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La razón por la que algunas personas duermen mejor cuando hace frío

Una habitación fresca puede ayudar a las personas a conciliar el sueño, pero pasar frío también puede alterarlo.

El frío y el sueño: una relación más importante de lo que parece. Foto: Freepik

El frío y el sueño: una relación más importante de lo que parece. Foto: Freepik

Hay personas que esperan el invierno para dormir mejor. Se acuestan más temprano, descansan con mayor profundidad y sienten que las noches frías les permiten recuperar energía de una manera que el calor no les da. La explicación no está solo en la comodidad de las mantas o en el placer de una cama abrigada: el sueño tiene una relación directa con la temperatura del cuerpo.

Durante la noche, el organismo necesita bajar progresivamente su temperatura central para favorecer el inicio del sueño. Esa disminución forma parte del ritmo biológico que prepara al cuerpo para descansar. Investigaciones sobre sueño y temperatura corporal señalan que el descanso humano suele comenzar cuando la temperatura interna empieza a descender, un proceso acompañado por cambios en la circulación y en la pérdida de calor a través de la piel.

Por eso, para muchas personas, un ambiente fresco puede facilitar el descanso. El cuerpo no tiene que hacer tanto esfuerzo para enfriarse y puede entrar con mayor facilidad en el estado fisiológico que favorece el sueño.

Algunas personas aman el invierno porque pueden dormir mejor. Foto: Freepik

Algunas personas aman el invierno porque pueden dormir mejor. Foto: Freepik

Por qué el calor suele dormir peor

El calor nocturno, en cambio, puede convertirse en un obstáculo. Cuando la habitación está demasiado cálida, el cuerpo tiene más dificultad para liberar calor. Eso puede retrasar el momento de quedarse dormido, aumentar los despertares durante la noche y generar una sensación de descanso más liviano o interrumpido.

El ambiente térmico es uno de los factores que influyen en la calidad del sueño. Una revisión publicada en Journal of Physiological Anthropology señala que la temperatura y la humedad del dormitorio pueden afectar las etapas del sueño, la regulación térmica y la continuidad del descanso.

En términos cotidianos, esto explica por qué en verano muchas personas se despiertan más veces, se mueven más en la cama o sienten que, aunque hayan dormido varias horas, no descansaron bien.

Dormir mejor con frío no significa pasar frío

Sin embargo, hay una diferencia importante: dormir en un ambiente fresco no es lo mismo que dormir con frío. El objetivo no debería ser temblar, despertarse con los pies helados o permanecer incómodo durante la noche. Cuando la sensación de frío es intensa, también puede afectar el descanso.

El cuerpo necesita un equilibrio. Una habitación fresca puede favorecer la conciliación del sueño, pero si la persona no está adecuadamente abrigada, el organismo puede activarse para conservar calor. Esa respuesta puede generar tensión, incomodidad y despertares.

De hecho, algunos estudios advierten que la percepción de frío en el dormitorio también puede relacionarse con peor calidad de sueño, especialmente cuando la temperatura del ambiente no resulta confortable para la persona que duerme.

El papel de las manos y los pies

Aunque parezca contradictorio, para dormir bien en un ambiente fresco muchas veces ayuda tener manos y pies cálidos. Esto se debe a que la circulación periférica participa en la pérdida de calor del cuerpo. Cuando las extremidades están cálidas, los vasos sanguíneos de la piel se dilatan y permiten liberar calor desde el interior del organismo.

Investigaciones sobre manipulación de la temperatura de la piel mostraron que pequeños cambios térmicos pueden influir en el tiempo que una persona tarda en dormirse. El calentamiento cutáneo, dentro de rangos normales, puede favorecer el inicio del sueño al acompañar la caída de la temperatura central.

Por eso, muchas personas duermen mejor con el dormitorio fresco, pero con medias, mantas o ropa de cama adecuada. La clave está en que el ambiente no sea caluroso, pero que el cuerpo tampoco se sienta expuesto.

Mantas, oscuridad y sensación de refugio

El frío también tiene un componente psicológico. En invierno, la cama suele percibirse como un espacio de refugio: mantas pesadas, oscuridad temprana, menos ruido en la calle y una rutina más pausada pueden contribuir a una sensación de descanso más profundo.

Además, las noches frías suelen invitar a reducir la actividad, cenar más temprano o permanecer menos tiempo expuesto a estímulos externos. Si esa rutina viene acompañada de menos pantallas, menos cafeína nocturna y horarios más regulares, el sueño puede mejorar todavía más.

No es únicamente el frío: es el conjunto de señales que el cuerpo interpreta como preparación para descansar.

Cómo aprovechar el frío para dormir mejor

Para quienes descansan mejor en invierno, la recomendación es mantener una habitación fresca, ventilada y confortable, sin extremos. Conviene evitar calefaccionar en exceso el dormitorio, usar ropa de cama adecuada y cuidar especialmente manos y pies si tienden a enfriarse demasiado.

También es importante sostener hábitos básicos: horarios regulares, poca luz antes de dormir, evitar comidas muy pesadas de noche y reducir el uso del celular en la cama.

La explicación, en definitiva, está en la biología. Algunas personas duermen mejor cuando hace frío porque el cuerpo necesita bajar su temperatura interna para iniciar el sueño. Pero el verdadero aliado no es el frío extremo, sino el equilibrio: un ambiente fresco, un cuerpo abrigado y una rutina que le indique al organismo que llegó el momento de descansar.