Charly García cumple 65 años: sus escándalos en Mendoza
Charly García hoy cumple 65 años. La estrella máxima del rock nacional vivió algunos de los momentos más mediáticos y estruendosos de su carrera en nuestra provincia. Aquí vamos con un intenso repaso.
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La noche que Charly terminó preso en Mendoza
El baterista Fernando Samalea recuerda en su libro Qué es un long play el episodio en el que Charly García terminó preso en Mendoza:
"La gira de Parte de la religión parecía ir sobre rieles y el próximo paso sería el Estadio Pacífico, de Mendoza. Para aprovechar la gran demanda de entradas, a los ambiciosos organizadores no se les ocurrió mejor idea que programar dos funciones en una misma jornada. La del 8 de agosto de 1987.
Ya en pleno vuelo, García cambió el tradicional desayuno por dos o tres whiskies dobles y, al ser increpado con prepotencia por otro pasajero -al parecer, dedicado a la política-, volcó todo el contenido de uno de ellos en su cara, hielos incluidos. Las azafatas y el comandante de a bordo intentaron calmar al pasaje, pero sus palabras cibernéticas por los altoparlantes parecieron generar más incertidumbre.
Los rumores decían que García, en el momento de su ingreso al Plaza, había tenido serias diferencias verbales con la directora del periódico local Los Andes, también alojada en el hotel (...). Todo derivó en una orden precisa desde la gerencia: todos los huéspedes de la comitiva y nuestra estrella de rock, a la calle. ¡Declarados personas no gratas en la provincia!
Cerca del mediodía pudieron ubicar clandestinamente a Charly en un hotelucho céntrico de poca monta, de solo tres estrellas, a la espera de las actuaciones. El resto debía acomodarse en el bus de gira, en el cual habían viajado los técnicos del staff, o en los camarines del estadio. Una buena dosis de Valium logró hacer dormir a la estrella como un lirón por un rato, luego de amotinarse en la habitación y de varios lanzamientos de objetos contra el televisor y el botiquín del baño. (...)
Teléfonos y handies no dejaban de sonar. Charly pidió su traje, nos miró al Zorri y a mí, y agregó, solemne: "Quédense tranquilos, chicos. Ahora vamos, subo, digo ‘¡Mendoza, los amo!' y se arregla todo".
Tales sus predicciones, conocedor como nadie de las técnicas psicológicas de la persuasión popular, logramos dar un calmo primer show y el público se fue implorando bises, mientras regresábamos a camarines, transpirados como deportistas, y los asistentes cambiaban pilas y baterías de nueve volts en efectos y guitarras. "Je, je, no te imaginabas que iba a salir bien", le dijo Charly a la corista Gabriela Aisenson, cuyo rostro se asemejaba al de quien observa a un vampiro salir de su ataúd. (...)
Alrededor del décimo tema, un grupo de seis o siete individuos comenzó a gritarle con insistencia la palabra "puto" a nuestro líder, como si estuvieran echando chorritos de kerosene en una fogata. García, sin dudar, desabrochó sus pantalones y mostró por breves segundos su desnudez, al tiempo que les sacaba la lengua a modo de burla y arrastró a Fabiana Cantilo desde el cuello con torpeza, tambaleando y cayendo sobre ella delante de uno de los parlantes. El sobretodo de Alfi Martins -con las llaves de su casa en un bolsillo- voló hacia el público y fue velozmente desintegrado por quienes deseaban llevarse a toda costa un souvenir.
Mientras, nosotros continuábamos ejecutando el repertorio como si nada, aunque no fuera del todo estimulante escuchar el impacto de un tornillo contra el tom-tom de trece pulgadas, que sonó más fuerte que un balazo. Promediando Rezo por vos, perdimos de vista a Charly. Lo extraño era que su inconfundible Rickenbacker blanca de doce cuerdas seguía sonando a todo volumen en nuestro monitoreo. El Zorrito me miraba con las cejas levantadas, sin despegar sus manos del teclado, y ambos girábamos la cabeza hacia cuanto rincón posible. Al darnos vuelta, lo descubrimos en lo más alto de una de las tribunas inhabilitadas, justo detrás del escenario, iluminado por un seguidor, apuntando hacia la gente con el mango de su guitarra y enardecido como un dios-diablo (...).
"¿No ven todo lo que hace el Flaco por ustedes?", dramatizó el Negro al micrófono, tras el último acorde. Evidentemente, el show había finalizado. De regreso en camarines, todo era caos: botellas destruidas, restos de sándwiches y frutas por el piso, tabaco diseminado, una linterna partida en dos, charcos de líquidos indefinidos, vasos plásticos aplastados y unos cuantos vidrios rotos, ¡incluido el famoso vaporizador italiano de la mamá del Zorrito!
Zambonini mediaba como podía con la policía, negociando una veloz salida en combi por la puerta de atrás, directo al aeropuerto, como si se tratase de un atraco frustrado.
