Cómo armar un brunch bien cuyano: los sabores que no pueden faltar
Semitas, tortitas, tomaticán, alcayota, aceitunas y sabores puntanos pueden transformar un brunch en una experiencia regional.
El paso a paso para crear un brunch cuyano. (Imagen generada con IA).
El brunch nació de la combinación de dos palabras inglesas -breakfast y lunch- y terminó convirtiéndose en una comida sin demasiadas reglas: ocurre tarde para ser desayuno y temprano para convertirse en almuerzo. Puede incluir café y algo dulce, pero también huevos, panes, quesos, frutas e incluso platos calientes.
Pero para armar uno en Mendoza, San Juan o San Luis no es necesario reproducir la clásica mesa de tostadas con palta, pancakes o huevos Benedict. Cuyo tiene suficientes sabores propios como para apropiarse del formato y darle una identidad completamente diferente.

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Manzana al horno: una receta sencilla para un postre delicioso
Así aparece una idea sencilla para un sábado o domingo sin apuro -aunque podría hacerse cualquier día-: armar un brunch cuyano con productos regionales y preparaciones que cuenten de dónde viene esa mesa.
No existe una receta tradicional llamada “brunch cuyano”. La propuesta consiste, justamente, en tomar una costumbre contemporánea y construirla con alimentos que forman parte de la cultura gastronómica de Mendoza, San Juan y San Luis.
El primer cambio está en el pan
Si hay algo que no debería faltar es una buena panera. En Mendoza, las tortitas mendocinas pueden ocupar perfectamente el lugar de los croissants o las tostadas. Se pueden servir calientes, solas o abiertas por la mitad con queso, jamón o algún producto regional. De hecho, la propia Ciudad de Mendoza las ha incorporado con jamón y queso en experiencias gastronómicas destinadas a mostrar sabores locales.
San Juan aporta uno de sus productos más reconocibles: la semita. La importancia de este panificado dentro de la identidad provincial es tal que Rawson realiza una Fiesta Provincial del Pan y la Semita destinada a preservar y promover esta tradición.
Y hay otra preparación capaz de unir buena parte de Cuyo: las sopaipillas. Recién hechas y servidas tibias pueden acompañarse tanto con ingredientes dulces como salados.
La primera regla del brunch cuyano, entonces, podría ser muy sencilla: cambiar el pan industrial por algo que tenga acento regional.
Tomaticán con huevos: el plato caliente perfecto para el brunch
Todo brunch necesita un plato que marque la diferencia entre un desayuno común y una comida capaz de extenderse hasta el mediodía. Y Cuyo tiene un candidato ideal: el tomaticán.
Esta preparación forma parte de la tradición culinaria de la región y encuentra diferentes versiones familiares. Tomate, cebolla y huevo conforman una combinación suficientemente sencilla como para servirse en pequeñas cazuelas o directamente en una sartén en el centro de la mesa.
El tomaticán también aparece entre las preparaciones utilizadas para difundir la gastronomía sanjuanina junto con productos como el dulce de alcayota, las nueces y el aceite de oliva.
Servido con una tortita, una semita o un buen pan casero, puede reemplazar sin problemas a los clásicos huevos revueltos del brunch.
Una tabla salada con productos de la región
En lugar de preparar muchos platos diferentes, una tabla permite reunir sabores y hace que el brunch conserve ese espíritu relajado de una comida para compartir. Puede llevar quesos, aceitunas, nueces, almendras, tomates, conservas y algún fiambre, acompañados por aceite de oliva.
Y San Luis puede sumar una opción que empuje definitivamente el desayuno hacia el almuerzo: pequeñas empanadas sanluiseñas.
La gastronomía puntana reconoce entre sus preparaciones características las empanadas elaboradas con carne vacuna o chivito, cebolla, huevo y especias. Para un brunch, en lugar de servirlas en el tamaño tradicional, pueden prepararse versiones pequeñas para comer con la mano y compartir.
No hace falta sumar chivo a la llama ni convertir la mesa en un almuerzo completo. La idea es tomar algunos de esos sabores e incorporarlos en pequeñas porciones.
El costado dulce: alcayota, arrope y membrillo
Si la parte salada mira hacia los huevos, las empanadas y las aceitunas, el otro extremo de la mesa puede convertirse en una pequeña muestra de dulces regionales.
El dulce de alcayota es uno de los grandes candidatos. Puede servirse sobre queso, acompañar una semita o simplemente presentarse en un pequeño recipiente junto con nueces.
San Juan también conserva preparaciones como el arrope de uva, además del clásico membrillo con queso entre sus sabores tradicionales.
A eso pueden agregarse frutos secos y frutas frescas o deshidratadas. Uvas cuando están en temporada, duraznos, ciruelas, higos, nueces o almendras permiten completar la mesa sin necesidad de recurrir únicamente a pastelería.
La clave está en ofrecer pequeñas cantidades de varias cosas. En un brunch, probar es casi tan importante como comer.
Qué tomar en un brunch cuyano
El mate puede compartir protagonismo con el café, el té o las infusiones. Para quienes prefieren algo frío, pueden incorporarse jugos de frutas o mosto de uva.
Y si se trata de un brunch de fin de semana entre adultos, otra posibilidad es sumar una copa de espumante producido en la región.
No es obligatorio. Justamente una de las ventajas de este formato es que puede adaptarse a cada grupo: familiar, entre amigos, para una pareja o incluso para una mañana tranquila en casa.
Cómo armar una mesa cuyana sin complicarse
Para cuatro personas no hace falta cocinar durante horas. Una combinación posible podría incluir:
- una panera con tortitas mendocinas, semitas o sopaipillas;
- una pequeña sartén de tomaticán con huevos;
- una tabla de quesos, aceitunas y frutos secos;
- cuatro o seis empanaditas sanluiseñas;
- dulce de alcayota y membrillo;
- fruta fresca;
- mate, café y jugo o mosto.
No es necesario utilizar todos los productos al mismo tiempo. Si se vive en Mendoza, San Juan o San Luis, también puede resultar interesante elegir aquello que se consigue cerca y sumar algún sabor de las otras dos provincias.
Ahí está probablemente lo más atractivo de la propuesta. El brunch podrá conservar su nombre extranjero, pero la mesa no tiene por qué hacerlo. Entre una tortita tibia, una semita, una cazuela de tomaticán, unas aceitunas y una cucharada de alcayota aparece otra manera de contar Cuyo.
Y quizás ese sea el secreto de un buen brunch cuyano: que antes de probarlo ya se pueda reconocer de qué lugar viene.



