Fiesta Nacional del Teatro

Manuelita, la obra que refleja “cómo es ser puto en un pueblo”

El espectáculo de Alejo Sulleiro, que representa a Buenos Aires en la 37° Fiesta Nacional del Teatro, realizó cuatro funciones y el público aplaudió de pie. “Sentimos que llegamos a los corazones, que tocamos sensibilidades. Las devoluciones son muy amorosas y genuinas”, reconoció el artista a MDZ.

Pablo Gordon
Pablo Gordon martes, 19 de septiembre de 2023 · 15:56 hs
Manuelita, la obra que refleja “cómo es ser puto en un pueblo”
Manuelita Una de las obras que representa a Buenos Aires en la 37° FNT Foto: Gentileza INT

En Allen, el pueblo de Río Negro donde nació y se crió el actor, dramaturgo y director Alejo Sulleiro, hay un río, una barda y una charca. Es allí donde transcurre Manuelita, la obra que él escribió y que representa a Buenos Aires en la 37° edición de la Fiesta Nacional del Teatro.

Es su historia, la que le pasó 10 años atrás cuando iba al colegio; la de un adolescente homosexual que creció en un lugar al que la deconstrucción y la inclusión no había llegado. “Sigue siendo hostil la cosa en las escuelas secundarias y en las primarias, pero ahora hay más herramientas para acercarse y aproximarse a las infancias y no ser tan punitivo frente a esto. Antes era imposible, no podías. Ahora la gente se lanza a investigar. Algunos, no todos. Obviamente que hay un gran porcentaje que sigue siendo homofóbico, muy transfóbico y racista”, reconoce.

Y sobre el presente, el artista de 25 años, indica: “Hay que agarrarnos de todo lo que sí tenemos y de ahí crecer. Hay mucho territorio ganado y vamos a ganar más, porque seguiremos incomodando y haciendo, empujando nuestros lugares y desarmando los patrones de lo heteronormal que están en nosotros. No hay que adaptarnos porque lo hacemos para sobrevivir y ahora la búsqueda está por otro camino, otra manera de vivir”.

Tiago Mousseaud y Tomás Corradi Bracco en escena / Foto: Gentileza INT

Sulleiro ya realizó cuatro funciones (dos en La Rioja y dos en Catamarca) en el encuentro de teatro independiente más importante del país y que en esta edición es interregional. En todas, el público ovacionó al elenco La Emperifollada de pie. Después de su paso por el festival, el artista dialogó con MDZ.

- Hablás de generar incomodidad. ¿A qué te referís?
- Tengo un amigo, que también es director en mi pueblo, que una vez me dijo que en las obras de teatro la gente tiene que entrar y salir de otra manera. Si la persona entró y salió igual, no funcionó. Incomodar para mí hace que el cuerpo tenga que moverse del lugar donde está para poder encontrar ese equilibrio y poder estar cómodo. El teatro sí o sí tiene que generar un estado físico activo en el espectador siempre, desde lo emocional y lo corporal. Me encantan las obras que me generan tener el culo en la punta de la silla esperando a que suceda algo, que me mantengan expectante, con ganas de seguir percibiendo, viendo… y que, después, cuando yo estoy blandito, me toquen una fibra y me cambien la perspectiva, me afecten. Mi idea del teatro es generar afecto, no impacto o incomodar desde lo violento o el shock. Eso es muy violento, es un teatro también viejo, es replicar también un tipo de discurso antiguo. Fue necesario para romper cosas, pero eso ya pasó. Ahora podríamos ir encontrando el asombro desde la ternura, desde lo suave, desde lo poroso. Incomodar también es eso, como cuando uno está dentro de la cama y busca un lugar más calentito.

- ¿Qué te genera lo que pasa con el público cuando termina Manuelita?
- Estoy completamente extasiado, feliz. Lo decíamos con nuestros compas de La Emperifollada, que lo que más nos está gustando de estar acá en la Fiesta Nacional del Teatro es que de pronto sentimos que llegamos a los corazones, que tocamos sensibilidades. Nos pone muy felices, porque las devoluciones son muy amorosas y muy genuinas. No hay algo de tratar de hacernos sentir bien o como que es lo políticamente correcto. Nos agradecen y es algo que no hacían mucho en otros lugares. Es muy fuerte, como si la obra hubiera hecho algo por la gente. Estamos acostumbrados a agradecer al público por querer venir a vernos y que ellos nos agradezcan por hacer una obra nos sacude el piso y nos hace amar más lo que estamos haciendo y querer hacerlo más y en todos lados. Esta fiesta nos dejó manijas. Ahora queremos ir a todas las provincias, comprarnos un auto y llevar la obra por todos lados.