Aunque los uniformados, emulando a un grupo comando y amenazando a puro insulto y desagravio con desplegar a sus mejores francotiradores, ya habían rodeado el lugar. Sin pérdida de tiempo, trabamos las puertas desde adentro, buscando protegernos y quedando literalmente encerrados. La escena recordaba a esos violentos asaltos con toma de rehenes, aunque en el caso ni siquiera disponíamos de ellos.
-¡Abran, carajo, es la Policía! -gritó el malo.
-Charly, te voy a tener que detener -dijo el bueno, desde otra ventana lateral.
-¿Por qué me vas a detener?
-Porque soy policía.
-¿Y quién te manda a no estudiar?
La frase fue reforzada por la explosión de una botella de cerveza sobre la parte superior de la puerta. Minutos después entró la jauría y nos defendimos como pudimos, entre objetos volando de un lado a otro, patadas y bastones blandidos contra el aire. La mayoría corrió para alcanzar la relativa seguridad del bus estacionado. Yo terminé refugiándome en unos pasillos en penumbras del estadio hasta que, dando la vuelta manzana, pude reunirme con el resto.
Charly y el Negro no tuvieron la misma suerte y fueron escoltados de forma nada amigable a una seccional policial. Su manager comenzó un deambular de más de dos horas por varias comisarías, hasta encontrarlos. Al anunciarse ante un oficial, se escucharon ruidos desde adentro, además del claro lamento de otro uniformado: "¡Los libros no, los libros no!".
Nuestro líder carismático había roto en mil pedazos los libros de guardia, además de pintar su propio rostro de negro, al mejor estilo sioux, con el rodillo que se usa para tomar huellas digitales. Se pidió de inmediato el traslado del detenido y su próximo destino fue la Comisaría 1.ª, cuya puerta de vidrio sufrió el impacto de una patada ni bien él llegó al lugar. "¿Cuánto vale esta comisaría? ¡La compro!".
El resto de los músicos seguíamos sin noticias sobre el paradero de Charly y el Negro. Fabi, el Zorri y yo -unidos por el azar de las corridas- terminamos caminando sigilosamente por calles de nombres desconocidos y veredas rotas, intentando pasar lo más inadvertidos posible, lo cual era bastante difícil. Antes que nada, había que encontrar un lugar donde protegerse y pasar la noche. "¡Me quiero matar, estoy indispuesta! ¡Llévenme ya mismo a casa!", repetía la Cantilo desconsolada, cada dos o tres pasos.
Los hoteles estaban al tanto del vagabundeo nocturno de algunos integrantes de la comitiva porteña y nadie parecía dispuesto a darles alojamiento. De golpe, éramos los enemigos públicos número uno de la provincia. Por fortuna, dimos con una pensión suburbana donde no tenían idea ni siquiera de quién era Charly García. Descansamos sobre tres camitas marineras para niños, de madera de pino y con sábanas con motivos infantiles de Mickey, Minnie y Pluto, las únicas a disposición. Fabiana, con el aire ausente de una diva hollywoodense, se peinó el cabello hacia atrás, apoyó la cabeza en la almohada, esbozó un "Que descansen" y se entregó a Morfeo antes de escuchar la respuesta. Al levantarnos, bien temprano, conocimos algunos pormenores a través del noticiero local. Salimos de inmediato hacia la Comisaría 1.ª a intentar saber algo más de Charly y el Negro, y estuvimos a punto de ser detenidos. El staff completo seguía varado y confundido. (...) Los abogados iban y venían, y en un momento se anunció que nuestro líder iba a ser liberado a la noche, por lo cual todo el mundo debía regresar a Buenos Aires lo antes posible, para evitar que los problemas siguieran agravándose.
Tras una serie de llamados y dudosos acuerdos entre poderosos, abordamos un vuelo nocturno semivacío. En efecto, nuestro héroe nacional y su fiel guitarrista de color fueron puestos en libertad al día siguiente, y regresaron junto con Zambonini, previa firma de autógrafos de rigor de Charly para jueces de turno, policías, sobrinas, hijas, nietas y demás parientes. No quedó nadie sin un papelito con su rúbrica.
El diario sensacionalista Crónica sorprendió en los kioscos porteños con una amplia nota de tapa: Charly García procesado por desnudarse en escena".
Fernando Samalea en la batería y Charly cantando en 1993, en el pub porteño Prix D'Ami.
El inolvidable clavado en el Hotel Aconcagua
Charly coronó su visita de marzo de 2000 con un clavado de 20 metros desde el noveno piso del Hotel Aconcagua hasta el segundo, donde está la pileta. Eran las 12.30 cuando subió a la terraza. Con una malla roja, descalzo, la cara pintada con manchas blancas y rojas y cargando dos muñecos -una repisa para CD con una cabeza de gato siamés y un inflable del gato Silvestre-, amenazó con saltar. Pero antes probó con los muñecos. El gato de madera golpeó el costado de la piscina y se desnucó. El inflable de Silvestre, sin embargo, cayó en el medio de la pileta.No te tirés, gritó el bañero al músico. Lucas Rodríguez (19) contó que cayó de espalda casi sentado, y subió a la superficie como si nada hubiese pasado.Me gusta tirarme, comentó García a los periodistas. Definió su salto como clavadismo al mejor estilo Acapulco y reconoció: Un poquito de miedo me dio.
