Andrea Ferreyra: "La mirada de la mujer en los vinos genera otro tipo de conexión"
Andrea Ferreyra es Jefa de Enología de Bodega Finca La Celia, ubicada en San Carlos, en el sur del Valle de Uco, y en la provincia de Mendoza. Ella hace mucho tiempo que está al frente de la enología de esta importante marca (allá por el año 2006) y desde su llegada ha sabido darle una impronta especial a cada uno de los ejemplares que salen de la firma.
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Con sobresalientes logros a nivel internacional y con gran reconocimiento del consumidor local, sus vinos se han posicionado en distintos segmentos de mercados. Su conocimiento sobre el funcionamiento de la industria y su mirada femenina le aportan otro "saber hacer" a la industria del vino en la Argentina.
- ¿Cómo ha sido la industria con vos? En la industria del vino, en general la mujer ha sido relegada a un segundo plano. Hoy vemos, por suerte, que toman protagonismo de muchas enólogas.
- Voy a hablar de lo que conozco, que es una parte de Argentina: de la Argentina vitivinícola, y particularmente Mendoza. Creo que con el tiempo hemos visto un cambio importante en la incorporación de mujeres en las primeras líneas. La primera mujer que dio el puntapié inicial fue Susana Balbo y ha sido una mentora en el buen sentido de la palabra de muchas que estamos liderando proyectos vitivinícolas.
Seguramente habían muchas más mujeres trabajando en la industria del vino cuando solo descollaba Susana, pero quizás no tenían la visibilidad que ahora sí tenemos. Creo que el camino a recorrer es bastante largo, pero lo importante es que se ha dado ese primer paso y no desde la igualdad por una cuestión de género, sino desde un punto de vista de la capacidad de trabajo y de la preparación desde lo humano, técnico y profesional. Ha sido una mirada más integral y lo analizo como muy positivo. Además, yo tuve la suerte de provenir de una familia donde las mujeres trabajaron siempre, o sea que para mí no, no era nada nuevo.
- ¿Contratarías mujeres en la bodega hoy?
- Si claro. Pero las valoraría más por la capacidad que por el género. En mis equipos de trabajo hay mujeres. Todavía hay estructuras sociales por romper en el vino.
- Y hablando de vinos ¿Hay diferencias cuando el vino lo hace una mujer?
- Hay vinos hechos por mujeres que son espectaculares y otros hechos por hombres que también son geniales. Si ahondamos más nos vamos a dar cuenta de que el vino no lo hace una sola persona. Somos un equipo de gente. Pero, creo que la mirada de la mujer en los vinos genera otro tipo de conexión. Ni mejor, ni peor. Distinta.
En mi caso personal, por ejemplo, cuando estaba embarazada, tenía como un detector en la nariz de defectos y un umbral de sensibilidad muy bajo. Entonces había un pequeño defecto en un vino y lo detectaba, o notaba alguna pequeña desviación que, cuando no estaba embarazada, quizás no me percataba. Después de estar embarazada, me quedó esa sensibilidad que antes no la había desarrollado.
- Como consumidora mujer ¿Te gustan más los vinos blancos o los tintos?
- En un principio yo era más tomadora de vinos tintos, y con el tiempo aprendí a valorar los blancos. Hoy soy una enamorada de los blancos y de los Rosé. Esa fineza, ese toque en la elaboración de blancos y esa precisión es mucho más significativa y mucho más evidente que en el caso de los tintos. Sobre todo porque estamos en una zona relativamente cálida para lo que es el mapamundi de los vinos. Los blancos son muy sensibles y hay que tratarlos con cuidados.
- El Valle de Uco hoy ha relegado a otras zonas productivas de Mendoza, en cuanto a difusión y a ocupar lugares en la comunicación ¿Es la gran vedette del vino argentino? ¿Qué hay ahí que los críticos y consumidores posan tantos sus miradas?
