Sancho, más vivo que nunca
Sancho es uno de los cinco clásicos mendocinos. Ya estarás adivinando cuáles son los otros cuatro. Sí, esos mismos. Tienen en común familias enteras atrás del negocio, trabajando hace décadas. Tradición, un menú clásico, mozos de oficio, ambientes elegantes un poco chapados a la antigua, y platos que jamás, pero jamás se quitan de la carta. Tuvieron quizás como clientes a tu abuelo, y a tus padres. Y ahora tal vez a vos con tus hijos.
El fundador del hotel Cervantes y su restaurante fue Pablo Bustos hace 70 años. En 1953 cerró, y luego el restaurante reapareció con el nombre de Sancho. En los últimos años se ha renovado. La nueva generación ha realizado algunos sutiles cambios que no le sientan nada mal. El salón sigue siendo señorial, con espejos y mucha madera. En cambio el patio es tan fresco, precioso. Y ni hablar de la cava: chiquita, prolija, pintoresca.
Dedicimos comer en el patio. Verde, con flores, y con una pequeña fuente que transmite frescura. Es el espacio más elegido en verano. Parece que allí los fumadores pueden ser libres. Una parrilla a la vista con una barra, mobiliario de hierro (cómodo), ventiladores de techo para aplacar el calor en pleno verano, y mesas de vidrio impecables con floreros y servilletas inmaculadas. Domingo al medio día, lleno. Así pinta más o menos el espacio exterior.
La carta de vinos muy completa, equilibrada, con bodegas reconocidas, donde casi puedo asegurar que varias acompañan al restaurante desde sus inicios.
Pedimos vino por copa, y tuvimos la grata sorpresa de que nos ofrecieran malbec y chardonnay de Las Perdices. La marca ya nos tienen acostumbrados, en varios restaurantes lo sirven en pequeños decanters. No creo que sea necesario con vinos jóvenes, y menos para el blanco, pero se ve lindo .
Qué se puede comer en Sancho
La carta de cuero negra y hojas blancas, coherente, es inmensa. Como entrada: fiambre con ensalada rusa, mayonesa de atún o de ave, palmitos con salsa golf, sopas, ensaladas, omelettes y diferentes quesos. Me quedé con ganas de probar el “Pulpo al hierro”. Como principal algunas de las opciones son Escalope de lomo al champignon, Trucha salmonada, Ravioles a los cuatro quesos, la antiquísima Suprema Maryland (estaba en la carta del Titanic), o Salmón grillado. También hay una página completa dedicada a diferentes carnes. ¿Acompañamientos? Tortillas, ensaladas, arroz y papas. Otro tema es la parrilla, allí siempre tienen el fuego encendido y sacan diferentes cortes y productos cárnicos: morcilla, chorizo, mollejas, asado de tira, ojo de bife, punta de espalda de cerdo y la completa “parrillada Sancho” con todo eso y un poquito más.
Qué pedimos
Unos langostinos apanados y fritos. Muchos y grandes, sobrado como entrada para compartir. Calientes por dentro, bien cocidos, con limón a parte para que el cliente pueda ponerle a gusto. Para destacar: el apanado estaba hecho con panco, al estilo oriental. No me equivoco cuando digo que aquí se han renovado, un poquito.
Un principal: ñoquis perfectos. Sí como lo leés. De papa recién hechos, con un mix de crema y salsa bolognesa. No es tan fácil hacer ñoquis ricos, de tamaño adecuado, que no se pegoteen y sean sabrosos. Aquí lo lograron. A la vista no son tan atractivos, pero aseguro que volvería por esos riquísimos ñoquis.La salsa roja un poco fuerte para mi gusto.
Otro principal: Bondiola de cerdo con frutas salteadas. Cerezas (no de lata), duraznos y camote. La salsa agridulce iba perfecto. Un único detalle feo: unas hojitas de radicchio marchitas, no hacían falta. Muy rico plato, abundante, y equilibrado en cuanto sabor. Las porciones mini no son habituales en este lugar.
Y de postre, el mozo me dijo “-Ya le traigo la carta”. Y apareció empujando un carro de tres pisos, con numeras delicias para elegir. Me en-can-tó. A quién no le gusta elegir. Es similar al estilo buffet, pero te sirve el mozo. Claro, no es “tenedor libre”, cada postre tiene su precio. Había isla flotante, peras al vino, lemon pie, dulces artesanales... Fue una sorpresa muy grata. Similar a lo que ocurre en los restaurantes franceses que al terminar la comida pasa el mozo con el carrito con quesos para que elijas.
Opté por una torta “Tabletón” que para mí era una Rogel, pero según me explicaron, es diferente la altura.
Y una ensalada de frutas, y una vez más, ¡ninguna fruta de lata señores! Sumamos puntitos.
Lo que más me gustó: el carrito de los postres, el jardín, y la excelente atención. A los glotones les va a encantar que las porciones sean bien grandes.
Lo que menos me gustó: que el señor de la mesa de al lado fumara y me llegara el humo mientras comía, aunque estábamos al aire libre. Mala suerte. Y el precio, un poco saladito. $800 más propina para dos.
Sancho es uno de esos lugares que te hacen acordar a la niñez. Es un clásico y está más vivo que nunca. ¡Chin chin!
INFO ÚTIL
Sancho Restaurante
Hotel Cervantes
. Dirección: Amigorena 65, a metros de Av. San Martín. Mendoza.
. Teléfono: 0261 520-0400
. Días y horarios: lunes a viernes 12 a 16 hs. y 20:30 a 23:30 hs. Sábado en la noche, y domingo al medio día.
.Precios: entradas entre $100 y $225, principales entre $100 y $290, pastas entre $145 y $165, ensaladas entre $60 y $130, postres entre $60 y $80. Copa de vino $40, parrillada $225.
. Forma de pago: efectivo y tarjetas.
. Playa de estacionamiento propia
. Mesas al aire libre en su jardín interno
. Platos vegetarianos: tortillas, omelettes, ensaladas, risotto.
. Descorche $60
. Cocktelería / Cafetería / Pastelería
NOTA DE LA REDACCIÓN: esta recomendación es independiente, los restaurantes y/o bares no pagan por aparecer en este espacio.
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