Presenta:

Se reveló cuántos vasos de Fernet podés tomar sin romper la dieta

El médico explicó en TV cómo medir el Fernet, qué aporta en calorías y por qué la clave no es prohibir, sino controlar la porción y la frecuencia.

El Fernet deja de ser enemigo o tabú y pasa a ocupar un lugar claro y sostenido.

El Fernet deja de ser enemigo o tabú y pasa a ocupar un lugar claro y sostenido.

En televisión volvió una pregunta clásica de cualquier plan alimentario: ¿se puede tomar Fernet sin arruinar el esfuerzo o la dieta? La escena ocurrió en Cuestión de Peso y tuvo como protagonista a Alberto Cormillot.

A partir del caso del participante apodado “Vikingo”, el médico puso números sobre la mesa y ordenó un debate que suele mezclarse con mitos. No habló de prohibir, sino de medir. En bebidas populares como el Fernet, el problema no es la cola sin azúcar, sino la cantidad de alcohol servida en cada vaso. Saber cuánto equivale una porción estándar y qué impacto tiene en el balance diario permite decidir con menos ansiedad y con más información.

¿Cuál es la medida justa del Fernet?

Alberto Cormillot fue directo y práctico: existe una referencia que ayuda a no pasarse. La “medida legal” del Fernet equivale a tres cucharadas soperas, unos 45 centímetros cúbicos. Con esa porción, si el vaso se completa con cola light o zero, el aporte energético proviene casi por completo del alcohol.

El dato desarma suposiciones: poner más hielo o llenar el vaso con gaseosa sin azúcar no cambia de manera relevante el total de calorías. Lo que sí modifica la cuenta es repetir la medida sin registro. Para quien disfruta del trago en un encuentro social, medir antes de servir es una herramienta sencilla que marca diferencia. Un dosificador casero puede ser el mejor aliado del plan.

fernet.jpg
El Fernet es una de las bebidas más elegidas por los argentinos.

El Fernet es una de las bebidas más elegidas por los argentinos.

Calorías y graduación, sin rodeos

Alberto Cormillot recordó que las bebidas blancas y el Fernet suelen ubicarse entre 40% y 45% de alcohol. Cada gramo de alcohol aporta 7 calorías. Con esa base, una porción estándar ronda las 120 a 130 calorías. Multiplicadas por varios vasos, la ecuación pesa. Cuatro tragos en una noche significan cerca de 500 calorías adicionales, que se suman a lo comido.

Para quienes siguen un plan de 2.500 calorías diarias, el médico calculó un total semanal cercano a las 18.000. La clave es simple: el cuerpo no se guía por intenciones, sino por acumulación. Si el déficit semanal es pequeño, medio litro de bebidas alcohólicas puede revertir el progreso de días.

El caso que disparó la charla fue claro. El “Vikingo” contó que, antes de sumarse al programa, los viernes a la noche tomaba cuatro vasos con una medida de “dos dedos”, abundante hielo y cola sin azúcar. La escena suena familiar: llega el fin de la semana y aparece el brindis. El conductor Mario Massaccesi lanzó la pregunta obvia: si ese hábito podía considerarse saludable.

La nutricionista Estefanía Pasquini aportó matices: lo que para una persona puede ser un permiso tolerable, para otra puede equivaler a las calorías de todo el día. De allí que pesar el lunes y sorprenderse en la balanza sea casi un clásico. El punto no es demonizar, sino entender el impacto de repetir el patrón.

Claves prácticas para no pasarse

Moderación no significa prohibición. El enfoque de Cormillot busca dar herramientas. Si se elige tomar, conviene registrar cantidades y frecuencia. Medir la porción —esas tres cucharadas— ayuda a dimensionar cuánto se bebe, porque el ojo suele subestimar. También sirve espaciar los vasos, alternar con agua y evitar sumar snacks hipercalóricos alrededor del brindis.

El contexto importa: servir en copas más chicas, medir el Fernet antes de volcarlo y tener bebidas sin alcohol a mano. Si el viernes es noche de brindis, el jueves y el sábado pueden ser días de mayor prolijidad. Y siempre evitar manejar o realizar actividades de riesgo después de beber.

El mensaje final es sencillo, aunque no siempre cómodo: la balanza resume elecciones repetidas. Un trago no define un proceso; cuatro tragos, todas las semanas, sí. La pregunta saludable no es “¿puedo?”, sino “¿cuánto y con qué frecuencia?”. Saber qué es una medida, cuántas calorías aporta y cómo integrarla al plan permite decidir con menos culpa y más claridad.

En esa línea, el Fernet deja de ser enemigo o tabú y pasa a ocupar un lugar claro y sostenido, concreto y acotado dentro de un esquema de cuidado posible. Para sostener el cambio, conviene apoyarse en herramientas simples, medir sin obsesión y pedir acompañamiento profesional cuando haga falta. La constancia, más que la perfección, es la que mueve la aguja.