Este es el pueblo italiano de donde vienen muchos antepasados argentinos
A fines del siglo XIX y principios del XX, miles de italianos dejaron atrás sus pueblos natales en busca de una vida mejor en América. Muchos de ellos desembarcaron en Argentina, donde formaron familias, fundaron pueblos y marcaron profundamente la cultura local. Uno de esos puntos de partida fue Saluzzo, un pintoresco pueblo del Piamonte italiano que, aún hoy, conserva sus callecitas empedradas, su arquitectura medieval y ese aire sereno que atrajo a tantos viajeros.
Ubicado en la provincia de Cuneo, al noroeste de Italia, Saluzzo se extiende en las laderas del Monte Viso, a solo 60 kilómetros de Turín. Es una localidad cargada de historia, que durante siglos fue la capital de un marquesado independiente. Su casco antiguo, uno de los mejores conservados del norte italiano, está formado por callejones angostos, murallas antiguas y palacios renacentistas que invitan a caminar sin apuro.
Los descendientes de saluzzeses en Argentina son numerosos, especialmente en zonas como Córdoba y Santa Fe. Algunas localidades, como Silvio Pellico, fueron fundadas o pobladas por inmigrantes de Saluzzo, que trajeron consigo no solo su idioma y costumbres, sino también una profunda ética del trabajo rural y comunitario. Hoy, muchas familias argentinas pueden rastrear sus orígenes hasta este pueblo alpino.
Entre los imperdibles para visitar se encuentra la Catedral de Saluzzo, del siglo XV, el Castillo de la Manta a pocos kilómetros, y la Casa Cavassa, un palacio renacentista convertido en museo que relata la historia del marquesado. Además, los alrededores ofrecen vistas de los Alpes y senderos para hacer trekking, especialmente en verano.
En invierno, el pueblo también sirve como base para quienes buscan explorar la zona nevada o practicar deportes de montaña.
La gastronomía local es otro motivo para visitar: platos con trufa blanca, quesos de montaña, pasta fresca y vinos del Piamonte como el Barolo o el Dolcetto se sirven en trattorias familiares que cuidan el sabor y la tradición. Para muchos argentinos, comer en Saluzzo no solo es un viaje culinario, sino también emocional, como si un eco del pasado volviera a encontrarlos.