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Gay, católico y sastre del papa Francisco: conocé a Filippo Sorcinelli

Conocé a Filippo Sorcinelli, diseñador italiano, que creó más de 50 piezas para el Vaticano y redefinió la estética litúrgica.
Filippo Sorcinelli, el sastre que vistió al Papa y desafió al Vaticano. Foto: Instagram: filippo_sorcinelli
Filippo Sorcinelli, el sastre que vistió al Papa y desafió al Vaticano. Foto: Instagram: filippo_sorcinelli

En un rincón de Italia durante 1974, un nene se quedaba hipnotizado mirando cómo entraba la luz en la iglesia. Observaba las túnicas de los curas, los muebles antiguos. Ahí, entre bancos de madera y las columnas del templo, algo se le activó. Hoy, muchos años después, Filippo Sorcinelli recuerda ese momento como el origen de todo.

Y ese “todo” incluye muchas cosas, desde ropa litúrgica para papas, perfumes con aroma a Dios, y ornamentos que más que vestir, cuentan. Sorcinelli no solo diseñó más de cincuenta piezas para el Vaticano (algunas para Benedicto XVI, y más de veinte para el papa Francisco), también cambió la idea de cómo se puede representar lo sagrado. En su universo, lo divino se huele, se escucha, se toca, se siente. 

Artista multidisciplinario, apasionado de la estética, católico practicante y también homosexual declarado, Filippo fundó el Atelier LAVS, un espacio donde confecciona casullas, mitras, estolas y hasta muebles para la Iglesia. Pero no cualquier iglesia, hablamos del Vaticano. Y no cualquier papa, hablamos de Francisco, con quien trabajó codo a codo desde la primera misa del argentino en la Capilla Sixtina.

Lo que salió de ese vínculo fueron piezas profundamente fieles al estilo de Bergoglio, con austeras casi minimalistas. Nada de dorados ni ostentación. Blancos sobre blancos, bordados sutiles que apenas se notan, pero están. Como las intenciones de quien cree sin alardearlo. Más que vestirlo, Sorcinelli pareció traducirlo.

Sin embargo, su obra no se limita al ojo. Cada pieza que sale de su taller está pensada para involucrar todos los sentidos. Las telas son suaves, el diseño es impecable, y muchas veces, la prenda viene con un aroma a incienso que él mismo crea. Lo llama “el olor a Dios”, mezcla de resinas sagradas y provocación artística. Ese perfume, según cuenta, despierta memorias espirituales que no sabíamos que teníamos.

Lo que sorprende no es solo la calidad de su trabajo, sino la incomodidad que genera su figura en los pasillos más conservadores de la Iglesia. Porque Filippo es eso que muchos no saben cómo digerir: un hombre de fe que también se saca fotos sin remera y que se tatúa el cuerpo entero. Se preguntan cómo puede ser gay y católico, mas no hay provocación en lo que hace, solo fe.

Durante más de una década, su estética fue la que acompañó al papa Francisco. Pero ahora, con su muerte, el futuro es una incógnita. ¿Seguirá el nuevo pontífice con esta línea de espiritualidad contemporánea o volverá al clasicismo litúrgico? Nadie lo sabe. Lo único cierto es que Sorcinelli cose desde otro lugar. Su trabajo, dice él, es una forma de ministerio.

En su taller de Santarcangelo di Romagna, Filippo sigue creando. Entre telas blancas, cruces, perfumes y música que combina lo sacro con lo electrónico, se mueve como si todo eso fuera natural. Porque para él, lo es. A su manera, Filippo encontró una forma de reconciliar lo carnal con lo sagrado, y lo antiguo con lo nuevo. 

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