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Paraguay juega con fuego: la vuelta de los militares y las guerrillas al Cono Sur

Periodista, escritor y guionista paraguayo. Autor de la historia del Ejército del Pueblo Paraguayo.
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El "consenso" en que "hay que actuar", es el más fuerte argumento que Paraguay está esgrimiendo para poner a sus militares al frente de dos tareas riesgosas y que se encuadran dentro de lo que podríamos denominar como un renacimiento de la "Doctrina de la Seguridad Nacional": enfrentar al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) en territorio campesino y a la inseguridad urbana.

Ambas cuestiones aparecen como forzadas por una situación de "excepción", que podría ser una amenaza real contra la vida de la mayor parte de los paraguayos: los policías fracasaron.

Según la Constitución paraguaya, el mantenimiento del orden interno está a cargo de la Policía Nacional, mientras la defensa del territorio y de las autoridades constitucionales corresponde a las fuerzas armadas. Sin embargo, la legislación permite a los militares intervenir en una situación de conmoción interna o para apoyar a la policía en caso de que éste sea desbordado por los acontecimientos.

La semana pasada el Congreso avanzó otorgándole facultades para avanzar al Ejército. La decisión surgió después de que se produjera el considerado como "más sangriento ataque perpetrado el último sábado por el EPP, desde que apareció en la década del '90", matando a cinco guardias de una hacienda del norte de Paraguay e hiriendo a dos policías.

¿Conmoción simbólica, aumentada o real?

Como no sabemos si es el caso en que debe activarse a los militares para actuar fronteras adentro o si la medida del gobierno de Horacio Cartes, recién iniciado, es una exageración, y nos basamos para introducirnos al tema la experiencia en la materia -trágica, por cierto- que tiene el Cono Sur de América, lo hablamos con uno de los periodistas mejor informados en torno al tema en Paraguay, Andrés Colman Gutiérrez (@andrescolman).

También escritor y guinista, es autor de seis libros. Recibió el Premio Vladimir Herzog (Brasil, 1985) y el Premio Nacional de Periodismo Santiago Leguizamón (Paraguay, 2000). Presidente del Foro de Periodistas Paraguayos (FOPEP) y corresponsal en Paraguay de la organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF)

Colman trabaja en el diario Última Hora, en cuyo editorial del viernes puede leerse, con claridad: "En estas circunstancias de apremio político y de presión ciudadana, el Gobierno tiene sobre sí la grave responsabilidad de evitar caer en la fácil tentación de responder con actitudes meramente efectistas".

Pero es el periodista quien nos pone en contexto:

¿Hay consenso político para que los militares empiecen una “guerra” contra el EPP?

-  De parte de los principales partidos conservadores que hacen mayoría en el Parlamento, el Partido Colorado (en el Gobierno), el Partido Liberal y el Partido Unace hay apoyo pleno. Hay rechazo de los partidos de izquierda y centro izquierda con representación parlamentaria, Frente Guasu, Avanza País, Encuentro Nacional y Partido Democrático Progresista, pero son minoría. A nivel de sociedad, aunque no hubo aun una medición estadística, se percibe que hay una sensación de respaldo mayoritario a favor, pero también muchas voces discordantes en los sectores políticos y sociales progresistas, y especialmente en las organizaciones de derechos humanos, que consideran la modificación de la Ley de Defensa y Seguridad como una preocupante regresión hacia un sistema autoritario, que recuerda la época de la dictadura stronista. 

¿Tiene el EPP entidad y fuerza como para ser atacada con toda la fuerza del Estado paraguayo?                 

- El EPP es un grupo armado que hasta ahora no ha mostrado que disponga de un número grande de combatientes entrenados, al punto que pueda considerarse un ejército guerrillero, en condiciones de sostener un combate en igualdad de condiciones con las Fuerzas Armadas. Se sabe que el núcleo inicial lo formaron unos 20 hombres y mujeres, que empezaron su entrenamiento en 2004, con asesoramiento de las FARC y se estima que su crecimiento involucra a otras dos columnas armadas, que no totalizarían más de 50 o 60 combatientes. Sus acciones, hasta ahora, se han visto restringidas a un área de no más de 300 kilómetros a la redonda, que comprende el norte del Departamento de San Pedro y el Sur de Concepción, y sus ataques se producen a comisarias, puestos policiales y establecimientos agroganaderos en zonas aisladas, generalmente con escasa protección.

