Comer y cocinar al ritmo de la música

Comer y cocinar al ritmo de la música

La música es una de las más grandiosas ramas del artes que el hombre ha logrado desarrollar y junto a la comida llegan a ser las obras maestras de la humanidad. María Laura Ortiz nos brinda su visión sobre este grandioso dúo.

María Laura Ortiz

Inspiración, emoción, sensaciones y satisfacción son algunas de las cosas son capaces de despertar tanto la música como la comida.

Según Vonne Lara “Por otro lado está la evolución misma de la música, sus etapas, su uso como rasgo distintivo y cultural la hacen parecer infinita, tan distinta en cada región, época, cultura, subcultura, nicho, estrato, banda, tribu urbana, persona... así hasta el infinito. Y por si fuera poco, la música, eso que hace un acierto la vida, tiene efectos poderosos en el cuerpo humano.”

Cocinar con buena música provoca buena energía y esta se traslada a la comida directamente, ya que está comprobado que la música influye en el comportamiento y en el humor de las personas. Es tan placentero cocinar con música de tu agrado que puede convertirse en el ingrediente secreto de un gran plato.

No me alcanza con cocinar con música sino que además disfruto maridar cada plato con música. Me resulta interesante disfrutar de un plato típico con la música regional correspondiente tanto como casar una comida simple y relajada con bossa nova.

La música le aporta el 5° sentido al disfrute de una buena comida.

La vista ayuda en la atracción hacia el plato, con sus colores, texturas y combinaciones que atraerán o alejarán al comensal, el olfato será el que analizará los aromas de la misma para poder delinear el efecto que tendrá en boca, donde las papilas disfrutarán de los sabores que junto a las sensaciones bucotáctiles completarán la experiencia sensorial de comer. Pero si comemos en silencio o inmersos en un gran ruido citadino nos estamos privando de llevar a este plano sensorial al oído, el quinto sentido que le puede dar la perfección a esta vivencia.

La música no sólo moviliza la energía de nuestro ser en forma positiva o negativa, predisponiendo para bien o mal a nuestro aparato digestivo sino que mueve algo muy importante en el inconsciente, lo emocional. La música tiene la capacidad de influír en la química del cerebro, el que liberará dopamina como respuesta a música que nos agrada. La música genera felicidad, esta promueve la sonrisa que junto a los aromas creará una serie de buenos recuerdos.

Los recuerdos emergen a la superficie de la memoria fácilmente con la ayuda de la música.

Escuchar por ejemplo, una tarantela y comer canelones caseros me transporta a la infancia en la casa de mi abuela, a la alegría que se generaba con toda la familia tana alrededor de la mesa y esto seguramente me provocará sentir más deliciosos mi plato de canelones.

Cuando pienso en beber un vino chardonnay fresco para una ensalada de pollo con hojas verdes y croutones pienso que no podría disfrutarlo escuchando una cumbia o reggaeton, sino con una música más tranqui tipo latino melódico como puede ser Julieta Venegas e incluso Laura Pausini. Ahora a un asado no me imagino disfrutarlo más que con un buen folclore, por ejemplo, La Sole, Facundo Toro o Mercedes Sosa. La leña encendida, la parrilla tomando calor, la jarilla desprendiendo sus notas rústicas y la carne dorándose junto a ésta, nuestra música es algo que despierta cosas lindas en nuestra memoria. Esto evoca a nuestros padres, tíos y abuelos en los almuerzos de domingo con la familia de pie al lado del fuego con un vaso de vino y el pan listo para recibir los primeros cortes de carne mientras sonaban los Chalchaleros en el tocadisco o el minicomponente para los más jóvenes. Recuerdos alojados en nuestras mentes, sostenidos por la música que actúa como una plasticola de sentimientos y emociones.

¿Se imaginan ir a comer sushi y que esté sonando bachata con Romeo Santos al palo? Creo que no. Sería otra cosa ver un plato de gran belleza estética como lo es el sushi maridado con Kitaro pensando en maridaje regional o con Enya o Enigma en un maridaje rítmico.

La música elegida no solo debe responder a una región o idioma, sino a la ocasión. Pensar en unos boconcinos con albahaca y tomate fresco colocados al lado de una canasta de picnic, con mantelito rojo a cuadros y una botella de pinot noir demanda una música francesa acorde como puede ser Je Veux de Zaz

Un momento solitario para relajar la semana con un buen libro en una mano y un cafecito en la otra sería insuperable para mi con Amadou y Mariam. Pero el maridaje comida y música es tan subjetivo como cualquier otro. Mientras yo piense en Ed Sheeran alguno pensará en Maroom 5  o lo que provoca en mí una tarantela se lo provocará un buen flamenco para otro, acá lo importante es que comer, compartir y disfrutar de todos nuestros sentidos son lujos de la vida que solo algunos privilegiados pueden lograr. Acá no se trata de comer el Foie Gras más caro con el Sauternes más antiguo en la vajilla más cara. Sino que se trata de comer la comida sabrosa, bien hecha compartida con amigos, familias o seres queridos junto a la buena música. Estamos en una época especial que nos aleja físicamente de nuestros seres queridos podemos lograr una conexión cocinando lo mismo y escuchando el mismo playlist. La energía de la comida y la música nos unirán fuertemente.

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