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La milenaria batalla entre el ser y el deber ser en clave de danza

Después de nueve años, Cuervo Blanco reestrena en Mendoza con una puesta renovada que combina coreografías contemporáneas y aéreas. “Ojalá esta vuelta sea una forma de mostrar que la danza es infinita, versátil y tiene mucho para dar”, señaló su director, Gonzalo Palacios, a MDZ.
Giovanna Tomba protagoniza Cuervo Blanco Foto: Vanesa Marengo
Giovanna Tomba protagoniza Cuervo Blanco Foto: Vanesa Marengo

Allá por el 2014, el bailarín mendocino Gonzalo Palacios dirigió Cuervo Blanco, una obra coreográfica en la que su protagonista sobresalía por ser diferente. Y lo mismo ocurrió con el espectáculo. Sucedió que, en ese entonces, en Mendoza no era común ver obras íntegramente de danza. Fue galardonada como Mejor Obra del año en los Premios UNO Escenario y, para muchos, marcó un antes y un después en la escena local.

Hoy, a casi una década, nuevamente se presentará en el Teatro Independencia, el escenario que la vio nacer. Y si bien la puesta está renovada, y a la danza contemporánea ahora se suma danza aérea, la historia es la misma. Trata sobre un ave diferente a las de su clase, no solo por su color sino por la pureza de su alma, que se disputa entre lo que quiere y lo que los demás quieren de ella.

Cuervo Blanco es una obra coreográfica que combina danza contemporánea y aérea /  Foto: Vanesa Marengo

Antes del reestreno, el próximo sábado 22 de julio, Palacios habló con MDZ.

- ¿Por qué volver con esta obra después de nueve años?

- Nosotros, los bailarines, tenemos la mala costumbre de hacer pocas funciones de nuestras obras. Y Cuervo Blanco no fue la excepción. Mariana Carrión, una amiga productora y con quien queremos trabajar hace mucho, conocía la obra y me dijo que era un despropósito dejarla en el recuerdo. Ella puso la semilla y lo demás fue un enrosque mío que fue contagioso. Por momentos lo sentía como una reunión de egresados, como una posibilidad de volver a encontrarse y de revivir algo que nos marcó fuertemente después de tanta vida. Además, si bien siempre estuve ligado a la escena, hacía un tiempo que no dirigía y me pareció una muy buena oportunidad para, también, marcar mi vuelta.

- En su estreno, se dijo que Cuervo Blanco marcó un antes y un después en la escena local. ¿Por qué?

- Bueno, la verdad que esas no son palabras mías. Fue una sensación contagiosa y una frase que escuché seguido después de su estreno. En 2014, no era para nada común ver una obra íntegramente de danza. Y digo no como una muestra, sino con un argumento, guion, una historia que no se narra desde el parlamento, sino desde el movimiento y utilizando todo el cuerpo. Humildemente, Cuervo Blanco fue de las primeras obras en marcar una tendencia que después se alimentó de muchas otras producciones que tenían a la danza como estrella, pero dentro de un contexto teatral. Y lo más valioso fue que se trató, y se trata, de una producción completamente independiente. Hoy la danza sigue buscando su espacio, buscando una ley que la reconozca como trabajo. Si te fijás, es una tendencia que en los festivales importantes prácticamente no hay lugar para la danza. Ojalá esta vuelta en 2023, sea también una forma de mostrar que esta disciplina es infinita, versátil y tiene mucho para dar.

- Habla sobre la milenaria batalla entre el ser y el deber ser, ¿cómo lo hace?

- Primero, con una historia narrada en forma de fábula. Es decir, es una historia muy simple y por eso el espectador se mete rápidamente. Después, lo involucra, lo interpela y con eso, logra la identificación. Todos, en algún momento de nuestra vida, podemos sentirnos un cuervo blanco: queriendo ser algo, amar a alguien, jugarnos por alguna cuestión que, a los ojos de la sociedad, de lo que nos dicen que “debe ser” no está bien. Cuando estrenamos hace diez años, la obra hacía mucha referencia a cuestiones de género. Hoy, que en cierta forma eso ha cambiado, muta en muchas otras situaciones. ¿Has notado cuánta gente renuncia a sus trabajos, simplemente porque no es feliz haciendo lo que hace? Todos esos son cuervos blancos, que se jugaron por ser lo que quieren y no lo que deben.

Equipo completo de Cuervo Blanco / Foto: Vanesa Marengo

- ¿Qué nuevos aportes tiene esta versión?

- Bastantes. El núcleo de la historia se mantiene, pero Cristian Lara y Flavia Marino, los coreógrafos originales, decidieron hacer un nuevo planteo coreográfico. Esta versión no es tan intuitiva, tiene muchísimo trabajo de estudio y análisis de la naturalidad, de lo que son los cuervos, los caballos, el bosque en el que viven y mueren. Hicimos un fuerte trabajo desde lo interpretativo con Daniela Colomer para crear a cada animal y su relación con el resto. Desde lo visual, generamos una escenografía y una puesta lumínica nueva. La escenografía, diseñada por Luciano Cortés, está hecha en su totalidad con elementos reciclados. Pero, esta vez, el mayor desafío es un efecto nuevo: la coreografía aérea de Cristian Coradini y Juan Manuel Norton. Es un impacto y un gran trabajo que, estoy seguro, será inolvidable.

- ¿Cómo fue la selección de los bailarines?

- En eso le di libertad de propuesta a los coreógrafos. Ellos son los que tienen claro el perfil y están bien al tanto de lo que podemos encontrar en Mendoza. Armamos un elenco muy pensado, de 17 artistas muy dúctiles y, sobre todo, buena onda. Una de las cosas más lindas fue poder contar con Giovanna Tomba, la protagonista original. Su madurez como bailarina y mujer le han dado otra perspectiva al personaje. Y, como principales, la acompañan Mauricio Palacio, increíble, creo yo en su mejor momento; y una experimentada Yésica Vergara, que es una garantía no solo en el escenario. Alguien me dijo que el elenco está conformado por algunos de los mejores bailarines de Mendoza y humildemente, creo lo mismo. Eso me hace sentir orgulloso y agradecido de que se hayan querido sumar a esta gran locura.

Para agendar

Cuervo Blanco

Reestreno. Sábado 22, 21:30 horas, en Teatro Independencia (Chile 1184, Ciudad de Mendoza). Entradas en EntradaWeb y boletería de la sala.