Madres de la pobreza en Santiago del Estero: la historia de Sara
En Villa Lina, Añatuya, Santiago del Estero, Sara (26) enfrenta los desafíos de ser madre, más el de la salud de su hijo Emiliano, con Síndrome de Aarskog.
Cuando Sara llegó a Haciendo Camino, Emiliano tenía bajo peso y no podía ser operado de su enfermedad.
Sara vive, además de con su hijo, con su papá, su hermana, su cuñado y su sobrino. Se separó de su pareja cuando estaba embarazada y desde entonces, enfrenta sola los desafíos de tantas madres más los de la salud de Emiliano (2), que nació con Síndrome de Aarskog, lo que le provocó malformaciones en las manos y labio leporino.
Para poder ocuparse de él al 100%, tuvo que dejar de trabajar y hoy no está empleada. Pero su deseo para cuando pase esta etapa de cirugías y tratamientos, es poder retomar un trabajo que la ayude a salir adelante.
La lucha de las madres
Desde los primeros meses de vida, su hijo requirió cirugías complejas y viajes frecuentes a Santiago Capital y Buenos Aires, porque no había especialistas en Añatuya que pudieran tratarlo. “Fue muy difícil verlo sufrir y no poder hacer nada. Cada operación y cada tratamiento fueron una batalla, pero siempre busqué la manera de que él estuviera bien”, cuenta Sara.
Cuando llegó por primera vez al Centro de Añatuya de Haciendo Camino, Emiliano tenía bajo peso y por ese motivo no pudo ser operado de su enfermedad. Al pasar el tiempo, gracias al acompañamiento profesional de las nutricionistas de la organización, logró recuperarse, alcanzar el peso necesario y realizarse su primera cirugía. Luego comenzó a asistir al espacio de Educación Temprana en Casa del Centro, en donde las estimuladoras trabajan con él y su mamá los aspectos de motricidad fina, gruesa, el lenguaje y el juego, a pesar de las dificultades físicas que presenta Emiliano por el Síndrome, que le impide tener las manos abiertas por completo.
Los sueños de Sara
Para Sara, el Centro también se convirtió en un espacio personal, además de un acompañamiento para su hijo. Allí asiste a Talleres de Costura y Manualidades, donde aprende, comparte con otras mamás y recibe contención emocional. “Ser madre me cambió la vida. Hoy lo importante es darle a mi hijo lo que yo no tuve y verlo feliz”, afirma.
A pesar de las largas jornadas de consultas médicas y los gastos que implican los tratamientos, Sara mantiene la esperanza y su objetivo es claro. Quiere que Emiliano crezca cuidado, estimulado y con más oportunidades. Cada día demuestra que, incluso en contextos de vulnerabilidad, la dedicación y el acompañamiento pueden transformar la vida de un hijo.
El trabajo de Haciendo Camino
Desde hace 19 años, Haciendo Camino trabaja para romper el círculo de la pobreza y la desnutrición infantil, acompañando a madres y niños en Santiago del Estero, Chaco y Salta.
En el Norte argentino, las condiciones de las familias que acompaña son críticas: 60% vive en hacinamiento, 78% no tiene los controles médicos al día y 57% atraviesa inseguridad alimentaria. Estas realidades impactan directamente en la salud, la nutrición y el desarrollo de los más chicos.
Por eso, Haciendo Camino interviene en los primeros años de vida, brindando acompañamiento integral, talleres de educación para la salud y estimulación temprana, y formación en oficios para fortalecer la autonomía de las mujeres. Cada encuentro es una oportunidad para que las madres puedan transformar su historia y la de sus familias.
Catalina Hornos, directora y fundadora de Haciendo Camino, lo resume así: “Acompañar a cada madre y a cada niño desde el comienzo puede cambiar el futuro de una familia entera”.
Podés conocer más y sumarte como padrino o madrina en www.haciendocamino.org.ar