- Para mí, dentro del Valle de Uco hay varios valles. Muchos los conocen. Y cada micro-lugar tiene su particularidad. Me parece muy genérico hablar del Valle de Uco y meter todo dentro de la misma bolsa. Ahora... decir que es lo mejor que hay en el mundo, o lo mejor que hay en Argentina, creo que sería pecar de soberbio. Cada lugar tiene su encanto y cada lugar de la Argentina en donde se hacen vinos tienen sus propias aptitudes.
- ¿Cuáles serían esas aptitudes del Valle de Uco?
- A mi me encantan los vinos más finos, con mejor terminación, pensados para la guarda. También los vinos blancos. Si bien muchas veces la bodega no se destaca por hacer vinos para guardar, hemos tenido ocasiones de probar vinos de cosechas antiguas por alguna celebración especial, y están impecables, increíbles. Entonces te podría decir que esa fineza que tiene la zona y que se termina demostrando en los vinos, son características que son únicas de ese lugar.
Igualmente quiero decir que el hecho de que se esté produciendo vino en 18 provincias de la Argentina, a mí como consumidora y más allá de mi profesión, me abre la cabeza muchísimo, porque dejamos de ser Malbec en Argentina para pasar a ser muchos vinos de muchas zonas.
- ¿Podemos decir que un vino o la gran mayoría de los vinos que salen del Valle de Uco son para gente con paladares un poco más entendidos? ¿O te podés animar a probar algo sin haber tomado vino?
- Yo creo que sí, que claro que hay que animarse. Obviamente que quizás una persona más entusiasta del vino lo pueda entender o vaya a buscar incluso algo más específico, pero un consumidor que recién se está iniciando también puede disfrutarlo. Esto no es solo para entendidos. Un simple consumidor también los va a poder apreciar.
- Hoy los enólogos viajan y charlan con consumidores globales: ¿nos podes contar qué piensan afuera del vino argentino?
- A lo largo de todas las veces que he tenido la oportunidad de viajar he logrado intercambiar opiniones con muchos hacedores de vino, y eso es muy lindo: hay una retroalimentación. De esas charlas puedo sacar como conclusión que, para los vinos argentinos, la vara está cada vez más alta. El consumidor global es cada vez más exigente, porque competimos con vinos de cualquier parte del mundo.
Al consumidor de afuera le gustan los vinos correctos, y siempre te piden un plus, lo que llamamos nosotros el “over delivery wines”: siempre piden un poquito más de lo que uno está dispuesto a ofrecer para esa segmentación. Sobre todo el consumidor europeo, que es bastante austero. He tenido experiencias, sobre todo en Japón, con clientes súper exigentes también no solamente con el vino, sino con todo lo que tiene que ver con las reglamentaciones y demás.
- Si volvieras atrás en el tiempo ¿elegirías de nuevo enología?
- Sí, totalmente. Dadas las circunstancias y en el país que estamos poder vivir de la profesión que uno eligió es algo fantástico. Y encima en ese trabajo soy feliz. Me ha dado muchísimas satisfacciones familiares, personales, intelectuales, de relación, de conocer personas. Muchos de los logros que yo he tenido en mi vida ha sido a través de la profesión, como por ejemplo, poder conocer lugares que nunca pensé. Mi primer auto me lo compré trabajando de enóloga, y también mi casa. Fui madre, me casé... y siempre con esta profesión a cuestas. En el mundo del vino hay mucha amistad que se genera, mucho trabajo de colaboración.
Sepan que cuando uno va a una reunión y aparece con una botella de vino, hay toda una historia detrás de esa etiqueta.
- ¿Te gustaría que más chicas se incorporaran a la enología?
- Sí, totalmente. Muchas veces me han contactado chicas y chicos que están en el secundario, que no saben qué carrera seguir. Entonces me llaman y les cuento cuál ha sido mi camino. Cada uno hará el suyo. Pero me parece que en una provincia como la nuestra, donde la industria del vino es tan importante, es muy positivo que tengamos buenos profesionales vitivinícolas: comerciales, técnicos, agrónomos, enólogos, y demás.
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