ver más

Una sesión colectiva con una famosa médium en Mendoza: mi experiencia y las respuestas del más allá

La mediumnidad puesta a prueba en un teatro, una reflexión íntima tras la presentación de Noelia Pace, la reconocida canalizadora que transformó el duelo de cientos de mendocinos.


El fenómeno que genera la mediumnidad volvió a manifestarse con fuerza en Mendoza a través de la propuesta que encabeza la médium marplatense Noelia Pace. La búsqueda de respuestas ante la pérdida y la necesidad de transmutar el duelo reunieron a un público heterogéneo que ansiosos por participar de una vivencia poco convencional.

MDZ estuvo presente en un colmado Teatro Plaza en Godoy Cruz, en la primera fecha de los dos encuentros en nuestra provincia, constatando la masiva concurrencia que aguardaba desde temprano en las veredas del recinto. Entre los asistentes se mezclaban personas que transitaban duelos recientes con practicantes de disciplinas holísticas, tarotistas, una médium y apasionados del esoterismo. La expectativa y las ganas de recibir un mensaje del más allá estuvo presente en cada persona con la que hablé en la fila de ingreso.

La médium oriunda de Mar del Plata movilizó una energía muy fuerte entre los mendocinos que buscaban respuestas de sus seres queridos fallecidos.

Antes de ingresar a la sala, la atmósfera previa reflejaba una marcada carga afectiva y de expectativa. Claudia, una de las asistentes, comentó: “Me invitó mi mamá, por eso vine, ella la sigue por eso me invitó”. Su madre añadió a la conversación: “No vengo con expectativas, me gusta lo que ella habla, me parece muy real, vengo a comprobarlo personalmente”. Por su parte, una mujer llamada Lilia compartió su visión sobre lo imperceptible al señalar: “Creo que hay un mundo sutil que el humano no ve, pero está, existe; creo que la gente que amamos, nuestros muertos, están con nosotros”.

La conexión con el dolor de algunos concurrentes al entrevistarlos en la fila, fue casi inevitable, ya que todos estábamos ahí por la misma motivación, en mi caso, trascendía mi labor de cronista.

La experta contactó con almas de personas que murieron, trayendo un mensaje para los familiares que elegía durante la conmovedora sesión.

El trance colectivo y una sencilla puesta en el escenario

Una vez dentro de la sala, la puesta en el escenario no necesitó de artificios: una mesa cubierta con un mantel oscuro, botellas de agua, unos micrófonos inalámbricos para pasar de mano en mano, y una iluminación estratégica de tonos violetas en lo alto de la bambalina y colores cálidos en las patas del escenario, además de unas intensas y hasta segadores luces blancas apuntando a las plateas. Tras exigir el apagado estricto de los dispositivos móviles para no alterar el estado de concentración, la conductora dio inicio a la dinámica mediante una breve meditación que guió con profundas palabras acompañada por música de fondo que solo se escuchará al inicio y al cierre del evento.

A teatro lleno, la médium no dudó en conectar con la mayor cantidad de personas que estuvo a su alcance en las dos horas de encuentro.

Durante la sesión, la especialista sostiene que los fallecidos se presentan y le brindan mensajes con detalles que solo el familiar puede validar. Las interacciones se desarrollaron a través de un intercambio fluido entre Noelia y los presentes, con datos específicos y generales que cada uno puede relacionar con los difuntos que busca contactar. Una joven habló con MDZ sobre su presencia en el escenario tras ser señalada, relató conmovida: “Me quedó la frase ‘con la moto no’, es un mimo al alma, es una experiencia inigualable; yo perdí a mi papá a los 17 años y me ha ayudado muchísimo lo que escuché hoy”.

Procesar la pérdida en comunidad

La experiencia derivó gradualmente en una suerte de contención terapéutica del duelo, donde se abordaron distintas tipologías de pérdidas, desde accidentes trágicos hasta partidas ya maduradas. Otra asistente analizó el alcance del encuentro al salir de la función: “No es necesario estar ahí y que ella te resuelva tus dudas; si vos querés conectar con quienes necesitás, inconscientemente vas a recibir el mensaje”. En sintonía, un joven acompañante indicó: “Yo vine por mi novia que está pasando el duelo de la madre, sentís en el ambiente que todos buscan una respuesta”.

Con un recorrido avalado por galardones como el Faro de Oro, el Estrella de Mar y el Martín Fierro, la figura sostiene que su propósito va más allá del exhibicionismo esotérico: “Las almas conectan, el espíritu conecta, somos energía y estoy aquí para unirnos y así poder sanar y comprender que la muerte solo es transformación y el tiempo es infinito”.

Una mirada personal desde el dolor propio

Atravesar esta función no fue un mero ejercicio profesional; la motivación de estar allí respondía a la partida de mi mejor amigo, ocurrida hace seis meses. El cúmulo de interrogantes, el recuerdo constante y la necesidad de hallar un puente emocional me vincularon de manera directa con cada uno de los testimonios recogidos en la puerta del teatro. Cuando en la sesión se generaba un intenso ping-pong entre la persona y la médium, cruzando información que era validada inmediatamente, esperaba ser señalado con su láser verde o elegido por que mi ser querido llamó su atención desde el plano en el que ella los puede percibir.

Una energía muy potente se percibe en el ambiente, entre los llantos y las historias de duelo, las respuestas para muchos llegan en las historias de la audiencia.

Aunque no levanté la mano ni fui seleccionado entre la multitud, presenciar el desarrollo de este movilizador encuentro resultó un proceso conmovedor e imprevistamente reparador. Al finalizar la velada de mediumnidad, durante un breve intercambio periodístico, pude expresarle a la especialista el motivo íntimo de mi presencia; su sugerencia fue que dejara mis datos de contacto a la producción para un eventual mensaje futuro. Me retiré en serenidad, con la certeza íntima de haber conectado con mi amigo o con lo que me dejó su pérdida y con la convicción de que el procesamiento del duelo también puede encontrar cauce en la vivencia compartida.