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Vinos con y sin madera: dos estilos, una misma uva y experiencias muy distintas

La crianza en madera no define la calidad de un vino. Qué características conservan los vinos que no la utilizan y cómo elegir según el gusto y la ocasión.

Un vino con o sin madera. Depende el momento. 

Un vino con o sin madera. Depende el momento. 

ALF PONCE MERCADO / MDZ

En el mundo del vino, una de las distinciones más habituales —y a la vez más debatidas— es la que separa a los vinos criados en madera de aquellos que no han tenido contacto con barricas. Aunque muchas veces se asocia erróneamente la crianza en roble con mayor calidad, lo cierto es que se trata de dos estilos diferentes, cada uno con su identidad, virtudes y momentos de consumo.

Qué significa que un vino tenga crianza en madera

Un vino criado en madera es aquel que, luego de la fermentación, pasa un período de tiempo en barricas —generalmente de roble francés o americano— antes de ser embotellado. Durante ese proceso, el vino evoluciona: la madera actúa como un elemento que aporta aromas, textura y complejidad.

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Las barricas de roble, clave en los vinos elaborados con madera.

Las barricas de roble, clave en los vinos elaborados con madera.

Entre las notas más características que puede sumar la barrica se encuentran la vainilla, el cacao, el café, el coco, el caramelo o las especias, además de una mayor estructura en boca. La microoxigenación que se produce a través de la madera suaviza los taninos y le da al vino una sensación más redonda y envolvente.

Estos vinos suelen estar pensados para un consumo más pausado, acompañando comidas intensas o momentos donde se busca profundidad y persistencia.

Vinos sin madera: frescura y expresión varietal

Por el contrario, los vinos que no pasan por barrica —ya sean fermentados o criados en tanques de acero inoxidable, cemento u otros recipientes neutros— ponen el foco en la pureza de la fruta y la expresión del terroir.

En este estilo predominan los aromas frescos y primarios: frutas rojas o negras en los tintos, cítricos y flores en los blancos, con una acidez más marcada y una boca ágil y vibrante. Al no tener intervención de la madera, el vino se muestra más directo, liviano y fácil de beber.

Son vinos ideales para el consumo cotidiano, encuentros informales o para quienes buscan propuestas más frescas, versátiles y descontracturadas.

¿Cuál es mejor?

No hay una respuesta única. Un vino con madera no es mejor que uno sin ella, ni viceversa. La diferencia está en el estilo, el perfil sensorial y la ocasión de consumo. Incluso una misma variedad —como el Malbec o el Chardonnay— puede ofrecer expresiones completamente distintas según haya tenido o no crianza en barrica.

Los precios del vino en botella en el mercado interno cayeron un 167% en el año, en términos comparativos con la inflación. Foto: DPA
Los vinos sin madera aportan frescura y otras sensaciones en la experiencia. Foto: Dpa

Los vinos sin madera aportan frescura y otras sensaciones en la experiencia. Foto: Dpa

En los últimos años, además, creció el interés por vinos sin madera o con crianzas muy sutiles, en sintonía con una tendencia global hacia vinos más livianos, frescos y fáciles de tomar.

Mientras que un vino con paso por madera puede ser ideal para una cena elaborada o una ocasión especial, un vino sin crianza resulta perfecto para un aperitivo, una reunión entre amigos o un consumo más espontáneo.

Entender estas diferencias no solo ayuda a elegir mejor, sino también a disfrutar más del vino, apreciando la diversidad de estilos que ofrece la vitivinicultura actual.