- ¿Era esto lo que buscabas cuando la escribiste?
- No era una idea desde el primer momento generar eso de la ternura. Cuando empecé a escribirla, pensé que era una obra bastante bruta, disruptiva y golpeadora y mientras que la íbamos ensayando me di cuenta que no, que había muchas escenas cursis. Había muchas escenas suaves y que era una obra más vulnerable que enojada. Hay bronca dentro de la obra, pero no es una bronca destructiva. Es una bronca de querer cambiar las cosas.

- La obra tiene mucho autorreferencial. ¿Había una necesidad de catarsis o por qué la escribiste?
- El proceso de escritura empezó por un miedo. Quería hacer una obra de teatro sí o sí, quería actuar. La escribí queriendo actuarla. Tenía pánico a lanzarme en Buenos Aires a hacer una obra de teatro cuando la demanda es tan grande y hay tantas obras y hay tantos espectáculos que son muy profundos. Tenía miedo, vértigo porque no sabía de qué hablar o de hacer algo que me dijeran que era muy superficial. Me pregunté de qué podía hablar que supiera mucho y dije “ser puto en un pueblo”. En ese momento, en 2018 o 2019, empecé a tener un despertar, un darme cuenta de un montón de cosas de mi construcción como marica, como hombre homosexual, un varón cis homosexual. Tenía una forma de pensar re machista, que no me di cuenta y estaba arraigada a mi sentir. Entonces empecé a romperlo y a hablar desde ahí, desde ese adolescente. A mi me decían Manuelita y lo que es biográfico son los textos que se proyectan; después, las escenas son ficción mezclada con realidad, no es puramente una representación de algo que sucedió.

Ignacio Henríquez, Stefy Sleiman, Tiago Mousseaud, Tomás Corradi Bracco y Alejo Sulleiro / Foto: Gentileza INT

- ¿Por qué no la actuaste vos? 
- Terminé de escribirla y dije no puedo hacer todo. Dirigir, actuar y escribir… me iba a volver loco. Pensé en buscar un director y no quería que otro agarrara el texto y lo rompiera. Lo escribí con una idea muy clara en la cabeza. Ahí decidí que la iba a dirigir, así veía las imágenes que tenía en la cabeza. Llamé a la Tiaga (Tiago Mousseaud) y a Tomi (Tomás Corradi Bracco). El texto está escrito como un monólogo, pero en la puesta quise que aparezcan dos personajes. Verla desde afuera me sirvió también para entender más al texto y qué código de actuación podía usarse, qué recursos y fue hermoso. Función tras función la obra va creciendo y se siguen sumando cosas.

- La obra se sitúa una década atrás, ¿cómo es ser gay hoy en Allen?
- Podemos decir que está todo un poco más fácil, por la militancia y el devenir de los años con un Estado muy presente. Porque el Estado está bastante presente y nosotros lo damos por sentado. No me gusta comparar, pero a veces hay que comparar y decir “chicos, nosotros a veces somos muy privilegiados”. Argentina es un país muy privilegiado para ser del colectivo y ser una disidencia. Eso es bastante. No es perfecto, obvio; pero estamos bien. Estoy agradecido. Hay cosas que todavía podemos corregir porque además lo vamos a hacer porque por algo estamos acá, porque se hizo militancia y hubo mucho accionar. En Allen, veo a muchas mariconas y me encanta verlas haciendo su vida.

- ¿Qué pasó cuando presentaron Manuelita en el pueblo?
- Todavía no lo hacemos y estoy desesperado (se ríe). Intentamos llevarla en mayo y no lo logramos. El año que viene si o si y quiero que sea en el teatro Municipal de Allen, no podemos dejar de hacerla y que no haya ido ni una vez para allá. El primer texto de la obra es: “En mi pueblo hay un río, una barda y una charca”. La obra es Allen.

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