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Al maridaje perfecto le decimos... ¡Minga!

La combinación de vinos y comidas es fundamental y uno de los mayores placeres de la vida. Pero hay que aflojar un poco, y te explico por qué.
La magia estará en la simpleza
La magia estará en la simpleza

Días pasados estuve en una cena, y unos de los comensales saltó con una frase heroica: “A nosotros nos gusta hacer toda una cena con espumantes”. "¡Excelente Maravilla, bien por tu valentía absoluta!", me dieron ganas de contestarle. 

En la mesa que estaba al lado, una chica con cierto desapego a las cosas expresó que ya “no tolera más que le digan que los vinos blancos van con el pescado y menos aún que son exclusivos para las mujeres”. Revolucionaria. 

El hacedor de los vinos que se tomaban en esa reunión intentó relajar la situación y comentó que es muy difícil combinar sus elixires con la comida, porque "son tan complejos y presentan tantas aristas, que prefiero que se beban con un libro y algo de música de Chopin”. Y yo me preguntaba... ¿El pony, dónde lo habrá dejado?

Más que lo que debo, lo que puedo

Si hay algo que aborrezco del mundo del vino son sus reglas tácitas. Las miradas acusadoras de “yo sé algo que vos no y eso me hace diferente”. Esas miradas que van de una lado a otro, como juzgando o desaprobando. De sommeliers a comensales, de amigos entendidos a familiares queridos, de hacedores a consumidores, de periodistas a críticos de vinos.

Esas reglas te llevan a que, si las seguís, tengas que pensar en el artículo 62, inciso 23 antes de tomar ese vino de Gualtallary. Con esto quiero decir, que en vez de simplemente disfrutar como primera premisa, sientas que antes de tomar un vino que te gusta debes conocer y analizar muchas cosas. 

Lamentablemente hay mucha gente que hace sentir a otros que rompen "reglas sagradas" cuando se toman un vino con alguna comida, y eso es terrible. 

Vinos y comidas.

Ciertamente el vino tiene una magia especial, como hemos dicho anteriormente, por la que puede adaptarse a diferentes momentos, y además puede representar para cada uno de nosotros una historia. Y es cierto que podrá contarnos un pedacito de ese mundo maravilloso al que pertenece. 

Sin embargo, todas las reglas para tomar un vino quedan en un octavo plano, cuando la realidad se impone. Esa realidad es la tuya, que estás ahí, con ganas de disfrutar un vino. En la tarde, de postre, con soda, en un trago, para la cena, para disfrutar una película. 

Siempre habrá más

A diferencia de otras bebidas en el mundo, con el vino siempre habrá más. Si buscás, te relacionás y querés conocer más detalles de lo que realmente te interese a vos, siempre tendrás la posibilidad de hacerlo. 

Muchas veces nos confundimos y pensamos que mientras más intrincado es, más difícil de entender, por carácter transitivo, será mejor. Y la verdad es que un vino simple te puede hacer más feliz, que aquel al que le buscaron tanta vuelta. O no. Tendrás que probar.

La realidad, querida amiga, querido amigo lector, en mi recorrido que llevó por el mundo de los vinos y la gastronomía, es que la emoción y lo inolvidable está en la simpleza. No tengo dudas de eso. 

No hay vinos mejores o peores, no hay combinaciones perfectas, ni maridajes ideales. Eso no existe. Son puras mentiras. 

Lo perfecto es el vino y todas las cosas que generan cada una de las etiquetas que hay en cada rincón del planeta.