Prevención del suicidio: qué hacer cuando alguien sufre y no encuentra salida
La Lic. en Psicología Beguerí explica las señales de alerta y cómo acompañar. Conocé las claves de la prevención del suicidio en adultos y adolescentes.
La contención y la escucha son el primer paso.
Cada 10 de septiembre, el mundo conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha impulsada en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS). La jornada busca visibilizar una problemática que sigue siendo tabú y promover acciones basadas en evidencia para prevenirla.
En Argentina, la urgencia del tema quedó reflejada en las cifras más recientes. Durante 2025 se registraron 5.209 suicidios, la cifra más alta de la serie histórica, con una tasa de 11,8 cada 100.000 habitantes y un incremento del 22,6% respecto al año anterior. El fenómeno se convirtió en la principal causa de muerte violenta entre jóvenes de 15 a 34 años, desplazando a los accidentes de tránsito.
Qué es la ideación suicida y cómo se manifiesta
La licenciada en Psicología María Elsa Beguerí, quien trabaja en consultorio particular y en el servicio de orientación escolar de una escuela secundaria en Mendoza, explica que la ideación suicida es la idea de quitarse la vida. Puede ser un pensamiento recurrente que nunca se concreta o una intención que se lleva adelante. En cualquier caso, señala, debe abordarse para comprender qué está ocurriendo con esa persona.
La profesional aclara que no existe una fórmula exacta ni un conjunto predeterminado de síntomas que permita anticipar un intento de suicidio. Sin embargo, menciona algunas señales de alerta: el aislamiento, la desconexión de todo proyecto vital y el descuido del aspecto personal. Estos indicadores suelen estar asociados a cuadros depresivos profundos.
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La Lic. Beguerí enfatiza que el sufrimiento de quien atraviesa una crisis suicida es intenso y profundamente subjetivo. Los motivos pueden ser diversos (problemas económicos, conflictos de pareja, sentimientos de insuficiencia en adolescentes), pero todos comparten una característica: la persona busca terminar con el dolor porque no encuentra otra salida.
Cómo acompañar a un hijo adolescente: estar presente sin invadir
Para los padres de adolescentes, la recomendación de la psicóloga es acompañar como se pueda y estar presentes, aunque el hijo busque su espacio y quiera separarse. La profesional sugiere observar conductas concretas como con quién se relaciona, cuánto duerme, si come o no come, cómo se viste, qué amigos tiene.
En la adolescencia, advierte, se encadenan múltiples situaciones que pueden derivar en trastornos de la alimentación o en el inicio de adicciones. Por eso insiste en la importancia del diálogo cotidiano: preguntar cómo está, cómo fue su día, qué le importa.
Sin embargo, aclara que ese vínculo debe cultivarse desde la niñez. "Cuando tu hijo tiene 14 años y nunca le hablaste, no podés pretender acercarte de golpe", ejemplifica. Se trata de un ejercicio diario que ella resume en una palabra: presencialidad. Reconoce que es difícil, porque muchos padres trabajan muchas horas fuera de casa y los chicos suelen tener múltiples actividades, pero sostiene que en los momentos compartidos hay que hablar y observar.
Respecto a las redes sociales, Beguerí marca un límite entre la intimidad y el control, pero considera necesario mantener cierta supervisión, sobre todo al inicio de la secundaria o de la adolescencia.
Por qué el malestar aparece cada vez más temprano
La psicóloga explica que el adolescente está en un proceso de búsqueda de su identidad, por lo que puede no se sentirse comprendido o que no encuentra su lugar. A esto se suman las exigencias del entorno: cómo hay que ser, hasta dónde hay que llegar, qué vestir, qué tener, cómo pertenecer.
Algunos chicos logran resolverlo con las herramientas que les brindó su familia y su entorno de contención. Otros no pueden. No lo hablan porque no tienen un referente, o porque en casa les responden "no me vengas a hablar de esas cosas". Tampoco encuentran contención entre sus amigos ni tienen acceso a un espacio psicoterapéutico.
En ese contexto, los docentes suelen convertirse en los receptores de las primeras señales. Ese docente amigo, el que nota que un alumno está triste y le pregunta qué le pasa, se transforma muchas veces en el primer eslabón de la ayuda.
El rol de la escuela y los protocolos de actuación
En el ámbito escolar, y debido a que la ideación suicida aparece cada vez más en escuelas secundarias, existe un protocolo específico para activar cuando un alumno expresa deseos de autolesionarse o de quitarse la vida.
Cuando un estudiante verbaliza frases como "ya no puedo más" o "no quiero despertar", se activa un procedimiento que incluye dejar constancia por escrito y notificar al servicio de orientación y a los directivos. La persona que expresa estas ideas, explica Beguerí, en realidad está pidiendo ayuda, aunque no sea plenamente consciente de ello.
Los docentes cumplen un papel fundamental como referentes. Muchas veces son ellos quienes primero detectan cambios en el comportamiento de los alumnos y reciben los mensajes de alerta. La profesional destaca que el trabajo se realiza en equipo y se articula con distintas instituciones gubernamentales.
El ámbito adulto: más difícil de abordar
En el caso de los adultos, el abordaje resulta más complejo. La psicóloga señala que depende en gran medida de la voluntad de la persona para pedir ayuda y sostenerse en un tratamiento terapéutico. A diferencia de lo que ocurre en las escuelas, donde existen protocolos claros y equipos de orientación, los adultos suelen llegar a la consulta por otros motivos.
La psicóloga explica que los pacientes adultos rara vez consultan diciendo que quieren morir. Llegan con problemas como depresión, tristeza profunda o dificultades para superar situaciones específicas. Recién en el transcurso de las sesiones, cuando se genera confianza, emerge el verdadero sufrimiento que los atraviesa.
Las falencias del sistema de salud mental
La Lic. Beguerí advierte sobre las limitaciones del sistema de salud mental en Argentina. Las obras sociales cubren pocas sesiones anuales y el servicio público no cuenta con suficientes profesionales para atender toda la demanda. Una consulta semanal particular, señala, es un lujo al que no todos pueden acceder.
La profesional también menciona que persiste el estigma en torno a la salud mental. Aunque reconoce avances (ya que cada vez más personas hablan abiertamente de ir al psicólogo y más médicos derivan a sus pacientes), considera que todavía falta mucho camino por recorrer. "No se le da la importancia que merece", afirma.
La prevención es posible
A pesar de la gravedad del panorama, la evidencia indica que la mayoría de los suicidios pueden prevenirse. La OMS estima que alrededor de 727.000 personas mueren por suicidio cada año en el mundo, y subraya que se trata de una causa de muerte evitable mediante intervenciones coordinadas.
Restringir el acceso a medios letales, promover una cobertura mediática responsable y fortalecer las habilidades socioemocionales de los adolescentes son algunas de las medidas recomendadas. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la prevención solo es posible con una red de apoyo colectiva, capaz de detectar a tiempo las señales de riesgo y de garantizar el acceso rápido a los recursos de salud mental.
A quienes estén atravesando una situación difícil, la psicóloga María Elsa Beguerí les deja un consejo: que se den la oportunidad de probar la terapia. "Probar no es una sola vez. Son dos o tres veces por lo menos", recomienda. En una problemática donde el silencio y el estigma siguen costando vidas, animarse a pedir ayuda puede marcar la diferencia.








