La historia de la directora mendocina que combina aulas, maternidad y altas cumbres
Milagros Pozzi es profesora de Música, madre y montañista, combina la escuela con desafíos extremos como el Ojo del Salado.
Milagros Pozzi, madre, docente y deportista.
@pozzimilagros01Milagros Pozzi es profesora de música y directora de la Escuela Artística 5-022 Fausto Marañón, en Las Heras. Pero su historia no se limita a la docencia: encontró en la montaña un espacio de crecimiento personal que la llevó a conquistar cumbres imponentes, entre ellas el Ojo del Salado, el volcán más alto del mundo.
Convencida de que la enseñanza y el montañismo tienen puntos en común, asegura que “todo requiere planificación y, al igual que en la escuela, la montaña me ayuda a mantenerme con los pies en la tierra”.
De las pistas de atletismo a los senderos de altura
Su vínculo con el deporte comenzó a los 9 años, cuando empezó a correr en pista. Luego llegó la calle y, más tarde, las competencias de aventura que hoy se conocen como trail running. “Siempre fui muy perfeccionista. Carrera que hacía, carrera en la que buscaba ganar o estar entre los primeros puestos”, recuerda.
Con el tiempo, su forma de vivir la actividad cambió: dejó de lado la obsesión por el podio y se abrió a experiencias más vinculadas con la naturaleza y la resistencia.
Sueños en altura y récords postergados
En 2020 se propuso un desafío mayúsculo: intentar un récord en el Aconcagua. Sin embargo, cuestiones burocráticas impidieron concretarlo. Lejos de frustrarse, decidió continuar su preparación y enfocar sus energías en otros proyectos.
Uno de ellos fue cruzar la cordillera hacia Chile siguiendo la ruta sanmartiniana en modalidad non stop (sin detenerse), un reto que lleva adelante desde hace dos años con un compañero de travesía y que busca perfeccionar en cada edición.
El Ojo del Salado y otras conquistas
Entre sus logros se destaca la cumbre del volcán Ojo del Salado -en enero de este año-, ubicado en la frontera entre la región de Atacama (Chile) y Fiambalá (Catamarca), considerado el más alto del mundo con 6.893 metros. Allí completó la ascensión en modalidad non stop, sumando la experiencia a un extenso recorrido que incluye cerros emblemáticos como el Plata, el Punta Negra -su primera cumbre en 2017 junto a su hermano Alejandro- y el Portillo, al que ascendió más de 30 veces.
También practica esquí de travesía durante el invierno, una disciplina que le permite entrenar en altura cuando las condiciones de la montaña cambian.
Además de sus desafíos personales, Milagros organiza eventos de trail a beneficio de instituciones sin fines de lucro. Con estas iniciativas, combina su pasión por el deporte con el compromiso social, generando espacios donde el esfuerzo físico se traduce en ayuda concreta para la comunidad.
Una pasión que convive con la familia
Madre de dos hijas: Luna, que estudia Ingeniería en Informática, y Sol, de 16 años, próxima a viajar de intercambio a Francia, Milagros equilibra su vida entre la familia, la escuela y la montaña.
“Estoy feliz con lo que hago”, afirma. Su historia demuestra que es posible conjugar la vocación docente con los desafíos deportivos más extremos, siempre con la montaña como maestra silenciosa de perseverancia y resiliencia.



