Serrat se despide y con él se va un poquito de nosotros

Serrat se despide y con él se va un poquito de nosotros

Joan Manuel Serrat realizó su cuarto Movistar Arena en el marco de su gira despedida El vicio de cantar. El Nano se despide de los escenarios y le dirá adiós a Argentina este martes.

Gabriel Sotelo

Gabriel Sotelo

El sábado 26, en el Movistar Arena, Joan Manuel Serrat realizó su cuarto show en Buenos Aires y quedó a uno (este martes 29) de su despedida definitiva de los escenarios en el país. El cantautor español está realizando su gira El vicio de cantar con la que le pondrá punto final a su extensa y exitosa carrera el 23 de diciembre con un recital en su Barcelona natal. Cuatro días después, el 27, celebrará sus 79 años ya retirado y dispuesto a disfrutar de su esposa, sus hijos y nietos.

En un show de casi tres horas y haciendo una antología de sus más de 50 años de carrera, el Nano hizo emocionar a las 15 mil almas que estuvieron en el estadio ubicado en Villa Crespo.

Si bien en un principio se sentía un clima de adrenalina y ansiedad por ver al artista en escena, luego, al pasar las canciones y comenzar a divisar el final del show, la nostalgia, melancolía, tristeza, desazón, resignación o el adjetivo que los lleve a saber que hay algo que van a extrañar muchísimo, se apoderó del Movistar Arena.

Serrat agotó cinco Movistar Arena.

Es que la vida de muchos de esos fanáticos se ha ido desarrollando acompañada por la obra de Joan Manuel Serrat. Cuántas "Lucías" estarán dando vuelta en el mundo con su nombre heredado de la canción del Nano. Cuántas lágrimas se habrán derramado junto con el sonar de De vez en cuando la vida. Cuántos recuerdos habrán vuelto a nosotros tras escuchar Aquellas pequeñas cosas. Y así, en más de 50 discos, se puede hacer un recorrido que te lleva a cada momento de la vida, de la vida de él y también de la tuya.

Porque Serrat fue de esos artistas que en sus letras escondía palabras en forma de pétalo y también en forma de puñal, en donde la filosofía se disfrazaba de canción. Su música trascendió formas de gobierno, estilos de sociedad y formas de hacer y grabar música. 

El Movistar Arena fue testigo de un repaso por el reportorio de Serrat y también un deleite de historias y frases con la típica ironía del catalán. Acompañado de su histórico compañero Ricardo Miralles Izquierdo, también la banda estuvo compuesta por José Mas Portet (piano), David Palau González (guitarra), José Miguel Pérez Sagaste (saxo), Raimon Ferrer Isbert (Bajo, contrabajo), Vicente Climent Valero (batería) y Ursula Amargos Rubio (viola, voz en "Es caprichoso el azar").

Ver los ojos llorosos de miles de fanáticos siendo conscientes, o probablemente aún no, que estaban despidiendo al artista de su vida. Y él, sí él, el mismísimo Serrat, encima del escenario también dejaba ver sus lagrimales a flor de piel. Dejaba salir su emoción de "una relación que empezó hace 50 años" estaba llegando a su fin. "Extrañaré mucho estos gritos, estos aplausos", dijo conmovido.

Serrat realiza su gira El vicio de cantar.

En primera persona: la añoranza del adiós

Vaya paradoja es la famosa herencia musical. Eso de escuchar lo que escuchan tus padres. Porque claro, para ellos, a sus 60 y pico, están despidiendo al artista "un tilín más grande" con el que vivieron la vida. Para mí, a mis casi 30, es saber que esa música cada vez que la escuche me hará recordarlos a los tres: a mis padres y a Serrat.

Y digo paradoja porque es lindo compartir los gustos musicales, pero también ya me anticipo a la nostalgia. Probablemente peque de ansioso, pero es anticiparme a volver a sentir lo que sentí el sábado. Esa sensación de melancolía y tristeza de despedir a la persona que escuché desde que era un crío, pero también esa sensación de ver a mis viejos emocionados por dejar ir un pedacito de su alma con ese último adiós al Nano encima del escenario.

Aute, Serrat y Sabina.

Yo, para serles sincero, en caso de haber nacido mujer, iba a ser una de las tantas "Lucías". Pero el destino no lo quiso y quizás, en compensación para con mis padres, les tiró la carta a favor de poder compartir sus gustos musicales conmigo.

Y en esa paradoja que me tomé el atrevimiento de compatirles algunos párrafos atrás, está esta herencia musical. A veces dudo si realmente es una buena idea. Está claro que poder compartir un show es una experiencia hermosa, pero tiene la contrapartida que esos artistas van a ir dejando este mundo poco a poco y con ellos se quedarán sus canciones que nos transportarán a aquellos momentos en donde fuimos felices.

Quizás ser afín a Aute o Pablo Milanés, dos que ya no están, me genere nostalgia y un dejo de tristeza. Quizás ver a Silvio o a Sabina superando los 70 me obligue a verlos cada vez que vengan para Argentina.

Serrat, Pablo Milanes, Aute, Teddy Bautista y Silvio Rodríguez en 1983.

Tanto palabrerío me lleva a reflexionar y a contradecirme con Sabina y a lo mejor al lugar donde he sido feliz -sí- debiera tratar de volver. Y a través de la música se vuelve a esos recuerdos, lindos y feos, pero recuerdos que marcaron la vida.

Decirle adiós a Serrat es aceptar que como él se retira por "estar un poquito mayor", mis padres también empiezan a estarlo. Y es caer en la conciencia que la vida ha pasado y que yo ya no soy tan chico, pero que con Es caprichoso el azar, Pueblo blanco o Cantares puedo volver a esos momentos en donde fui feliz.

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