Paul McCartney y el placer de ser contemporáneo a su música
Mi nombre es Gabriel, tengo 30 años y nací en Mendoza, a más de 11 mil kilómetros de Liverpool y más de 30 años después del surgimiento de The Beatles. Este sábado 5 de octubre, a las 21.17 y por casi tres horas, junto a alrededor de 80 mil personas, fui contemporáneo en tiempo y espacio a Paul McCartney.
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Estuve con esta página en blanco, escribiendo y borrando, durante más de una hora porque no sabía cómo narrarles, no lograba poner en palabras las sensaciones que pude sentir al ver en escena al artista vivo más importantes de la historia de la música -junto con Mick Jagger-.
Esto no será una crítica periodística sino simplemente será -o intentaré que lo sea- la narración de sensaciones que logró generar un señor de 82 años a través de su cuerpo y alma.
Ya el hecho de acercarse al Estadio Monumental y ver a los cuatro de Liverpool en remeras, tatuados en la piel y en el aura de la gente, transmitía sensaciones inigualables y difíciles de explicar. Es que si algo que se destaca que tiene el mundo del arte, en este caso la música, es el poder generar en otra persona emociones varias a través de letras y acordes.
Esas letras, junto a esos acordes, cuando llegan a la mente de seres superiores, como Paul McCartney, pueden derivar en canciones como "Blackbird" (1968), "Let it be" (1970) o "Hey Jude" (1968), solo por mencionar tres. Esas canciones atravesaron generaciones y hoy, a más de 50 años, siguen estando vigentes y considerándose las mejores canciones compuestas en la historia. Esas canciones sonaron en el show que realizó el beatle en el estadio de River Plate. Esas canciones sonaron y esas 80 mil almas pudimos disfrutarlas en vivo, una vez más.
Cada una de las esas canciones nos traslada a distintas etapas de la vida, a distintos momentos y emociones. Cuando sonó "Blackbird" y, mientras el escenario con Paul se elevaba, también se elevaron 80 mil recuerdos, 80 mil historias, 80 mil sensaciones, 80 mil momentos.
Contarles el setlist, el desempeño, la excelencia artística o bien la energía, carisma o desenvolvimiento de Paul sobre el escenario es como intentar describir una obra de Da Vinci o una escultura de Miguel Ángel, sería intentar hacerle una crítica a la perfección.
A lo largo de casi tres horas y de más de 30 canciones, Sir Paul McCartney estableció un nuevo concepto de excelencia musical y de energía real sobre el escenario. Sin ayuda de ningún tipo, a través de la tecnología, y sin necesidad de decir mayores palabras fuera de sus canciones, el beatle logró que el espectáculo atraviese todos los estados posibles.
A sus 82 años evidenció por qué es uno de los referentes indiscutidos de todos los artistas del mundo y qué lleva a que la historia lo ubique entre los mejores músicos que han habitado esta tierra. La presencia de Paul McCartney una vez más sobre nuestro país es una caricia del destino ante la crisis social, política y económica. Al menos durante tres horas la vida nos hizo creer que no todo está perdido y que la música siempre, pero siempre, nos salva.
Cuando cerró el espectáculo dijo "Hasta la próxima, Argentina". Ojalá así sea.
Ojalá, querido Paul.

