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Estas son las comidas que engañan al estómago y no calman el hambre

Un estudio reciente revela cómo ciertos alimentos comunes no solo no nos llenan, sino que aumentan nuestro apetito. Descubrí cuáles son y por qué deberías evitarlos.

Todos disfrutamos de la comida, pero seguramente alguna vez experimentaste que ciertos platos, en vez de llenarnos, nos dejan con más hambre. Un estudio reciente reveló que algunos alimentos, en lugar de satisfacer nuestro apetito, lo incrementan debido a sus componentes específicos.

La clave radica en la composición de estos alimentos

Muchos son ricos en carbohidratos, azúcar y sabores artificiales, y carecen de proteínas y fibra. Estos componentes pueden simular una sensación de saciedad a corto plazo, pero en realidad, desestabilizan nuestros niveles de azúcar en sangre y nos dejan con más hambre.

Hamburguesas:

Un clásico de la comida rápida que contiene grasas trans, inflama el estómago y puede impedir que el cerebro produzca los transmisores que controlan el hambre, dejándonos insatisfechos.

Las hamburguesas pueden dejarte con más hambre debido a sus grasas trans. Foto: Shutterstock

Pizza:

La combinación de harina refinada, aceites y queso desestabiliza los niveles de azúcar en la sangre. Después de comer una porción, es común sentir la necesidad de consumir más debido a esta alteración en el metabolismo.

La pizza desestabiliza los niveles de azúcar en la sangre, aumentando el apetito. Foto: Shutterstock

Sushi:

Aunque parece saludable, el sushi, con su arroz blanco, se digiere rápidamente, lo que provoca que la sensación de saciedad desaparezca pronto. El pescado no compensa la gran proporción de arroz, haciendo que el hambre vuelva en poco tiempo.

El arroz blanco del sushi se digiere rápido, haciendo que el hambre vuelva pronto. Foto: Freepik

Papas fritas:

Al igual que otros alimentos salados, pueden desencadenar el fenómeno de saciedad sensorial específica, donde el consumo de algo salado induce el deseo de comer algo dulce. Además, causan fluctuaciones en los niveles de azúcar similares a las de la pizza.

Las papas fritas inducen fluctuaciones en los niveles de azúcar y aumentan el deseo de comer. Foto: Freepik

Jugos de fruta:

Aunque naturales, pueden aumentar el apetito debido a su alto contenido de azúcar. Sin la fibra de la fruta entera, el jugo provoca picos de azúcar en la sangre seguidos de bajones que pueden dejarnos con hambre nuevamente.

Los jugos de fruta pueden provocar picos de azúcar y dejarte con hambre después. Foto: Shutterstock

Pan blanco:

La falta de fibra en el pan blanco, debido a la eliminación del salvado, dificulta la digestión lenta, resultando en un aumento del apetito poco tiempo después de consumirlo. El pan integral, con más fibra, es más efectivo para mantener la sensación de saciedad.

El pan blanco carece de fibra, lo que incrementa el apetito poco después de consumirlo. Foto: Freepik

Cereales:

Muchos cereales comerciales están hechos con harina blanca y contienen grandes cantidades de azúcar. Estos ingredientes causan altibajos en los niveles de glucosa y, como resultado, aumentan el hambre. Los expertos recomiendan elegir cereales con más fibra y menos azúcar por porción para una mejor saciedad.

Los cereales comerciales altos en azúcar y bajos en fibra aumentan el hambre. Foto: Freepik

Pasta blanca:

Presenta los mismos problemas que el pan blanco. Su rápida digestión y el potencial para ser consumida en exceso pueden desestabilizar la capacidad del páncreas para producir insulina, incrementando así la sensación de hambre.

Pastas blancas incrementa el hambre. Foto: Shutterstock

Alcohol y licores:

El consumo de alcohol reduce los niveles de carbohidratos y leptina, la hormona que controla el hambre, lo que puede llevar a un aumento del apetito. Es común que después de una noche de consumo de alcohol, las personas busquen alimentos para compensar estos efectos.

El alcohol reduce la hormona que contráela el hambre. Foto: Shutterstock

Endulzantes artificiales:

Estos pueden engañar al cerebro de manera similar al azúcar regular, haciéndole creer que recibirá energía calórica. Al no recibir esta energía, el cuerpo puede sentir hambre y buscar alimentos dulces a lo largo del día.