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La política y su incapacidad de salir de sí misma: el problema de la sobre intelectualización de los pronósticos políticos

El resultado de la última elección nacional volvió a poner en evidencia una brecha cada vez más profunda entre quienes viven la política de manera cercana y el sentir de una parte significativa de la sociedad.

Javier Milei en España. Foto: EFE

Javier Milei en España. Foto: EFE

El resultado de la última elección nacional, y en particular la sorpresa que generó incluso entre analistas y dirigentes experimentados, volvió a poner en evidencia una brecha cada vez más profunda entre quienes viven la política de manera cercana y el sentir de una parte significativa de la sociedad. Aquellos que pensaban que Milei no sería presidente, y que luego de asumir no duraría seis meses, volvimos a equivocarnos. Efectivamente, como señaló el propio presidente, “Maquiavelo ha muerto”

Ello es, en buena medida, consecuencia de que estamos atravesando un cambio de época que vuelve insuficientes muchas de las categorías con las que tradicionalmente se intentó leer la realidad política. En lugar de explicar los procesos sociales y políticos, esos conceptos y saberes operan como filtros que distorsionan el diagnóstico y provocan errores a la hora de pronosticar el devenir. Asimismo, las élites intelectuales se ven cada vez más desacreditadas por sus predicciones fallidas sobre los resultados electorales y los cambios políticos, haciendo caer de alguna manera la idea gramsciana sobre la capacidad de éstos para construir hegemonía y consensos.

En este marco, el peronismo aparece errático, desorientado y sin una capacidad efectiva para disputar el poder político o formular propuestas capaces de convencer a las mayorías.

Esta situación es consecuencia, al menos y en mi opinión, de dos factores centrales:

En primer lugar, se trata de un movimiento crecientemente ensimismado, que se habla a sí mismo y que ha convertido la interna en su principal horizonte político.

En segundo término, se advierte una falta de autocrítica que no solo bloquea cualquier proceso de renovación, sino que además mantiene a la oposición alejada de la realidad cotidiana de amplios sectores sociales, generando una dirigencia más preocupada por su propia supervivencia que por disputar efectivamente el poder.

Cuando hablo de ausencia de autocrítica no me refiero únicamente a los cómodos y, en cierto punto, previsibles cuestionamientos a la figura de Alberto Fernández, que se han transformado en una justificación de todos los fracasos recientes. Me refiero al silencio persistente y a la negación de los errores y excesos cometidos durante la llamada “década ganada”. Esa negativa a una revisión crítica y pública impide cualquier reconciliación sincera con una sociedad que sí tiene una opinión formada al respecto y que espera verla reflejada en dirigentes en los que pueda sentirse representada.

Por ello, aunque duela y como señala el psicoanálisis freudiano, resulta necesario “matar al padre”, cuestionar ciertos procesos, autoridades e incluso abandonar viejas banderas que hoy ya no interpelan ni entusiasman a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes. Persistir en consignas y relatos que alguna vez funcionaron, pero que ahora generan indiferencia o, más grave aún, rechazo, solo profundiza la distancia con una sociedad que hoy está enojada y desilusionada.

Vargas Llosa decía que su optimismo se cimienta en que, por lo general, los pueblos son mejores que la mayoría de sus intelectuales: más sensatos, más democráticos, más libres, a la hora de decidir sobre los asuntos sociales y políticos. Agregando que la ventaja de la democracia es que en ella el sentir de la gente común prevalece tarde o temprano sobre el de las elites.1 Ello nos obligaría a abandonar la idea propia del pensamiento gramsciano sobre el rol de los intelectuales en la disputa del poder.

En definitiva, si la oposición pretende volver a ser una fuerza capaz de disputar el poder político, deberá reconciliarse con la gente a partir de una genuina autocrítica y una mayor compresión del sentir popular.

Leandro Rodriguez Pons

Abogado. Profesor UNCuyo /UBA

1 VARGAS LLOSA, Mario, Un bárbaro en París: textos sobre la cultura francesa, 1ª ed., CABA, Alfaguara, 2023, p.212