Trabajar fuera de casa: el gasto invisible que puede sumar $180.000 al mes
Viandas, café y pequeños gustos pueden sumar miles por mes. Y la cuenta no incluye transporte, estacionamiento ni combustible. ¿De cuánto es tu gasto invisible?
Un café, una tortita o una vianda parecen gastos menores, pero repetidos durante 20 días laborales pueden convertirse en una cifra importante. Foto: Canva
Un café con dos tortitas, una vianda al mediodía, un chipá para cortar la mañana o ese almuerzo especial de los viernes. Por separado parecen gastos pequeños. Sin embargo, cuando se repiten durante toda la semana laboral pueden convertirse en una cifra importante a fin de mes.
Trabajar fuera de casa tiene gastos cotidianos que muchas veces no entran en el presupuesto porque no se pagan de una sola vez. Son $3.000 hoy, $5.000 mañana y otros $5.500 pasado. El problema aparece cuando se suman 20 jornadas laborales.
Los testimonios de trabajadores mendocinos permiten ponerle números a esa cuenta.
Vianda más un pequeño gusto: hasta $180.000 al mes
Diego Pérez tiene 38 años y trabaja como administrativo en una empresa de Ciudad. Todos los días compra una vianda para almorzar por unos $5.000. El café es uno de los beneficios de su trabajo, pero generalmente sale a comprar una tortita, una factura o algo para acompañarlo. En ese pequeño gusto diario gasta entre $2.000 y $4.000.
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Si se proyecta sobre 20 días de trabajo, solamente las viandas representan unos $100.000 mensuales. A eso hay que agregar entre $40.000 y $80.000 de panificados o snacks.
La cuenta final queda entre $140.000 y $180.000 por mes. Y todavía no aparecen allí el transporte, el combustible, el estacionamiento ni cualquier otro gasto asociado a trasladarse hasta el lugar de trabajo.
Un café de $3.000 termina convertido en $60.000
Antonela Gallardo trabaja en un local comercial y cumple horario de corrido. Su estrategia para gastar menos es llevarse el almuerzo preparado desde su casa. Sin embargo, mantiene un pequeño ritual cada mañana: comprarles un café con algún panificado a los cafeteros que pasan por la puerta del comercio. Gasta alrededor de $3.000 por día. Parece poco frente al precio de un almuerzo, pero repetido durante 20 jornadas representa otros $60.000 mensuales.
La situación coincide con un comportamiento analizado este año por Focus Market. En su informe Índice Joven: la generación de los “Ratones Profesionales”, la consultora identificó al café como uno de los gastos hormiga frecuentes entre jóvenes que estudian o trabajan fuera de casa. El relevamiento calculó en $9.300 un café con medialunas en un bar porteño y estimó que consumirlo ocho veces durante el mes representa $74.400. El estudio está enfocado en jóvenes, pero permite dimensionar el peso que pueden adquirir estos consumos cuando se repiten.
El café con chipá que termina costando más de $100.000
Entre los trabajadores consultados aparecen otras combinaciones habituales para hacer una pausa durante la jornada. Un café con dos chipás puede rondar los $5.500, mientras que café con dos tortitas llega aproximadamente a $5.700. Si alguien repitiera el primero todos los días laborales, la cuenta alcanzaría los $110.000 mensuales; con el segundo, subiría a unos $114.000.
No necesariamente se consume todos los días. Pero incluso hacerlo dos o tres veces por semana puede convertir una salida aparentemente menor en varias decenas de miles de pesos al mes.
El almuerzo de los viernes también entra en la cuenta
Hay gastos que, además, cumplen una función social. Un grupo de trabajadores mendocinos tiene su propio ritual: todos los viernes almuerzan juntos en el trabajo. Algunas semanas preparan una picada, otras compran sándwiches y, cuando pueden organizarse, hacen un asado. Cada integrante aporta entre $10.000 y $12.000. Cuatro viernes representan entre $40.000 y $48.000 mensuales por persona.
Eliminar estos encuentros no necesariamente es la respuesta. El almuerzo compartido, el café o la salida de cinco minutos también forman parte de la vida social de quienes pasan ocho o más horas fuera de casa.
El dato interesante aparece en otro lugar: saber cuánto cuestan. Porque el gasto invisible de trabajar presencialmente no siempre está en una gran compra. Muchas veces se esconde en una sucesión de consumos de $3.000, $5.000 o más que parecen mínimos hasta que llega fin de mes y alguien hace la cuenta.



