El lado B de las plataformas en Mendoza: Entre la inseguridad, el algoritmo y el silencio
La movilidad en Mendoza atraviesa un momento crítico. Lo que nació como una solución tecnológica de vanguardia, hoy muestra fisuras profundas que afectan directamente a quienes sostienen el sistema: los conductores.
El lado B de las plataformas en Mendoza: Entre la inseguridad, el algoritmo y el silencio.
Rodrigo D'Angelo / MDZLa movilidad en Mendoza atraviesa un momento crítico. Lo que nació como una solución tecnológica de vanguardia, hoy muestra fisuras profundas que afectan directamente a quienes sostienen el sistema: los conductores.
Detrás de la aplicación, existe una realidad de riesgos, desamparo institucional y fallas administrativas que exigen visibilidad urgente, pero que muchas veces quedan calladas por el desaliento o el temor.
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El dilema de la tasa de aceptación: ¿libertad o castigo?
El concepto de "ser tu propio jefe" se desmorona ante la rigidez de la Tasa de Aceptación. El sistema penaliza al conductor que decide no tomar un viaje, sin analizar los motivos. A menudo, se asignan puntos de partida excesivamente lejanos por tarifas irrisorias que no cubren ni el combustible.
En otras ocasiones, el conductor, conocedor de la calle, rechaza ingresar a zonas que aún no están catalogadas como "rojas" por la app pero que representan un peligro real. Esta presión algorítmica obliga a elegir entre la seguridad propia o el riesgo de un bloqueo de cuenta, transformando una herramienta de trabajo en un mecanismo de presión constante.
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Tarifas bajas y exposición al riesgo
Existe una correlación directa entre la caída del valor de los viajes y la seguridad. Al reducirse las tarifas para captar demanda, la operación se desplaza hacia sectores de alta vulnerabilidad.
El conductor se ve forzado a aceptar servicios en zonas de conflicto para mantener su nivel de ingresos, quedando expuesto a situaciones de inseguridad que las plataformas no mitigan con filtros de identidad reales ni validación obligatoria de pagos bancarizados en horarios críticos.
La burocracia y el "curro" de los turnos
A la complejidad del trabajo en calle se suma el laberinto administrativo. Las demoras excesivas para renovar permisos o habilitar vehículos han dado lugar a un mercado negro de turnos.
Gestores improvisados acaparan las citas disponibles para luego revenderlas a quienes necesitan trabajar con urgencia. Es inadmisible que el cumplimiento de la ley se convierta en un negocio para pocos ante la falta de un sistema de gestión estatal y privado más eficiente.
El muro del soporte y la barrera del miedo
Quizás el punto más doloroso es el silencio. Por un lado, la imposibilidad de coordinar reuniones —siquiera virtuales— con directivos para plantear problemáticas que el soporte digital ignora. Por el otro, la desazón del propio sector. Muchos conductores, tras años de golpear puertas sin respuesta, han bajado los brazos asumiendo que "ya nada se puede hacer". Peor aún, existe un grupo significativo que, aun estando de acuerdo con estos reclamos, se mantiene al margen por un temor legítimo: que la exposición pública derive en represalias o bloqueos arbitrarios de sus cuentas de trabajo.
El sistema de transporte digital en Mendoza necesita una actualización humana. No se trata solo de tecnología, sino de personas. Es imperativo que las autoridades y las empresas reconozcan que el éxito del modelo depende de la sostenibilidad económica y la integridad física de los conductores. Esta columna no es solo una queja; es una invitación al diálogo y a vencer el miedo para diseñar un servicio que sea justo para el que viaja, pero también para el que maneja.
*El autor es referente de "Socios Conductores de Mendoza".