Caracas Bakery: la panadería escondida en Doral con el mejor olor a pan recién hecho del mundo

Caracas Bakery: la panadería escondida en Doral con el mejor olor a pan recién hecho del mundo

El pan más irresistible que cobró fama por su irresistible aroma tiene detrás la más conmovedora de las historias

Food Lovers

Olor a pasto mojado después de la lluvia, aroma al fogón en invierno y al pan recién horneado. Son fragancias que dan felicidad, sin duda. La conexión de la nariz con las emociones es directa. Quizás ésta sea la explicación de la increíble fama que cobró esta pequeña panadería de inmigrantes en Estados Unidos, Florida, ubicada en Doral.

El comercio multiplicó su clientela gracias la inevitable atracción de miles de transeúntes que eran atrapados por el aroma a producto artesanal recién hecho. El aire dulzón de los croissants, el aroma a masa de pan artesanal resultaban imposibles de ignorar y las personas se iban acumulando en la cola con mascarilla, sin apuro pero deseosos de obtener su premio al llegar al final de la fila humana.

Foto: Miami New Times

Así, la panadería vende actualmente productos estilo francés y venezolano en cantidades imposibles, y casi todos los días se agotan al mediodía. Ofrecen pan canilla y campesino, muy parecido a las baguettes estilo francés, panes dulces, pasteles, cachitos y otras delicias.

El caso de un éxito en plena crisis sanitaria, ya que jamás está vacía. Al frente del negocio están Manuel y Jesús Brazón. Padre e hijo, que huyeron de su país de origen, Venezuela, y comenzaron desde cero el oficio de panaderos. Su primer año de negocio coincidió con la pandemia. Sin embargo, en medio de las dificultades económicas que trajo el contexto, ellos aseguran que nunca dejaron de trabajar. Su éxito radica quizás en la forma en la que aprendieron el oficio: por pura pasión. Y claro, en sus enormes ganas de salir adelante.

Caracas Bakery: fusión de culturas

Allá por el 2008, el contexto de creciente caos en Venezuela era apremiante. Durante ese año Jesús Barzón atravesó un punto de inflexión cuando fue secuestrado para solicitar un rescate a sus familiares. En ese mismo momento, decidió buscar su futuro lejos de allí y dejó a sus padres para huir de esa realidad. Los secuestros son una manera frecuente en la que los delincuentes en Venezuela obtienen sus recursos. Muchas familias venezolanas pasan por este tipo de situaciones.

Sólo en 2012 fueron más de 680 los secuestros denunciados según el Instituto para la Investigación de la Seguridad Ciudadana. De esta manera, Jesús emigró primero a Canadá y luego a Nueva York, realizando en cada lugar diversos oficios intentando salir adelante. Por ese entonces, un amigo lo condujo a conocer el Chelsea Market, un mercado lleno de delicias culinarias neoyorquinas.

Foto: Miami New Times

En aquella visita quedó hipnotizado en una vidriera en donde amasaban pan de masa madre. Algo lo atraía tanto que no podía explicar con palabras lo que le ocurría pero quedó fascinado con el modo en el que trabajaban el pan.

Pronto y gracias a su esfuerzo, obtuvo el título en diseño en el Marymount Manhattan College y se mudó a Wynwood en Miami, conocido por el arte callejero de sus murales, donde tenía una oferta de trabajo.

Cerca de allí había una panadería, Zak the Baker. Pasando por la tienda se dio cuenta de que adoraba ese mundo y todos los secretos de lo que allí se producía. Solía pasar horas con alguna excusa, absorbiendo aquello que tanta satisfacción le daba. El interés crecía mientras buscaba información en YouTube acerca de cómo lograr esos panes caseros que anhelaba aprender a hacer.

Foto: El Nuevo Herald

No pasó mucho tiempo hasta que se le ocurrió modificar la estufa de su propio hogar con rocas de lava, y se las ingeniaba para rociar agua para lograr vapor, un ingrediente fundamental para hornear la masa del pan artesanal. Ensayó dos años antes de poder comer su propio pan. Al principio eran amargos y poco aireados, hasta que logró la perfección.

Claro que la pasión de Jesús es en parte heredada. Su padre Manuel tenía un trabajo rutinario de guardia en un edificio, pero era un gran cocinero y repostero. Horneaba cupcakes para que su hijo llevara al colegio cuando Jesús era chico. También pequeños bizcochitos y otras delicias con base de distintas harinas.

Durante el 2012 visitó a su hijo y vio el funcionamiento de aquella panadería que lo había enamorado en el barrio de Wynwood. Se prometió que algún día trabajaría allí.

Regresó a Caracas, tramitó su jubilación, tomó clases de panadería y repostería y cuando en 2014 volvió a tener amenazas de secuestro, lo cual lo impulsó a decidir, junto con su esposa y madre de Jesús, Scarlett Rojas, que era hora de partir junto a su hijo a un lugar mejor.

Foto: El Nuevo Herald

Su método para triunfar fue trabajar incansablemente. Se ofreció como ayudante en Zak the Baker aunque no hablaba inglés y aprendió durante 4 años. Para entonces, estaba enfocado en abrir una panadería junto a un socio, Mauricio Payares, un amigo de la infancia que se encargaría de la parte administrativa, contable y empresarial.

Pero antes recorrió todo Nueva York en busca de los mejores ejemplares de panes artesanales. Recorrió también San Francisco, y perfeccionó sus habilidades. Así fue como apareció un pequeño espacio en Doral. Lo colmaron de equipos usados y comenzaron a probar el pan de Jesús.

El aroma recorría la cuadra en donde estaba ubicado como una invitación irresistible a pasar a la tienda.

Corrían los primeros meses del 2020 y ellos convidaban un pan de prueba a los clientes por un precio irrisorio. Fue un boom de ventas.

Pronto, Manuel y Jesús se encontraron trabajando juntos codo a codo, ofreciendo no sólo el pan del hijo, sino las exquisiteces pasteleras del padre. Se unió a cocinar también la familia del socio, que también emigró de Venezuela y sumaron productos artesanales como cachitos rellenos de jamón y queso, pan de jamón, entre otros.

Así, el próspero negocio se convirtió en un compendio de productos artesanales, una fusión perfecta entre la cocina tradicional francesa y los productos típicos venezolanos.

Y claro, resultado de la mezcla de experiencias, culturas y sobre todo, del amor familiar.

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