Horas antes había paseado por las calles de la ciudad de Mendoza. Entró a una casa de fotografía y en un negocio compró discos compactos. De muy buen ánimo, accedió a fotografiarse con la gente. El día anterior había sido acusado por la supuesta agresión a una mujer. Fue detenido por la Policía y llevado a declarar a los tribunales provinciales. El juez Gonzalo Guiñazú le imputó los delitos de abuso deshonesto y lesiones leves, y después le otorgó la excarcelación bajo fianza.
El revuelo que armó su temeraria zambullida -de indudable peligrosidad-, transmitida por TV una y otra vez en las primeras horas de la tarde, hizo que muchos periodistas se congregasen en el Aeroparque a la espera de su llegada, a eso de las 18. Allí García se negó a hacer declaraciones y subió a un taxi, que fue nuevamente rodeado por las cámaras. Al llegar a su departamento de Palermo lo esperaban más cámaras. Un periodista de Azul TV lo interceptó y García le dio un puñetazo. Después entró al edificio y comenzó a arrojar cosas por su balcón: una maceta y una mesita ratona cayeron sobre un árbol y, al rebotar y volver a caer, produjeron raspones en una cronista de Crónica TV. Entonces intervino la Policía, que constató que en el departamento de García todo estaba en orden y dejó una guardia en la puerta de calle, para evitar aglomeraciones.
Charly siguió "Demoliendo hoteles" en Mendoza
La ciudad en que se hizo célebre por sus escándalos y se inspiró para componer su hit Demoliendo hoteles , Charly García volvió a protagonizar incidentes y terminó internado en terapia intensiva, sedado y en observación.
Esta vez dejó su huella de violencia en junio de 2008 en el hotel Solaz de los Andes: dos habitaciones quedaron en deplorables condiciones, con vidrios y espejos rotos y serios destrozos de muebles e instalaciones, luego de que Charly se peleara con uno de sus músicos. El astro, totalmente fuera de sí, tuvo que ser controlado por la policía y debió ser amarrado a una camilla para hacer posible su traslado.
La fiscal Liliana Giner ordenó una inspección ocular y peritajes en las habitaciones dañadas, aunque aún no hizo imputación alguna a García. La policía remitió actuaciones a la justicia federal, pues se encontró droga en el lugar.
A las 6.30 de ayer, el silencio del hotel se alteró por gritos y golpes que provenían del primer piso, donde Charly y sus músicos ocupaban las habitaciones 109 y 114. Cuando los empleados del hotel llegaron, el rockero deambulaba desnudo por el pasillo mientras insultaba a uno de los músicos, en medio del desorden general. Aquellos testigos dijeron haber visto a dos mujeres en la escena.
Vieron un televisor en el piso, vidrios rotos, una guitarra destrozada y un matafuegos tirado -que García habría arrojado-, además de manchas de sangre en la alfombra, producto de un corte superficial que sufrió Charly en una pierna. Según esos mismos testigos, el detonante de la pelea habría sido una discusión por el pasaje de avión que debía llevarlos de regreso a Buenos Aires.
El conserje de turno, Alberto Duscio, dijo al noticiero del Canal 7 que García tenía la apariencia de estar "alcoholizado y algo más" y que, como consecuencia del escándalo, algunos huéspedes pidieron el cambio de habitación.
Los empleados del hotel llamaron a la policía para que controlara a un García fuera de sí. Los uniformados y un equipo médico de emergencias debieron subirlo por la fuerza a una camilla, en la que lo llevaron amarrado a la guardia del hospital Central. Su director, José Ascar, informó que García ingresó con un cuadro de excitación psicomotriz, sobre cuyo origen prefirió no arriesgar hipótesis. Dijo que le resultó inquietante su estado general y un cuadro de marcado adelgazamiento.
García fue derivado a la Clínica de Cuyo, donde suguió internado con medicación durante unos días.
Pero eso no es todo, un par de escándalos más para recordar
En el 2000, otro escándalo. Una mujer, Gladys Navarro, empleada del pub La Reserva, lo acusó de provocarle lesiones. Casi dos años después, en octubre de 2002, luego de ser sometido a juicio oral fue absuelto.
Otro escandalete ocurrió en abril de 2007. Charly García fue denunciado por dos prostitutas, al parecer, por dejarlas encerradas en la habitación del hotel Montañas Azules, donde se hospedó en nuestra provincia.
Fuentes: Clarín, La Nación, MDZ Online