ver más

¿Me paro y me voy?

Una salida puede resultar poco placentera si el mozo que nos atiende no está bien predipuesto. Los casos típicos en esta nota.

-Mozo, ¿me podría traer una medialuna, por favor?

El mozo, en vez de traer la factura de manteca, se coloca en posición de deportista en el centro del salón y hace una medialuna en el piso…

Este video, que circuló por la redes sociales y que genera risa en algunos y desconcierto en otros, nos hace reflexionar sobre las variadas experiencias -desde fascinantes y dignas de repetirse, hasta decepcionantes- que podemos vivir en este rubro.

 

La semana pasada Food Lovers recorrió algunos sitios para poder describir de forma más acabada algunas situaciones típicas relacionadas con la gastronomía y especialmente, con los mozos.

Buenos, simpáticos, atrevidos, tímidos, olvidadizos, atentos, ocurrentes… Hay de todo un poco, pero algunas experiencias pueden malograr una cena, motivarte a volver al mismo lugar o directamente probar con uno nuevo en la próxima salida.



Algunas actitudes que tiran la salida para abajo:

1- Que nos toque un mozo con muy poca onda.

Nos atiende justo el que no es muy atento que digamos, que viene de mala gana, como a la fuerza... la gran paradoja del mesero.

Le pedimos la comida y el señor no esboza ni una semi sonrisa… y pensamos: tuvo un mal día, hoy no tenía ganas de trabajar o simplemente, no le gustó mi cara de cliente. En fin, puede sucederle a cualquiera.



2- El mozo no anota la orden, y si la anotó, igual hay confusiones.

El plato que pedí llegó con salsa de mariscos en vez de champiñones, mi hermana recibió carne en vez de cerdo, las rabas  de entrada llegaron junto con el plato principal... en fin, no tuvimos suerte.

 Además, se olvidó de las servilletas, del aceite de oliva, faltan algunos vasos, o mi café está caliente y listo para tomar, pero falta el azúcar o edulcorante.


3- Le preguntamos por los ingredientes de algunos platos y no está muy al tanto.

 "A ver, me esperan un ratito que pregunto y vuelvo", contesta el mesero.

Pensamos que tal vez el chico es nuevo, sin experiencia, y que aún no conoce los productos...


4- El mozo no está atento cuando lo necesito.

Esto suele suceder muy a menudo. Muevo mi mano para pedirle la cuenta, repito el gesto cada vez que lo veo cerca, pero mira a cualquier lado ¡menos a mi mesa! Dudo si lo hace a propósito... no lo creo, pero tendré que ir yo misma hacia la caja.

En este caso juega un papel esencial, el lugar elegido para sentarse: el consejo de Food Lovers es que se busque un sitio privilegiado bien a la vista de los mozos, nada de sentarse detrás de una columna.

La carta bajo la manga

La decisión después de un mal servicio es no volver, y ni hablar de recomendar el lugar.

Y con respecto al mozo, después de pagar la cuenta debemos dejar la propina, que no es ni más ni menos que un reconocimiento por la buena (o floja) atención...

A buen entendedor, pocas palabras.