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El lado B de Las Leñas: las historias de quienes trabajan en el centro de esquí

En Las Leñas trabajan cientos de personas de diferentes provincias de Argentina y también de países vecinos. Aquí los relatos de algunos de ellos.


Mientras las cámaras capturan a los esquiadores y los sunset en los paradores, en otro plano menos visible, pero esencial se desarrolla la vida cotidiana de quienes hacen posible la experiencia en Las Leñas. A casi 2.240 metros sobre el nivel del mar, centenares de trabajadores sostienen el ritmo del complejo invernal más emblemático de Mendoza. Detrás del esplendor, hay historias de esfuerzo, permanencia y pasión por la montaña.

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Cayetano Rinaldini de San Martín, es su tercera temporada trabajando en Las Leñas.

Una comunidad que vive y trabaja en altura

Buena parte del personal que trabaja en Las Leñas vive durante toda la temporada en las residencias destinadas exclusivamente para empleados. En estos espacios, se alojan desde recepcionistas y mozos hasta instructores de esquí y responsables de paradores gastronómicos. Las habitaciones son compartidas por grupos de entre cuatro y seis personas. En los casos de matrimonios en los que ambos integrantes trabajan en el complejo, se les permite convivir junto a sus hijos.

Aunque la mayoría prefiere no detallar cifras, muchos trabajadores coinciden en que la propuesta económica resulta conveniente, no solo por los ingresos, sino también por los beneficios de alojamiento y entorno.

LAS LEÑAS VICTOR Y SU ESPOSA

Víctor y Camila, el matrimonio que se conoció trabajando en Las Leñas y tiene dos hijos pequeños.

Historias que nacen al pie de la montaña

Víctor trabaja en Las Leñas desde 2010. Actualmente, está a cargo de Leñitas, el restaurante de pastas estilo italiano que funciona en la base. En su relato se cruzan vocación, trabajo estacional y una historia de vida que se tejió en la montaña. “Vine por primera vez como turista en un día gratuito para mendocinos y me quedé fascinado con el snowboard. No tenía medios para venir como visitante, así que se me ocurrió trabajar acá para poder esquiar. Lo logré con el tiempo”, cuenta.

En el Hotel Piscis conoció a su esposa, quien trabajaba en la guardería del mismo establecimiento. Hoy viven juntos en la residencia de personal, tienen dos hijos pequeños y organizan su vida familiar entre temporadas. “Son pocas las empresas que te permiten vivir y trabajar con tus hijos en el mismo lugar. Las Leñas lo hace posible”, resalta.

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Víctor, Agustín, Miguel, Martín y Anita trabajan en el parador Leñitas.

Instructores con historia: pasión, inclusión y perseverancia

Entre los instructores que integran la escuela de esquí, también hay trayectorias que marcan la diferencia. Joaquín Ponce de León, de Uruguay, trabaja como instructor desde 2015. Su recorrido tiene un componente particular: es el único instructor del centro con una pierna ortopédica, resultado de una amputación sufrida en la infancia a causa de un cáncer óseo. Su vínculo con Las Leñas comenzó hace décadas como parte del primer grupo de esquí adaptado de Sudamérica. Hoy enseña a decenas de alumnos por temporada y es referente de superación en el entorno.

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El equipo de instructores en plena acción.

Junto a él, Juan Serial de la Torre, de Buenos Aires, destaca que la calidad de nieve y la altura del centro lo convierten en el mejor destino para quienes se dedican al esquí profesional. Ambos coinciden en que la convivencia en las residencias genera un fuerte sentido de comunidad entre los instructores, que comparten rutinas desde temprano y jornadas intensas de enseñanza sobre la nieve.

Recepción, atención y hospitalidad

Natalia es oriunda de Godoy Cruz y lleva casi una década haciendo temporada en Las Leñas. Actualmente, trabaja en la recepción del Hotel Piscis, el más emblemático del complejo. Su trayectoria comenzó en el área del hostel destinado al personal y fue escalando puestos gracias a su formación y experiencia. “Las temporadas me dieron oportunidades de crecimiento profesional y me formaron en el ámbito hotelero”, afirma.

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Natalia Benito lleva cerca de 10 temporadas trabajando en Las Leñas.

Durante el resto del año, Natalia trabaja en el sector gastronómico en la Ciudad de Mendoza, pero reconoce que los meses en la montaña tienen una energía diferente. “Es exigente, pero también muy enriquecedor. Conocés gente de todo el país y vivís una experiencia distinta”.

Aunque funciona por temporadas, Las Leñas se convierte en una verdadera ciudad en la montaña. Y detrás del servicio que recibe el visitante, hay trabajadores que no solo sostienen su funcionamiento, sino que también construyen vínculos, proyectan sus vidas y encuentran en la cordillera un escenario para crecer, formar familia e incluso cumplir sueños.