ver más

El pueblo bonaerense que dejó de ser de paso y se volvió destino

Pipinas es un pueblo del partido de Punta Indio que convirtió su pasado ferroviario e industrial en una propuesta de turismo comunitario.


En este pueblo de Buenos Aires, la historia reciente no se esconde detrás de una postal prolija. Pipinas lleva todavía las marcas del tren, de la fábrica cementera y de una comunidad que tuvo que reinventarse cuando buena parte de su vida económica se apagó, convirtiéndose en un destino de turismo comunitario.

La localidad pertenece al partido de Punta Indio y está ubicada sobre la Ruta Provincial 36. Su origen se remonta a 1913, cuando se inauguró la estación ferroviaria Las Pipinas, una punta de riel que empezó a ordenar el crecimiento de esta zona del este bonaerense.

Pipinas: del pasado industrial al turismo comunitario

Durante décadas, el pueblo tuvo un impulso decisivo por la actividad industrial. La instalación de una fábrica cementera en 1938 marcó un antes y un después, pero el cierre de esa planta en los años noventa golpeó fuerte a la localidad y dejó una huella profunda en su población.

image

La antigua identidad ferroviaria sigue presente en un pueblo que encontró nuevas formas de mostrarse.

Lo interesante de Pipinas es lo que ocurrió después. Un grupo de vecinos impulsó una cooperativa y recuperó el antiguo hotel vinculado a la fábrica, una experiencia que ayudó a convertir al pueblo en uno de los ejemplos bonaerenses de turismo de base comunitaria.

Esa transformación también se ve en sus calles. El Museo Abierto Pipinas reúne murales de artistas locales, nacionales y latinoamericanos, y funciona como una forma de contar la historia del pueblo desde el espacio público, con imágenes que hablan de trabajo, memoria y cambio.

La experiencia no queda solo en el pasado industrial. Pipinas también conserva una escala rural, una oferta gastronómica de carnes pampeanas y una tranquilidad de pueblo chico que la volvió una escala distinta para quienes recorren esta parte de Buenos Aires.

Por eso Pipinas funciona como una escapada con otra profundidad. No es apenas un pueblo de paso camino a la costa, sino un lugar donde la memoria ferroviaria, la historia fabril y la organización comunitaria terminaron armando una identidad nueva.