¿Este movimiento representa un problema real en la vida cotidiana de los paraguayos?

- Por el alto impacto mediático de sus acciones, sí representa una amenaza a la seguridad interna y han sido un factor de desestabilización para los últimos cuatro gobiernos, incluyendo al actual. En su zona de influencia constituyen un elemento de zozobra para productores agroganaderos, ya que imponen "leyes revolucionarias" que prohíben realizar desmontes y utilizar productos agroquímicos en los cultivos extensivos, y castigan con la destrucción de establecimientos y maquinarias, incluyendo el asesinato, a quienes desobedecen. Además exigen el pago de un "impuesto revolucionario" y ya han realizado varios secuestros. Los pobladores más humildes también se ven afectados por el clima de inseguridad que generan tanto los ataques del EPP como los operativos de las fuerzas policiales y militares en su persecución.

¿Por qué se habla en simultáneo, como si se tratara de la misma cosa, de “inseguridad” ciudadana y de la guerrilla y se recurre para enfrentar ambos problemas a los militares y no a fuerzas especializadas y puntuales?

- Los pocos grupos comandos que se formaron dentro de las fuerzas policiales, en los últimos años, no han demostrado ninguna eficacia en la lucha contra el EPP, y existe una percepción de que fracasaron. Es lo que instaló la idea de que las Fuerzas Armadas podrían cumplir mejor esta tarea.

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Extra: La historia del EPP, por Andrés Colman Gutiérrez

"El BNF de Choré se salvó de una gavilla de topos", rezaba el título de una noticia publicada en la página 86 del diario Última Hora, en su edición del martes 16 de diciembre de 1997, enviada por el entonces corresponsal en San Pedro, Cristino Peralta, desde la ciudad de Choré, a 230 kilómetros al norte de Asunción.

La información pasaba casi desapercibida entre las muchas noticias y narraba que agentes de la Policía habían logrado "desarticular una banda de asaltantes, que tenían por objetivo robar dentro de la sucursal del Banco Nacional de Fomento de Choré".

Habían alquilado una vivienda frente al local del banco, por un millón de guaraníes. "Dentro de una de las habitaciones, comenzaron a cavar un túnel que ya estaba llegando a la muralla que rodea al edificio bancario", decía el reporte periodístico.

Detuvieron a una mujer, Carmen María Villalba Ayala, de 26 años, y a Alcides Omar Oviedo Brítez, Gustavo Lezcano, Lucio Silva y Pedro Maciel Cardozo. Antes habían capturado en las afueras del pueblo a Gilberto Chamil Setrini, cuando transportaba en auto las bolsas con tierra extraída del pozo.

 "En la vivienda se encontró todo un arsenal. Se cuentan dos pistolas 9 milímetros, con 24 cartuchos; una escopeta Winchester calibre 12, con 50 cartuchos, además de pelucas, extractores de aire y luz a batería", agregaba, con el dato de que ese fin de semana el Banco iba a recibir 700 millones de guaraníes para pagar sueldo a jubilados, excombatientes y maestros.

Luego se pudo precisar que el túnel cavado ya tenía 60 metros de largo, 1,75 de diámetro, con caños conectados a un extractor de aire y reflectores. "Una verdadera obra de ingeniería, algo que hasta ahora no habíamos visto", lo definió el comisario de Choré, Álvaro Ramírez.

Ni el corresponsal, ni los policías, sabían entonces que los detenidos no eran parte de una banda de asaltantes comunes, sino de una pretendida organización guerrillera clandestina que comenzó a formarse cinco años antes, en una reunión secreta en Asunción, y que con aquel frustrado primer golpe buscaban recaudar fondos "para financiar la lucha armada".

Hacé clic en la imagen para seguir leyendo la historia:

La primera noticia sobre el grupo armado en Última Hora, en 1997.