nada distinto a otro trabajo. Sí te ven más y se puede magnificar un poco…. En vez de opinar 20 personas, lo hacen 200 mil en redes sociales.
- Una de las grandes cosas que te trajo la profesión fue poder trabajar en el exterior… ¿Por qué regresaste a la Argentina?
- Sí, me permitió conocer y es maravilloso conocer gente, culturas. No creo en el para siempre, ni siquiera con respecto a la Argentina. Cuando surgió hacer una novela en Ecuador, fui, la hice, terminé y volví. No es que me ofrecieron ir a quedarme a vivir allá. No me fui a ver qué pasaba, fui puntualmente por una novela. Lo mismo pasó en Perú, fui a hacer un par de programas, pero puntualmente eso. No es que también agarré la valijita o la mochilita, a ver qué pasaba y me instalé en Perú. Mi plan no era irme de Argentina, fui a hacer un proyecto y volví. Lo mismo cuando hice una novela en Italia. Pero si por alguna razón surge un proyecto que dure más años y que eso implique no volver a Argentina, lo haría. No porque no quiera al país, sino porque si pasan cosas lindas en otro lugares… bueno. Acá tengo a mi familia y a mi perro, que es mi hijo. O me los llevo, o vendría a visitarlos todo el tiempo.
- La última, Velorio a la carta era un tema pendiente. ¿Qué otros tenés por cumplir?
- Estoy por empezar a hacer algo como conductor y eso es lo que más tengo pendiente. Últimamente estoy más en rol de conductor que de actor. Me divierte más hacer programas de entretenimiento. No es que no quiera actuar más, sino que estoy en una etapa donde estoy conectado más conmigo mismo y con ser yo en los proyectos.
Para agendar
Velorio a la carta
Viernes y sábados de marzo, a las 22:30, en el Teatro Regina (Avenida Santa Fe 1235, Buenos Aires). A partir de abril: funciones viernes y domingos. Entradas en Plateanet.