Las películas que nos formaron: el estreno de Netflix que es un acierto a medias
Hace unos días, Netflix estrenó la segunda temporada de la entretenida serie documental Las películas que nos formaron. Se trata de un combo de cuatro capítulos dedicados a clásicos contemporáneos del cine como Volver al futuro, Mujer bonita, Jurassic Park y Forrest Gump.
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De esta manera, el gigante del streaming le da continuidad al anterior volumen que había cubierto otro cuarteto de icónicos films compuesto por Dirty Dancing, Mi pobre angelito, Cazafantasmas y Duro de matar. La fórmula de la serie es tan sencilla como atractiva: una juguetona voz en off va guiando el detrás de escena de un puñado de éxitos que marcaron a una generación, con entrevistas, material de archivo, algunas de las escenas más recordadas de las películas en cuestión; y una coda final que inserta un dato emotivo sobre los creadores de estas populares joyitas.
El objetivo está más puesto en el compendio de trivia que en el de un análisis sesudo de estos títulos que se transformaron en tanques de taquilla. En este sentido, el contenido oscila entre las anécdotas largamente conocidas y algunos datos que sorprenderán a los fans de estas entrañables películas. Por ejemplo, en el capítulo dedicado a Volver al futuro se pone el acento en el insólito título que los gerentes de Universal querían para este film, las complicaciones con el elenco (incluyendo el fallido paso de Eric Stoltz como protagonista durante algunas semanas de rodaje), las limitaciones presupuestarias y un puñado de detalles de color. Mientras que en el episodio sobre Mujer bonita, somos testigos de un proceso creativo liberado en varios momentos a la más desmesurada intuición, con varias escenas que fueron rodadas un par de veces con registro dramático y humorístico sin saber a ciencia cierta cuál sería el tono final de la propuesta. Por supuesto, también se habla del legendario final amargo que la comedia romántica más taquillera de todos los tiempos iba a tener, y se pone el acento en la presencia de una fresca y por aquel entonces desconocida Julia Roberts como pieza clave de este suceso; y gran remadora a la hora de convencer a Richard Gere para que acepte el rol protagónico junto a ella.
Es cierto que la falta de testimonios de las principales estrellas de estos films, atenta contra el lucimiento de esta serie documental, pero está hábilmente sorteada con la presencia de guionistas, responsables de casting, directores de fotografía, vestuaristas; y demás integrantes del detrás de escena. Otro condimento que se extraña es el de las canciones que son marca registrada de estas películas. Seguramente por cuestiones de costos en la compra de derechos, en los capítulos mencionados están notoriamente ausentes los hits The power of love (Huey Lewis & The News) de Volver al futuro, y el clásico Pretty Woman (Roy Orbison), que le dio título a la comedia que consagró a Julia Roberts.
Más allá de esas limitaciones, Las películas que nos formaron tiene dos grandes falencias a nivel conceptual. Por un lado, tanto el título original, The movie that made us, como en el traducido, sugieren una lectura de estas exitosas películas desde una suerte de ADN cultural de una generación. Sin embargo, poco y nada se dice sobre el impacto que desataron estos fenómenos; y mucho menos sobre el contexto sociocultural en el que fueron lanzadas. Está claro que la serie no pretende ser un tratado sociológico, pero su acotada configuración a partir del compendio de trivia la deja demasiado cerca de toda esa información a la que podemos acceder con tan solo hacer un par de clics en alguna página como IMDb.
Pero lo más cuestionable de esta propuesta original de Netflix es su falta de empatía con la nostalgia, que es paradójicamente el gran anzuelo para captar a todo espectador que quiera asomarse a este combo. En su afán de mantener la atención sin descanso del espectador, cada capítulo de Las películas que nos formaron corre a un ritmo tan atropellado, que prácticamente no da chance a un lapso de contemplación. De esta manera, la experiencia funciona más como un repaso didáctico en alta velocidad, que como un reencuentro con la magia que aquellas luminosas películas supieron generar.


