"Me diagnosticaron cáncer de mama y hoy celebro la vida de una forma diferente"
Me llamo Alicia Carmen Rodriguez, tengo 56 años y soy empleada administrativa. El 3 de Noviembre de 2014, preparándome para ir a trabajar, detecté un bultito en la parte inferior de mi mama derecha. Mi cabeza giraba a mil por hora pero me lo guardé sólo para mí, porque tenía que procesarlo. A la semana siguiente fui al Instituto de Investigaciones Metabólicas (IDIM), de donde ya era paciente, para pedir una orden de mamografía. Conté lo que me estaba sucediendo y una de las recepcionistas me dijo que llegaría una ginecóloga que me haría la orden y me revisaría. A todo esto, en febrero me había hecho todos los controles anuales y estaba de 10.
La consulta fue increíble, me dio la orden en forma urgente y en ese mismo momento me hicieron la mamografía. Sólo bastó una pregunta para darme cuenta de que el diagnóstico no era bueno. Me dijo que me ocupara del tema y que consultara con mi ginecólogo. Ahí empezó mi odisea, sobre todo porque el resultado de la mamografía lo tendría recién en dos días y ese mismo medio día me llamaron para ir a retirarlo.
En el transcurso de la mañana llamé al Hospital Británico para ver a mi ginecólogo, el doctor Ismael Debaisi, y conseguí cita para dos días después. Hasta ese momento nadie de mi familia lo supo porque no quería preocuparlos. Le pedí a mi esposo que me acompañara. Todo fue muy rápido y no tuve tiempo de pensar en nada.
Mi ginecólogo nos llevó a otro consultorio donde había dos mastólogos, Lucas Cogorno y Santiago Acevedo, que me dieron el diagnóstico. Lloré, me angustié muchísimo y en lo único que pensaba era en los 15 años de mi hija, que sería en julio del año siguiente, lo hablé con los médicos y me dieron una tranquilidad increíble. Me dijeron que iba a poder festejar sin ningún problema, porque el 22 de diciembre me realizarían la operación.
Eso sí, me dieron un turno urgente para la punción cuyos resultados iban a tardar aproximadamente un mes. De todos modos, aunque no estuviera el resultado me operaban igual porque ellos, sin decírmelo, sospechaban que no era nada bueno y sumamente agresivo.
Todo fue demasiado rápido. ¿Cómo le contaría a mi mami y mi hija semejante suceso por el que estaba atravesando? Eso era todo lo que me preocupaba. Luego de todo esto, se enteró mi mamá, ya que era quien cubría a mi esposo en su trabajo cuando tenía que hacer algo, por eso no lo podíamos ocultar y fue muy difícil, porque no entendía lo que estaba sucediendo y la tenía que contener para que no se bajoneara ni angustiara, también tenía que ocultarlo hasta el momento de hablar con mi hija.
Una vez que ella terminó de rendir todos sus exámenes finales de su primer año de la secundaria, nos juntamos un día a la llegada del cole y le dijimos que teníamos algo para contarle, por supuesto nunca se imaginó semejante noticia, obviamente lloramos todos, a lo que me preguntó: ¿No te va a pasar nada? y como me vio tan segura de lo que le dije, se quedó tranquila.
Pedí licencia en el trabajo para realizar los estudios previos a la operación. Estaba bastante tranquila porque mis médicos supieron llevar la situación de la mejor manera y la contención que tuve fue maravillosa de profesionales con una vocación por naturaleza. Llegó el gran día y, cuando el cirujano me ve en la puerta del quirófano, me mira a los ojos y me dice: “Tranquila que todo estará bien”, obvio que mi respuesta inmediata fue, “sí, de eso estoy segura”.
Al salir de la operación me miró a los ojos, me acarició la cabeza y me dijo: “Todo salió exitoso”. También me aclaró que sacaron un ganglio centinela que no estaba afectado, pero lo hicieron por prevención, ya que era lo que sospechábamos, maligno y muy agresivo, ahí no pude contener las lágrimas y mi esposo junto con mi padrino trataban de tranquilizarme porque estaba recién operada y me iba a hacer mal, esa fue la última vez que lloré por esto.
A los pocos días tuve consulta con el oncólogo Ernesto Korbenfeld para ver qué tratamiento realizar. Tuve 6 sesiones de quimio preventiva cada 21 días y 37 sesiones de rayos (hay que protegerse mucho la piel con cremas porque los rayos queman) de hecho me tuvieron que suspender una semana, más el Tamoxifeno y cada mes tenía los controles. El pelo nunca se cayó, que es lo que preocupa a la mayoría, a mi para nada, porque lo único que quería era estar bien. Todo iba excelente pero las pastillas no estaban dando el resultado esperado, por lo que me cambiaron la medicación. Pude festejar los 15 años de mi princesa y todos muy felices porque gracias a los médicos y los tratamientos personalizados, la batalla la gané.
Lamentablemente justo al año de la cirugía, me di cuenta que algo estaba mal, ya que me salieron nodulitos en la parte externa de la mama, enseguida me contacté con los médicos para un control, ese día fui sola y me biopsiaron. La enfermedad volvió de una manera diferente, fue como empezar de nuevo, pero esta vez sin rayos, porque no se podían repetir, y la medicación también me la cambiaron porque estaba afectando la parte hepática. Durante 3 meses estuve sin medicación donde lo padecí, porque la mama estaba que explotaba de hinchada y sólo me dieron 6 sesiones de quimio cada 21 días.
Lo más difícil fue dar la noticia por segunda vez a la familia y pensar en qué iba a pasar, porque estaba todo tan bien que volver a empezar costaría mucho más. Además, el tratamiento fue más invasivo, esta vez la quimio sí hizo caer el pelo. Por supuesto siempre dando contención a cada integrante de mi familia de diferentes formas. Luego de terminar con estas sesiones de quimio, seguí con un tratamiento de anticuerpos monoclonales cada 21 días hasta julio del 2021, porque me lo quitó la obra social. Por suerte y gracias a los excelentes profesionales que me atendieron, al apoyo de mi familia, y porque tengo una hija que en ese momento me necesitaba más que nunca, era el motor de todos mis días, hoy sigo en pie con una fortaleza que nunca me hubiese imaginado y porque nunca hay que bajar los brazos.
Esta enfermedad es una más entre tantas. Tenemos que ocuparnos y no dejar de hacernos los controles necesarios para que todo esté bien y poder estar tranquilas. No hay que preocuparse, sólo ocuparse. Quiero destacar el acompañamiento de mi hija, porque en 2015 me anotó para la caminata de Avon y desde ese momento no dejamos de ir a ninguna, Ella fue quien me incentivó para que la hiciéramos juntas. Desde el primer día agradezco y celebro la vida de una manera diferente. Lo que les puedo decir con mi experiencia personal que se realicen los controles porque la prevención es lo que nos da fuerza para vencer esta batalla.
Gracias por tomarse el tiempo de leer esta nota y espero que sirva a muchas mujeres que están pasando por esta situación.