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Humor (Bill Murray y poco más para agregar)

Igual que Cacho Garay: no necesita reírse para hacer reír. Recibió el Premio Mark Twain de Humor Americano. En caso que la vida sea comedia eso tiene su nombre y apellido.

Del latín humor, -ōris 'líquido'.

1. Genio, índole, condición, especialmente cuando se manifiesta exteriormente.

2. Jovialidad, agudeza.

3. Psicología. Estado afectivo que se mantiene por algún tiempo.


Tengo bastantes dudas acerca de si reír mucho es ser una persona con o de buen humor. Es que el humor, en todo caso, suele ser algo más elaborado, menos ordinario que una risa. Reímos y está buenísimo. Tampoco sé si en la montaña reímos igual que en el litoral o en geografías mediterráneas. Y también es indudable que es preferible "reír a llorar", como dice la canción.

Pero reír siempre a veces puede ser idéntico a llorar siempre. Es el anverso que solemos reconocer en un payaso triste


Lo más genial de la risa es la estimulación que desata. A diferencia del humor, se trata de un instinto por fortuna espontáneo. Nos sale, brota, ni siquiera es cómoda para las redes de la represión. Pero eso no es humor. Reír es la consecuencia y no la causa. Hasta las hienas ríen y ya vemos que no producen ni un toque de humor. La risa es democrática y el humor, acaso, más monárquico, en el sentido menos elitista pero sí más refinado. Todavía más: la risa posee un estado especulativo sin gracia, que es hasta dicho popular: "el que ríe último, ríe mejor".

Bill Murray en su fiesta de homenaje en Washington DC.

Y si hay un rey en esto del humor es Bill Murray, al que, por ejemplo, justamente no le es necesario estar riéndose todo el tiempo para hacer humor. Y volvió a demostrarlo por estos días, al recibir el Premio Mark Twain de Humor Americano. "Es agradable estar aquí y, por mucho que me temía esto, realmente tenía que volver a la idea de que hay amor", dijo en un momento de su discurso, en el Kennedy Center, en Washington DC.

A rodar, a rodar mi vida... en Afganistán.

La última película suya que vi fue "Rock the Kasbah", la historia genial e improbable de ese manager de cuarta que termina viviendo, al fin, el rock, en carne propia, al ser engañado en una contratación artística. 

El asunto es que de pronto su vida de paso por Afganistán lo sorprende en sus convicciones, que quedan desacomodadas a poco de llegar a una ciudad más que convulsionada. Allí es un don nadie en tierras donde nadie tampoco es mucho más que el otro. No es tierra de nadie, al menos en la película, sino muchos nadies en la tierra. 

Murray jamás ríe pero nadie dudaría de su humor, como tampoco de la nostalgia que lo envuelve en otro prodigio del cine llamado "Lost in translation"


En la fiesta de Bill Murray, al ser galardonado con el Premio Mark Twain, estuvieron David Letterman, Steve Martin, Jimmy Kimmel, Miley Cyrus, Aziz Ansari y Sigourney Weaver. Cyrus hizo esta versión de un clásico, pero igual nadie lo hará mejor que Daniel Riolobos.

En otro tramo de su discurso, Murray, dio las gracias a su hermano mayor, Brian, por haberle "pavimentado" el camino para su carrera en el mundo del espectáculo. "Mi hermano tenía más agallas que nadie que he conocido, y la única razón por la que estoy aquí esta noche es a causa de las entrañas de mi hermano Él ha estado esperando mucho tiempo para escuchar esto", dijo.

También bromeó con el escritor (infernal y suave, todo al mismo tiempo) que es causa de homenaje. "Creo que Mark Twain ha rodado en su tumba durante tanto tiempo, por lo tanto, esta noticia, no perturbará su paz".

Yo no sé si en esta provincia, que es la menos lectora de toda Hispanoamérica, es correcto dar sugerencias de libros o autores. Quizá sea disruptiva la idea de promover la lectura, de acercarse al conocimiento. Pero sí estoy seguro que cualquier texto de Mark Twain, además, tiene más aventura que cualquier rugido de motos. Es cierto que no hay promotoras en esas historias. Pero, bueno, ni la literatura es perfecta, amigos.

Su último protagónico: "Rock the Kasbah".

Bill Murray hizo la colimba en el "Saturday Night Live" hace más de tres décadas. Ese programa de TV ha sido semillero de talentos que van brillando como diamantes, pero con un glamour más perdurable que cualquier joya pretenda adueñarse.

Deborah Rutter lo dijo mejor, al recibirlo en la gala como anfitriona del Kennedy Center: "Su brillante ingenio sigue inspirando nuestra risa a través de generaciones, tanto dentro como fuera de la pantalla Su estilo único de humor parece desafiar el tiempo mismo".

Y mientras repaso lo que dice la señora Rutter, pienso y concluyo: la risa se desvanece, el humor perdura. 

Gracias, estimado Murray, por acercarnos a la eternidad de un estado increíble: el humor. El buen humor.