Los mitos del amor romántico

Los mitos del amor romántico

Reza la leyenda que el origen de la festividad se remonta a la Roma del siglo III d. c. Allí vivía un sacerdote llamado Valentín que casaba jóvenes mujeres con soldados sobre los que pesaba la prohibición de contraer matrimonio.

María José Elmelaj

En la mayoría de los países occidentales cada 14 de febrero se conmemora San Valentín, ocasión en que las parejas aprovechan para honrar sus relaciones amorosas. Reza la leyenda que el origen de la festividad se remonta a la Roma del siglo III d. c. Allí vivía un sacerdote llamado Valentín que casaba jóvenes mujeres con soldados sobre los que pesaba la prohibición de contraer matrimonio. Se consideraba que los varones solteros rendían mejor en los campos de batalla. El emperador Claudio II, disgustado por esta traición, ordenó ejecutar al clérigo un 14 de febrero del año 270.

Sea como fuere la fuente de este festejo, el “día del amor romántico” resulta una buena ocasión para revisar los fundamentos que lo sostienen, ya que a simple vista aparece como un concepto inofensivo y tierno, pero en la práctica condiciona nuestras vidas de manera ineludible.

Desde la infancia y a través de la literatura, el cine y las películas, se nos inculcan idealizaciones y expectativas de lo que debemos entender por amor. Estas ideas, conocidas como “el efecto Disney”, implican una serie de condicionamientos que en la práctica pueden ser perjudiciales e imponen ideales difíciles de alcanzar.

Los diez mitos del amor romántico

1. El mito del emparejamiento: sostiene que la felicidad humana está intrínsecamente relacionada con la vida en pareja, la cual debe ser heterosexual y es el destino natural de cada persona.

2. El mito de la media naranja: tiene íntima relación con el mito anterior y consiste en creer que hay una única persona predestinada para nuestra vida.

3. Los celos son signos de amor: la realidad es que los celos poco tienen que ver con una afectividad sana y sincera. Más bien, son un reflejo del temor que sentimos de perder algo que nos pertenece. Ninguna persona puede ser objeto de posesión. En razón de este mito es que se toleran y naturalizan muchas situaciones de violencia de género.

4. Los polos opuestos se atraen: innumerables relatos refuerzan el estereotipo de la “chica buena” que se enamora del “chico malo” y al final de la historia, éste cambia por amor a ella. Este mito resulta altamente peligroso, no tiene ningún sustento en la realidad y puede hacernos creer que tenemos la capacidad de cambiar a las demás personas.

5. El mito de la exclusividad: según el cual resultaría imposible que nos atraiga o sintamos amor por más de una persona a la vez. Da por sentado que el amor y el sexo son sinónimos, imponiendo la obligatoriedad de la fidelidad sexo-afectiva.

El problema aquí, es que la fidelidad pasa a ser una convención social, preestablecida y adoptada sin reflexión. Aparece como una condición estática que no puede ser revisada a lo largo de las diferentes etapas de la relación en pareja.

6. La heterosexualidad obligatoria: A pesar de ser un concepto que se encuentra ampliamente cuestionado, seguimos insertas en una lógica social donde el binomio mujer-varón aparece como un fenómeno inamovible. La heteronorma se nos impone desde que nacemos a través de las construcciones de género. De esta manera se invisibilizan y se castigan las relaciones basadas en otras orientaciones sexuales.

7. Hay que dejar todo por amor: si bien todos los mitos del amor romántico tienen un origen patriarcal, éste afecta casi de manera exclusiva a las mujeres. Aparece como un deber implícito de sacrificar todo por amor. Películas, series y libros famosos nos muestran que las mujeres esperan la llegada del hombre indicado, y cuando esto ocurre, todos sus proyectos personales se ven interrumpidos en pos del sostenimiento de esa relación, más aún cuando la misma deviene en hijas/os en común.

8. El mito de la omnipotencia: el dicho “el amor todo lo puede”, que aparece como inspirador y da por sentado que es suficiente con el amor para solucionar cualquier obstáculo que pueda afrontar una pareja, omitiendo que las relaciones humanas precisan de comunicación, dedicación y consensos.

9. El mito de la eternidad: fundado en la idea religiosa del matrimonio para toda la vida, nos dice que el amor verdadero es para siempre. Por lo tanto, cada vez que una pareja llega a su fin, entendemos esto como un fracaso difícil de superar.

10. El mito del final feliz: crecemos escuchando frases como “y vivieron felices por siempre”. Esta noción puede hacernos sentir una frustración constante ya que en la vida real no siempre todo acaba bien.

Es difícil desarmar estas ideas sumamente arraigadas en nuestra existencia desde la niñez y que son reforzadas por todo el mundo simbólico que nos rodea. Sin embargo, desmenuzar los pormenores de los modos en que nos vinculamos puede llevarnos a relaciones menos agresivas, más respetuosas y libres.


 

María José Elmelaj
 


 

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