Matilda, en versión argentina, explota cada momento con un despliegue asombroso
Este martes, con un gran despliegue sobre calle Corrientes, se realizó el estreno para la prensa de Matilda, el musical. Esta puesta, que comenzó el 1 de junio, dirigida por Ariel Del Mastro, se realizará por ocho semanas en el mítico Teatro Gran Rex con la actuación de más de 25 artistas en escena bailando y cantando en vivo.
La historia de Matilda es quizás una de las más conocidas del mundo literario que luego fue llevada al cine por el exitoso filme -no en taquilla- de Danny DeVito. En su estreno de 1996 las críticas aclamaron este personaje extraordinario de la niña con poder telequinésicos que trascendió épocas y fue llevada al teatro.
Con más de 1500 funciones, 99 premios internacionales y 10 millones de espectadores, Matilda, el musical, estuvo 12 años en la cartelera de Londres y cuatro en Broadway. Ahora desembarca en una reversión extraordinaria en el mítico teatro porteño, el Gran Rex.
Contar la trama es quizás un absurdo porque es algo que está en el inconsciente colectivo: la niña dulce e inteligente con superpoderes y un alma pura, criada por padres un tanto particulares y enviada a un colegio que tiene una directora aterradora, pero es contenida por una maestra muy dulce, la Señorita Miel.
A lo largo de más de dos horas esta historia es contada con frescura y con varios guiños argentinos. Con un gran elenco de niños de entre 9 y 12 años cada una de las tramas es cantada y bailada acompañada de un gran despliegue escenográfico que nos lleva a, quizás sin querer, mover los pies al ritmo de la música.
Fernanda Metilli, en el rol de la madre, y José María Listorti, como el padre, le dan pasos de comedia característicos del teatro porteño en donde se pueden ver algunos guiños de las frases que popularizó Listorti.
Laurita Fernandez, en una bien lograda Señorita Miel, transmite esa ternura y dulzura que sobreproteje a Matilda de esos engendros que la crían y de aquella directora que la castiga. Tronchatoro, precisamente, es interpretada por Agustin Soy Rada Aristarán que logra generar el clima de terror y de desconcierto con alegría y espontaneidad, también característico del humorista, mago y actor.

Este musical, en cada una de sus aristas, destaca las actuaciones, el canto, el baile y la magnifíca escenografía a la altura de una película histórica que marcó una época.

