Karamelo Santo y un entrañable homenaje a los mendocinos
Las palabras no tienen un significado lineal. En "el decir", en las formas, también se agregan connotaciones. Por eso, escuchar a Goy Karamelo cantar y agradecer genera una calidez entrañable; porque lo dice en mendocino, arrastrando algunas consonantes y con matices bien locales. Con la ternura de un vecino agradece a su tierra, a sus artistas y trasluce, así, lo que representa Karamelo Santo para la cultura mendocina.
Los años en la casa-incubadora de La Boca no le sacaron el acento a Goy, tampoco a la banda mendocina que ayer festejó 30 años en la Fiesta Provincial de la Cerveza.
De lo musical podrán hablar los especialistas. Pero el festejo de Karamelo fue una fiesta compartida; con una generosidad enorme, la banda nacida y criada en Mendoza recordó a cada integrante desde su fundación (muchos subieron al escenario) y tuvo su pico con el recuerdo a Marciano Cantero, con un cover karamelizado incluido. "Ponete las pilas pendejo", recordó Goy que le dijo Marciano cuando era una joven y rebelde promesa de la música cuyana.
La música de Karamelo hizo mover a todos. A los que tuvieron su adolescencia a partir de los '90 y crecieron junto a ellos. A los que saben bailar. A los que estaban sentados; a los patadura y hasta a los asmáticos que no podían respirar. Una música inquieta y que tiene una familiaridad sencilla de entender, pero difícil de explicar.
El show de Ciro era el plan principal para el cierre de la noche, en un recital bien calculado, prolijo y repetible. Pero lo más trascendente que ocurrió en la fue el regreso de Karamelo al lugar de donde nunca se fueron.


