La ciencia confirmó que tenemos un sexto sentido: conocé cuál es
Durante años se enseñó que los seres humanos teníamos solo cinco sentidos. Sin embargo, la ciencia confirmó la existencia de un sexto sentido. Los detalles.
Descubrí cuál es el sexto sentido. Foto: Freepik
Durante años, la escuela enseñó una idea simple y repetida: los seres humanos tenemos cinco sentidos. Vista, oído, olfato, gusto y tacto parecían alcanzar para explicar la forma en que percibimos el mundo. Sin embargo, la ciencia viene mostrando que esa lista es mucho más limitada de lo que se creía y sí: ¡hay un sexto sentido!.
Según publicó Deutsche Welle (DW), con información de Psychology Today y Science Alert, uno de los campos que más interés despierta hoy en la neurociencia es la interocepción, un sistema que permite detectar e interpretar lo que ocurre dentro del cuerpo. Para muchos investigadores, se trata de una especie de “sexto sentido” que funciona de manera constante, aunque casi nunca seamos plenamente conscientes de él.
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La interocepción es el mecanismo por el cual el sistema nervioso registra señales internas como el ritmo cardíaco, la respiración, el hambre, la sed, la temperatura corporal, la tensión muscular o las sensaciones provenientes del estómago. A partir de esa información, el cerebro puede tomar decisiones fundamentales para mantener el equilibrio del organismo.
Es decir: cuando una persona siente que necesita comer, descansar, tomar agua o detenerse porque algo no está bien, no solo está reaccionando a un pensamiento. También está interpretando mensajes que llegan desde el interior del cuerpo.
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Qué es la interocepción y por qué importa
A diferencia de la vista o el oído, que permiten percibir estímulos externos, la interocepción mira hacia adentro. Su tarea es registrar lo que sucede bajo la piel: el latido que se acelera, la presión en el pecho, el estómago vacío, la respiración agitada o el cuerpo en tensión.
Durante mucho tiempo, estas señales fueron asociadas casi exclusivamente con funciones básicas. Sin embargo, las investigaciones recientes sugieren que la interocepción podría tener un papel mucho más amplio. No solo ayudaría a regular necesidades fisiológicas, sino también a construir la forma en que una persona experimenta sus emociones.
Esto significa que el cuerpo no sería un simple receptor pasivo de lo que ocurre en la mente. Por el contrario, corazón, estómago, músculos y cerebro mantendrían un diálogo permanente que influye en la manera en que cada persona interpreta el miedo, la ansiedad, el enojo, la calma o el bienestar.
El cuerpo también participa en las emociones
Una de las líneas de investigación más relevantes apunta a la relación entre interocepción y salud mental. Los científicos estudian si la forma en que una persona percibe las señales internas del cuerpo puede influir en trastornos como la ansiedad, la depresión, el estrés postraumático o los trastornos de la conducta alimentaria.
La hipótesis es que una lectura más precisa de esas señales ayudaría al cerebro a diferenciar mejor entre una amenaza real y una falsa alarma. Por el contrario, cuando esa comunicación se altera, el organismo podría responder de manera desproporcionada ante determinadas sensaciones corporales.
Un ejemplo cotidiano es el hambre. Hay personas que, cuando tienen hambre, se vuelven más irritables, ansiosas o emocionalmente inestables. Investigaciones citadas por Science Alert observaron que quienes tienen una interocepción más precisa pueden experimentar menos altibajos emocionales asociados a esa sensación. No dejan de sentir hambre, pero logran que esa señal corporal afecte menos su estado de ánimo.
El estómago, el corazón y el cerebro
La interocepción también está siendo estudiada en personas con anorexia nerviosa. Uno de los trabajos mencionados por DW se realizó en la Universidad de California en Los Ángeles, donde investigadores utilizaron una cápsula vibratoria ingerible para analizar cómo pacientes con anorexia percibían señales provenientes del estómago.
Los resultados mostraron que algunas alteraciones persistían incluso después de la recuperación del peso corporal. Este hallazgo refuerza una idea importante: en ciertos trastornos, no alcanza con mirar únicamente el peso, la conducta alimentaria o los síntomas visibles. También puede ser necesario comprender cómo el cerebro interpreta las señales internas del cuerpo.
Esa línea de investigación abre una puerta relevante para el futuro. Si la comunicación entre órganos internos y sistema nervioso influye en la salud mental, entenderla mejor podría ayudar a diseñar tratamientos más precisos.
Un campo científico en pleno debate
Aunque el interés por la interocepción crece, no todos los especialistas coinciden en cómo debe definirse. Algunos investigadores advierten que el concepto se está utilizando de manera demasiado amplia para describir fenómenos muy distintos entre sí.
Ese debate no frena el avance del campo. Por el contrario, muestra que la ciencia todavía está tratando de ordenar un territorio complejo. En 2025, un equipo de Scripps Research y el Instituto Allen recibió financiamiento de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos para crear un atlas tridimensional de la interocepción. El objetivo es mapear las conexiones entre neuronas sensoriales y órganos internos para comprender mejor cómo se comunican el cuerpo y el cerebro.
El sexto sentido
La idea de que solo existen cinco sentidos ya resulta insuficiente para muchos especialistas. Además de la interocepción, la ciencia reconoce otros sistemas perceptivos, como la propiocepción, que permite registrar la posición del cuerpo en el espacio, o el sentido del equilibrio, vinculado al sistema vestibular.
Algunos investigadores incluso sostienen que los sentidos humanos podrían ser muchos más que cinco. Pero más allá del número exacto, el dato central es otro: el cuerpo percibe mucho más de lo que la conciencia registra.
La interocepción recuerda que las emociones no ocurren únicamente en la mente. También se construyen con señales que llegan desde el corazón, el estómago, la respiración y los músculos. Ese “sexto sentido” funciona en silencio, todos los días, incluso cuando nadie le presta atención. Comprenderlo mejor podría cambiar la forma en que pensamos la salud física, la salud mental y la relación entre cuerpo y cerebro. Porque, tal vez, una parte importante de lo que sentimos empieza mucho antes de que podamos ponerlo en palabras.